martes, 24 de abril de 2012

Cronicas de Avalon - Emilio Carrillo



Crónicas de Ávalon


1. Llegada a la Isla de Cristal 

2. Ritmo de Vida 

3. Merlín 

4. Iapetus y Nibiru 

5. Viaje al centro Galáctico y a mi interior

6. Fanum 

7. Vamos a contar mentiras 

8. Práctica del ahora 

9. Ho´oponopono

10. Campos morfogenéticos

11. Dimensionis 

12. El Principio Holográfico 

13.  El Gran Teatro del Mundo

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CRÓNICAS DE ÁVALON : 


Llegada a la Isla de Cristal

Busco la inspiración para estas líneas oteando por el amplio ventanal que configura una de las cuatro paredes, de idéntico tamaño, que conforman mi habitación, orientada al este y situada en la planta más alta y noble del castillo de la Reina de las Tempestades. Contemplo el despertar de la mañana y al Sol enamorándola con sus refulgentes atractivos. La Luna se resiste a salir del escenario celeste y observa impasible estos devaneos matutinos, como pensando para sus adentros “¡todos los días lo mismo!”. Al fondo, la inmensidad del Océano Atlántico parece embravecerse cuanto más me concentro en su azul intenso. Y cercano, al alcance de la mano, se abre en extensión el multicolor paisaje de Ávalon, la isla en la que me dispongo a disfrutar de unas prolongadas vacaciones, ¡medio año sabático!, gracias a la invitación de Nimue.

Sobre el variado verdor de las lomas, que se suceden de forma raramente armónica hasta perderse en el horizonte, destaca la bella estampa de los manzanos, que en enorme número dan aquí durante todo el año sabrosas frutas. Nimue las llama “abal”, aunque sus dos mejores amigas, las también hadas Elaine y Igraine, prefieren denominarlas “aval” -remarcando la “v”- y “afal” -pronunciando la “f” entre “f” y “v”-, respectivamente. Según me explican, estas diferencias fonéticas obedecen al distinto origen geográfico, cultural e idiomático de cada una de ellas, pues Nimue nació en una ciudadela celta de Finisterre, muy próxima al lugar donde la conocí hace algunos años, Elaine en la Bretaña francesa e Igraine en las costas de Gales. En lo que sí coinciden las tres es en que el nombre de la isla deriva precisamente del otorgado a la fruta y no, como a veces se oye, de la palabra celta “Annawyn” (o “Annauvin”), que significa literalmente “Reino de Hadas”, por mas que aquí vivan las tres citadas junto a otras seis reinas hadas más.

Hace ya unos días que llegue a Ávalon, no me pregunten exactamente cómo. Pero hasta ahora no había tenido un rato de sosiego en el que encender el portátil y meditar como más me gusta: vaciando mi mente de pensamientos en la medida en que me vuelco mi Ser en el teclado del ordenador. Sé que soy un privilegiado al poder residir durante unos meses en esta isla, vedada rotundamente a foráneos y escondida a extraños con un mágico velo que simula una densa bruma, curioso disfraz para una tierra tan llena de brillo. Por ello, tengo la intención de redactar y distribuir entre l@s amig@s una especie de crónicas, así las llamare, Crónicas de Ávalon, de lo que aquí vea y experimente. Es lo menos que puedo hacer en solidaridad con quienes no comparten mi suerte. Y, en esta primera entrega, he de contar lo más excitante que me ha acontecido hasta ahora: el encuentro con Morgana, la mayor de las mencionadas nueve reinas hadas.

Nimue, para que no me dejara engañar por las mentiras que se cuentan sobre Morgana –personificación, según algunos, del mal, el odio y la venganza-, me había hablado tanto de ella que creía que ya la conocía sobradamente. ¡Qué ingenuidad!. Estaba en aviso acerca de su belleza ardiente y el deseo, la tentación y la pasión que enciende, pero la realidad de Morgana supera cualquier expectativa. Su cara, moldeada con luz incolora; sus gestos, expresión del equilibrio mismo; sus palabras, precisas y cargadas de plenitud; su porte, ángel de fuego; su risa, imán de alegría; su aura, explosión cósmica; y sus lágrimas, cascada de amor. Sí, sus lágrimas, que la asaltan en cuanto empieza a hablar de su hermanastro Arturo, el célebre y mítico rey, cuyo cuerpo fenecido reposa desde hace quince siglos en una holgada cama dorada ubicada en medio de la Sala del Trono del castillo palaciego que Morgana, ella sola, habita: Arturo quedó moribundo en la Batalla de Camlann, en el año 537; y casi muerto fue traído a Ávalon en un navío pilotado por la propia Morgana, a la que Nimue, La Reina de Gales del Norte y la Reinade las Tierras Baldías acompañaron en tan triste travesía

Para que la conociera, Nimue convenció a Morgana de que organizara una cena para un puñado de comensales y me incluyera entre los invitados. Al terminar la sobremesa, me adentré en el Salón del Trono y me dirigí al lecho donde yace Arturo. Al acercarme, quedé paralizado por una fuerza invisible que me impedía continuar mi aproximación. Desde la distancia que me vi forzado a respetar, contemplé el cuerpo de Arturo, incorrupto y hermoso a pesar de las centurias transcurridas desde su fallecimiento. En un momento dado, Morgana se situó a mi espalda para tomarme luego de la mano y alejarme a un rincón de la estancia, lejos del resto de contertulios. Me ofreció asiento en un confortable sillón, a la par que ella se dejaba caer en otro contiguo. Y, clavando sus ojos en los míos, me dijo:

-Querido Emilio, en tu entrecejo es muy visible el Tercer Ojo, que me indica que eres una persona en la que se puede confiar. Y antes de que te enteres por terceros, prefiero contártelo yo-.

-A que te refieres, Morgana-, le pregunté sorprendido.

-A mi hermanastro Arturo y a su enfrentamiento con Mordred, que llevó a la muerte a los dos-, afirmó con visible dolor.

-¿Mordred?-, musité.

-¿Nimue no te ha contado nada?-, me inquirió a la par que cruzaba las manos sobre su regazo.

-No, Morgana, nada en absoluto-, le contesté tranquilo, pues era la verdad.

-Lo debí suponer, dada su discreción. Mejor así, que lo sepas por mí-.

Y tras unos segundos de silencio y respiración profunda, prosiguió:

-Lady Igraine fue madre de Arturo y mía. De su primer matrimonio, con Gorlois, duque de Cornualles, nací yo. Y Arturo de sus segundas nupcias, con Uther Pendragon. Nunca nos encontramos antes de ser jóvenes. Y cuando lo hicimos, no nos reconocimos como hermanastros e, increíblemente, nos enamoramos. Apasionadamente, Emilio, locamente…-.

Aunque calló, no pude articular palabra y me limité a hundirme un poco más en mi asiento. Afortunadamente, pronto continuó:

-De nuestro amor nació un lindo bebe, al que pusimos como nombre Mordred. Pero cuando Arturo se dio cuenta de que éramos hermanos y nuestro hijo fruto del incesto, perdió la cabeza y quiso asesinarlo-.

-¡Cielos!-, exclamé sin poderlo evitar.

-Como madre, Emilio, no podía consentirlo y puse al pequeño a salvo, en los dominios de mi hermana Morgause. Sin embargo, Arturo era ya otra persona, nada que ver con el hombre honesto y generoso del que me enamoré. Inmerso en la demencia, mutó en Herodes y promulgó un bando ordenando que todos los niños que hubieran nacido por esa época fueran abandonados en una barca a merced del océano. Muchos inocentes perecieron por tan vil decisión. Aunque, protegido por su tía, Mordred logró sobrevivir. Y, ya de adulto, Morgause lo envío de retorno a la corte de Arturo para que ejerciera sus derechos reales.

-Y Arturo, ¿qué hizo?-, pregunté con el corazón dándome brincos ante la sinceridad de Morgana y la confianza que mostraba a pesar de acabarme de conocer.

-Nunca lo reconoció ni como hijo ni, mucho menos, como sucesor. Y cuando la confrontación entre Arturo y su caballero Lanzarote, a causa de los amores de Ginebra, debilitó al reino, Mordred aprovechó para proclamarse soberano. Lo que provocó la contienda entre sus partidarios y los de Arturo. ¡Padre e hijo en guerra abierta!. Por fin, en la Batalla de Camlann, Arturo mató a Mordred, aunque él también quedó herido de muerte-.

-Fue entonces cuando lo trajiste a Ávalon-, apostillé.

-Efectivamente. Y aquí falleció poco después. Desde entonces he custodiado y cuidado de su cuerpo esperando el día en que su alma asuma el reto de encarnarse en un nacido en Ávalon. Esa será la señal de que, en la cadena de vidas que constituye nuestra verdadera existencia, estará ya preparada para afrontar las asignaturas de índole espiritual que dejó pendiente cuando encarnó cual rey. Y yo estaré aquí para ayudarla y, a la vez, atar los cabos existenciales que, igualmente, tengo por cerrar-.

Llegados a este punto de la conversación, Morgana se levantó con lentitud y, sin mediar más palabras, puso el dedo índice de su mano izquierda sobre mis labios, me beso en el entrecejo y se alejó.

De retorno al castillo de la Reina de las Tempestades, Nimue me acompañó en silencio. Era consciente de que Morgana me había abierto su corazón. E intuía el efecto que ello había causado en el mío.

Aquella noche no quería dormir, sino refugiarme en el sueño. Pero me costó. No obstante, me levanté, como acostumbro, al amanecer y con una idea clara que emanaba pletórica y entusiasta de mi interior: si había llegado a Ávalon con unas ganas inmensas de acumular experiencias y conocimientos, ahora sabía que en la isla me aguardaba algo más trascendente. Exactamente aquello que Nimue me había anunciado al invitarme, pero entonces no entendí:

-En la isla tendrás la oportunidad de pasar al otro lado del espejo. En libertad, Emilio, siempre conforme a tu voluntad y en libre albedrío, en Ávalon podrás cruzar al otro lado del espejo. Es por eso que también la llamamos Ynys Witrin, es decir, la Islade Cristal-.


Ritmo de vida

Esclarece. El Sol empuja la maitinada. Por el ventanal de mi habitación siento su energía y la de la excitación de la Naturaleza por la alborada. Al repasar la agenda, una nota en ella me recuerda que me corresponde escribiros la segunda Crónica desde Ávalon. Lo que quiere decir, a su vez, que son 30 los días que suma mi estancia en esta singular tierra. ¿Treinta ya?, ¡imposible!, me digo a mí mismo. Pero repaso el calendario y confirmo la veracidad de lo que la agenda reseña, por más que mi percepción íntima me condujera a pensar que son bastante menos las fechas en las que llevo disfrutando de la hospitalidad de los pobladores de la isla, en general, y de la Reina de las Tempestades y su castillo, en particular.

En un primer momento, he responsabilizado de tal discordancia entre percepción y realidad a la distinta forma de medir el tiempo que se usa en Ávalon. Verán. Como nosotros, sus habitantes utilizan cual parámetro de referencia el intervalo entre dos pasos sucesivos del Sol tanto por el mismo meridiano –un día, que llaman “Dywrnad”- como por el equinoccio medio (por ejemplo, de primavera a primavera) –un año trópico (365,24 días), que denominan “Flwdad”–. Pero, por lo demás, su cuenta del tiempo es muy distinta al no emplear ni el segundo, ni el minuto, ni la hora, ni las semanas, ni los meses.

Al “Dywrnad” lo dividen en 3 periodos iguales o “Wymrod” (puede ser traducido como “dedicación”), equivalente cada uno a 8 horas nuestras: el “Wymrod-Gwed” (“dedicación al descanso”), que abarca la noche cerrada y el amanecer e incluye dos tiempos de meditación personal, al comienzo y al final del periodo, así como el desayuno; el “Wymrod-Kajer” (“dedicación al Amor”), que sucede al anterior y en el que se realizan trabajos al servicio a la comunidad conforme a la vocación y talentos particulares (cuenta con una interrupción para la comida); y el “Wymrod-Agos” (“dedicación íntima”), que ocupa la tercera y última parte del día y se centra en el recogimiento interior, el silencio, la lectura e, igualmente, el encuentro con los demás (se produce en torno a la cena) para compartir tanto reflexiones y experiencias como juegos, divertimentos y expresiones artísticas individuales y grupales.

A su vez, cada “Wymrod” se reparte en 4 “gustynt” (“soplo de viento”), compuesto cada uno por 1560 “hanadles”. Éste término significa “respiraciones” y tal cifra es, de hecho, las veces que un ser humano normal y en estado sereno reproduce el ciclo inspiración-expiración a lo largo de un “gustynt”, esto es, durante dos horas.

Y, por fin, 91,3 “Dywrnad” configuran cada una de las cuatro “Tymrau” (“estaciones”) del “Flwdad”, empezando a contar cada nueva fase anual en coincidencia con el solsticio de invierno, fecha que, metafóricamente, identifican con el Nacimiento del Sol.

En resumen, esta es la escala de tiempo usada en Ávalon:

+Unidad base: 1 “hanadles” (respiración), 5,62 segundos nuestros.

+1560 “hanadles”: 1 “gustynt” (soplo de viento), 2 horas.

+4 “gustynt”: 1 “Wymrod” (dedicación), 8 horas.

+3 “Wymrod”: 1 “Dywrnad” (día), 24 horas.

+91,3 “Dywrnad”: 1 “Tymrau”, cada una de las estaciones del año.

+4 “Tymrau”: 1 “Flwdad” (año) (365,24 “Dywrnad” o días).

Por mi propia vivencia, puedo asegurar que esta forma de medir el tiempo, quizá por tener su soporte primigenio en el lapso de la respiración, provoca la sensación de su mayor duración, razón por la que no es de extrañar que achacara a ello la aludida discordancia. Sin embargo, recapacitando sobre el asunto, he desembocado en una conclusión que ahora que la escribo me resulta obvia: la escala enunciada no es la causa, sino la consecuencia del ritmo de vida que se sigue en Ávalon. Un ritmo bastante más sosegado y lento (empleando el calificativo de modo no peyorativo, sino descriptivo) del habitual en nuestra sociedad.

Esta conclusión me ha hecho rememorar una de las primeras conversaciones que mantuve con Nimue, no mucho después de conocerla. Fue una apacible tarde de otoño, en un pequeño y oculto recoveco de uno de los acantilados que se agrupan en torno al cabo de Finisterre. En soledad, esperábamos codo con codo la puesta de Sol. Nimue, a propósito de un comentario mío acerca de la paz que impregnaba la ocasión y nos llenaba a nosotros mismos, me dijo con la agudeza que la caracteriza:

-La civilización, Emilio, a la que perteneces y la visión que la domina ensalzan el exceso como ninguna otra cultura lo había hecho antes. Por lo que hemos hablado y por lo que sin necesidad de palabras de ti se desprende, sé que eres plenamente consciente de ello. Pero la mayoría de tus congéneres están cegados por una visión productivista, consumista, vacía de valores y antagónica a cualquier percepción trascendente y espiritual de vuestro ser. Es más, como si fuera lo más normal, en torno al exceso habéis configurado una retórica, algunos pretenden que hasta una épica, amplificada por la publicidad y los medios de comunicación. El exceso –sea en acumular riqueza, o en ganar medallas olímpicas- se ha elevado prácticamente a la categoría de heroicidad. Y los periódicos y los informativos, por ejemplo, no destacan el quehacer de los verdaderos héroes –que hay muchos, multitud de hombres y mujeres, por todo el planeta y en los más diversos contextos- sino el “éxito” del “triunfador”, que suele ser un señor o señora que aporta mucho a sí mismo y casi nada a los demás-.

Lejos de sentirme herido por esta crítica a nuestro mundo, me identifiqué absolutamente con ella. Es más, apliqué al caso los años que he dedicado al estudio de la Economía:

-Tienes toda la razón, Nimue. Y el sistema económico tiene mucho que ver con lo que señalas. La Economía-Mundo lo contamina todo con su aroma mercantilista y sus reglas del comercio sin alma: poco importa el verdadero valor de las cosas –su valor intrínseco o de uso- y todo se reduce a su precio –su valor de cambio y, a menudo, especulativo-. Es una auténtica subversión del orden natural de valores-.

-Pero no te quedes ahí-, me interrumpió. –Lo más grave es que para conseguir que las personas asuman tal subversión, se promueve un modelo de vida que mira siempre al mañana, a lo que pueda deparar el futuro, jamás al presente. El objetivo es claro: que al colocar la mirada en un futuro virtual y frecuentemente quimérico, no observéis la realidad tal cual es. Todo os alienta a plantearos constantemente metas y retos para el mañana, sin capacidad de crítica, sin saber de verdad si son vuestros o impuestos por otros, sin miraros nunca al espejo del hoy, de lo real. Igualmente, se os anima a transgredir límites y fronteras en un contexto de culto a la velocidad. Y a esto se le llama disfrutar la vida. A costa de lo que sea, incluso de vosotros mismos y vuestra auténtica identidad; y sin conocer por qué y para qué-.

-Efectivamente-, ahora fui yo el que corté su exposición. -De este modo, se nos llena la mente de ruido, del ajetreo incesante provocado por un mundo “en progreso”, “en avance”, aunque nadie sepa bien hacia dónde. Todo vale, en definitiva, con tal de que no tengamos la mente limpia, quieta, que es lo que nos permitiría conectar con nuestra dimensión profunda, nuestro Yo Verdadero-.

Apartando un momento mi atención del horizonte, giré la cabeza y contemplé la corta melena trigueña de Nimue, que daba la sensación de querer volar siguiendo los impulsos del viento que nos regalaba en abundancia el océano. Estaba a punto de acariciar sus cabellos, que asemejaban finos hilos dorados empeñados en jugar entre sí, cuando torció hacia mí su torso para continuar la conversación:

-Y casi nadie se sorprende por tanto dislate, aunque, paradójicamente, os escandalicéis cotidianamente ante los nocivos efectos e impactos, individuales y colectivos, de tanta proclama aparentemente rompedora. Os habéis acostumbrado al cómodo ejercicio de seguir la corriente, transitando por la vía rápida de los extremos y renunciando a lo que Aristóteles definió y defendió como el “justo medio”, “in media virtus”, lugar de excelencia, según él, para la ética y la razón. De esta forma, el equilibrio está quedando fuera del alcance de cada persona y de vuestra sociedad-.

-“In media virtus”- repetí mecánicamente, a la par que veía como al Astro Rey le faltaba poco para zambullirse en las aguas atlánticas.

-En última instancia, la elección no es entre felicidad o no-, afirmó Nimue acelerando sus palabras, como si quisiera completar sus razonamientos antes de que el Sol se despidiera hasta mañana. -Todo el mundo, sin excepción, quiere ser feliz. La clave radica en lo que se entiende por felicidad. Y aquí sí que hay que optar: entre un modelo de felicidad ajeno a nosotros, impuesto, como os pasa a vosotros, por la visión y sistema dominantes; y la felicidad tal como la vemos y percibimos honesta, sincera y conscientemente desde nuestro interior. La experiencia de los triunfadores, de los rompedores y de los se aplican un modelo de felicidad ajeno a ellos mismos indica con rotundidad lo que espera al final de ese camino: frustración, insatisfacción, nostalgia sin objeto, estrés, depresión, vacío. Y la de los que han optado por el “in media virtus” también es contundente: felicidad equilibrada, duradera, armoniosa y hasta contagiosa-.

-Y aunque es difícil transitar por el sendero del medio cuando la sociedad nos impone un ritmo frenético-, dije con convicción, -son muchas las personas que se han percatado del desatino y comienzan a intentarlo. Yo también lo procuro cada día-.

La plenitud del ocaso nos absorbió. Nimue tomó mis manos y las acurrucó entre las suyas. El Sol se sumergió en el horizonte incendiándolo con tal vigor que parecía que todo el océano no sería suficiente para apagar el fuego que había provocado. El espectáculo sobrecogía por su belleza. Y sus influjos energéticos nos mantuvieron en silencio un buen rato, hasta que comenzó a bajar el telón de las estrellas. En aquellos instantes me sentí radicalmente libre, incorpóreo. Con la mente callada, sin pensamiento alguno. Gozando por existir, ni más ni menos. Sin nada que enturbiara la simple y honda sensación de Ser. Soy y soy por siempre: esto era lo único que emanaba de mi interior. Pero no en forma de ideas o conceptos, sino como luz. Una luz que brotaba de mi pecho, me rodeaba de los pies a la cabeza y se lanzaba a continuación hacia cuanto me rodeaba. ¿También hacia Nimue?. La busqué con la mirada. Y aquella fue la primera vez que asistí a lo que le sucede a las hadas cuando contemplan la puesta de Sol.

Nimue tardó en recuperar su configuración física. Sus ojos de verde aceituna fueron lo que antes se materializó en medio de la gran bola de luz, esplendorosamente blanca, en la que se había transformado. Posteriormente, sin prisa alguna, todo su cuerpo fue reapareciendo. Trozo a trozo, trazo a trazo, como si su hermosa estampa fuera surgiendo del pincel tocado al óleo de un invisible e inspirado pintor. Completada la obra, como si tal cosa, me sonrío. Y, sonrojada por haber desnudado su esencia en mi presencia, retomó la conversación que habíamos dejado atrás:

-Algún día tienes que venir conmigo a Ávalon. Comprobarás que es perfectamente posible vivir con un ritmo de vida distinto. En la isla prima la moderación y el sentido común en la delimitación y cobertura de nuestras necesidades; se paladean las pequeñas cosas y los detalles, con alto valor de uso, pero bajo valor de cambio; se buscan y hallan espacios para el encuentro interior y experiencias de silencio; se constata que la transformación interior es la llave del cambio social y que se precisan ojos nuevos para lograr un mundo nuevo; se incrementa el compromiso con la Naturaleza y la Madre Tierra, nuestro gran hogar; y se disfruta por compartir con los demás y practicar el Amor Incondicional, incluso hacia el que en un momento dado nos hace daño. Sabemos, Emilio, que el Amor contra Resistencia es la gran enseñanza que nos corresponde en un planeta, autentico ser consciente, que se ha vestido de dualismos para propiciar nuestro aprendizaje, para que unamos el polo positivo con el negativo y la luz se haga en nosotros, iluminando, a la par, la Creación-.

Tienes que venir conmigo a Ávalon. Aquellas palabras me parecieron entonces puramente protocolarias, pues no podía imaginar que la isla me abriera sus secretos. No sabía que un hada no entiende de protocolos ni de cumplimientos. Así que ya estoy en Ávalon. Y he podido comprobar de primera mano que lo revelado por Nimue es una magnífica realidad. Se saborea aquí la espera de las cosas, disfrutando del momento cuando llegan. Y se práctica una arte casi desconocido ya en nuestra civilización: el arte de no hacer nada, que abre la puerta al silencio, la meditación y el crecimiento interior. Para nosotros, no hacer nada es sinónimo de falta de referencias, lo que provoca nerviosismo, pánico al vacío y urgencia por encontrar algo que hacer. En lugar de no pensar, permitiendo que nuestra dimensión interior inspire la mente, o de concentrarnos en una idea para que madure en nuestra inteligencia, nos hemos convertidos en adictos al pensamiento rápido y, por tanto, superficial y fácilmente manipulable por terceros y por influencias externas. En Ávalon, sin embargo, la gente se concentra en no hacer nada. Y he constado con ellos que, aunque parezca increíble para nuestra mentalidad, es entonces cuando más cosas se hacen, aunque pertenecen a otra dimensión: la del Amor.

Ciertamente, no es preciso ser un genio para percatarse que hacer las cosas más despacio significa hacerlas mejor. Y ofrece la oportunidad de gozar con la acción de hacerlas, lo que se sitúa estrictamente en el presente, y no con los teóricos resultados de la acción, que pertenecen al ámbito de lo futurible, de lo que está por venir. Un futuro al que nos lanzamos aceleradamente para ni siquiera ser muy conscientes de cuando llegamos a él. Todo mejora, hasta la salud, cuando se prescinde del apresuramiento.

La Reina de las Tempestades me lo resumió muy bien en uno de los desayunos con los que me agasaja desde mi llegada y compartimos cada mañana:



-Las palabras “rápido” y “lento” representan dos filosofías de vida muy distintas. Rápido equivale a atareado, controlador, agresivo, apresurado, superficial, estresado e impaciente, es decir, todo aquello en lo que la cantidad prima sobre la calidad. En cambio, lento está asociado a sereno, cuidadoso, receptivo, silencioso, intuitivo, pausado, paciente y reflexivo, esto, es, donde la calidad prevalece sobre la cantidad. Por ello, la filosofía de vida de la lentitud puede resumirse en dos cualidades: equilibrio interior y armonía exterior. Esta es la filosofía y el ritmo de vida que rigen en Ávalon-.

Tal sería mi cara de sorpresa ante tan efusivo elogio de la lentitud que, de inmediato, me preguntó:

-¿Qué te aconsejo hacer para introducirte en el ritmo aquí vigente y tan extraño en tu sociedad?. Pues, ante todo, sé coherente: cuando se trata de ir más despacio, no se pueden tener prisas, por lo que conviene comenzar poco a poco. Por ejemplo, es aconsejable empezar con algunas prácticas de “salida del tiempo”, es decir, actividades como la meditación, el silencio interior o, incluso, sentarse en un lugar público o pasear plácidamente observando lo que nos rodea. Igualmente, aplicar la pausa y el sosiego a la hora de comer, de leer,... hasta para hacer el amor-.

Me ruboricé ante este comentario, pues no pude evitar recordar los ejercicios de sexo tántrico en los que Nimue me venía aleccionando con pericia. Seguro que mi cambio de color no pasó desapercibido para la Reina de las Tempestades, que, por otra parte, debía estar perfectamente al tanto de que Nimue pasaba con frecuencia la noche en mi habitación y, por tanto, en su castillo. No obstante, prosiguió como si tal cosa para finiquitar sus consejos:

-Si un pequeño acto lento te hace sentirte bien, pasa paulatinamente a lo importante, hasta llegar al punto de replantear tu agenda cotidiana de “actividades múltiples y veloces”. !Ah!: Y no te dejes embaucar por la falsa sensación que trasmiten las noticias negativas. No permitas que te arrastren a la oscuridad y la tensión. Si es preciso, elimina de tu vida las fuentes que insisten en divulgar las mismas. En el planeta y en tu cotidianeidad ocurren muchísimas más cosas positivas que negativas. Concéntrate en las positivas para aumentar su impacto en tu interior y en el mundo exterior. Te harás un favor a ti mismo y también a la Madre Tierra-.

Desde entonces, vengo aplicando estas sencillas recetas y me he dejado contagiar por el ritmo pausado que impera en la isla. Y ello me ha permitido experimentar algo aún más trascendente: que tal ritmo conduce directamente a vivir en el presente, en el ahora, comprobando que es el único sitio donde la vida realmente existe. Pero sobre ello os escribiré en otraCrónica. Sobre todo porque Nimue me ha anunciado que próximamente nos visitará Merlín, todo un maestro, me asegura, en la práctica del ahora.


3. MERLÍN

Como adelanté en la anterior Crónica de Ávalon, hace un par de semanas conocí a Merlín, que arribó a la isla para efectuar su anunciada visita. No la pisaba desde hacía tiempo, aunque ahora parece dispuesto a permanecer en ella durante varios meses. Para mi suerte, se ha hospedado en el mismo castillo, el de la Reina de las Tempestades, que a mi me acoge, aunque su habitación se ubica en otra ala del recinto, en una zona prácticamente soterrada.

Varios Dywrnad antes de que se produjera mi primer encuentro con él, Morgana fue la encargada de ponerme en antecedentes sobre tan singular personaje. Con un clima fresco y melancólicamente nuboso, habíamos quedado al poco de comenzar el Wymrod-Agos para dar un paseo por la serpenteante senda que atraviesa la pradera de manzanos más próxima a su residencia. Morgana lucía una especie de delantal, con un gran bolsillo en medio en el que ir alojando los frutos y plantas que preveía recolectar aprovechando la caminata.

-Con Merlín no sólo se aprende, sino que, además, es muy simpático y tremendamente jocoso- fue lo primero que me dijo. –Y con gran corazón. Me ayudó a superar la muerte de Arturo y fue idea suya la de alojar el cuerpo incorrupto de mi hermanastro en la Sala del Trono. Él se encargó de todo, incluida la generación del campo de fuerza que lo protege-.

-Perdona, Morgana, si te molesta mi observación-, la interrumpí, -pero, desde que Nimue me informó de su próxima venida, he estado leyendo sobre Merlín en distintos blogs y webs. Y son numerosos los que subrayan que tú y él mantenéis una rivalidad rayana en la enemistad-.

-¡Ja, ja ja!-, se río de forma franca. –Quizá, Emilio, tuvimos nuestros roces al principio. No en balde, fue Merlín quien advirtió a Arturo de que éramos hermanastros, aconsejándole por ello que pusiera fin a nuestra historia de amor. Pero esto no fue sino el preámbulo de una buena relación personal, que ha ido echando raíces con el transcurrir de los siglos. Hoy somos magníficos amigos y siento por él una enorme admiración y un profundo cariño-.

-No me extraña-, le comenté sin ocultar mi satisfacción por lo que había oído. -Por Internet circulan abundantes bulos y falacias sobre los temas más variados. Tendemos a otorgar veracidad a todo lo que encontramos y leemos en la Red, pero normalmente sabemos poco o nada acerca de sus fuentes-.

-La mejor fuente de sabiduría se halla en el interior de uno mismo. En tu sociedad, tanto más racionalista cuanto más ignorante, se ha olvidado una verdad tan notable y sencilla. La meditación, el silencio y el recogimiento son espléndidas fuentes de conocimiento, las mejores posibles. Y la inspiración y la intuición, sus plasmaciones más elaboradas-, afirmó mientras se detenía y estiraba su brazo derecho para alcanzar una abal especialmente hermosa que pendía en lo más alto de uno de los manzanos. –Y con relación a Merlín, te aconsejo que te acerques a él sin prejuicios. Comprobarás fácilmente el elevado rango consciencial y vibratorio de su alma. Y se abrirá a ti generosamente. Lo hace con todo el mundo y no serás una excepción-.

-Así lo haré, Morgana-, le aseguré, a la par que también yo cogía una rojiza abal que pedía a gritos ser degustada.

-No obstante, como mero adelanto de lo que sólo por él debes conocer-, me dijo con dulzura, -sí es conveniente que sepas que nació en Gales, en los últimos años del siglo V, cuando el Imperio romano se caía a trozos. Y que Merlín no es su nombre, sino su apelativo. Antiguamente, se otorgaba la categoría o título de “Merlín” a aquellas personas cuyos talentos les hacían destacar en la triple condición de magos, druidas (guías espirituales celtas) y bardos (poetas del pueblo y de su historia). Como ya dio prueba de ellos en su más tierna infancia, se le tildó cual Merlín desde muy joven, tanto como para que el epíteto sustituyera a su verdadero nombre-.

-Entonces, ¿cuál es?-, pregunté con curiosidad.

-Emrys Pendragon-, me contestó sabiendo perfectamente que no me pasaría inadvertida la trascendencia del dato.

-¿Pendragon?. ¿El mismo apellido que Arturo?- la interrogué expectante.

-Eso es, Emilio. Merlín es hijo bastardo de Aurelius Ambrosius Pendragon, hermano mayor de Uther, el padre de Arturo-, me respondió saboreando cada palabra.

-O sea, que Arturo y Merlín fueron primos hermanos-, la deducción era obvia, pero deseaba que Morgana me la confirmará.

-Exactamente-, aseveró aparentando seriedad, aunque bien sentía yo que se estaba regocijando interiormente al constatar la cadena de reacciones mentales que había provocado en mi cerebro.

-¿Hay algo más, Morgana, que deba saber sobre Merlín antes de encontrarme con él personalmente?-, le pregunté quizá algo molesto por la citada sensación, pero también agradecido por la información.

Morgana pareció pensárselo antes de contestar:

-Sólo dos cosas de las que has de ser consciente. Por un lado, de la colosal envergadura de sus poderes. Y, por otro, de una vetusta herida que aún sangra en su corazón. Sobre lo primero, lee la novela medieval Lanzarote y Ginebra. La escribió alguien que trató estrechamente a Merlín y la puedes localizar en la biblioteca de la Reina de las Tempestades. En cuanto a lo segundo, Nimue te dará detalles antes de que Merlín se presente en Ávalon-.

Al regresar al castillo en el que me alojo, me apresuré a buscar la novela en la biblioteca. Gracias a que está perfectamente ordenada y clasificada, la hallé sin dificultad. Aquella misma noche la devoré con fruición. De entre sus páginas, subrayé este párrafo relativo a Merlín y sus poderes: "Conocía la esencia de todas las cosas, su transformación y su renovación; el secreto del Sol y de la Luna, las leyes que rigen el curso de las estrellas en el firmamento; las imágenes mágicas de las nubes y el aire; los misterios del mar. Conocía los demonios que envían sueños bajo la Luna. Comprendía el grito áspero de la corneja, el volar cantarín de los cisnes, la resurrección del fénix. Podía interpretar el vuelo de los cuervos, el rumbo de los peces y las ideas ciegas de los hombres; y predecía todas las cosas que sucedían después".

Probablemente por el influjo de la novela, casi desapareció de mi memoria la referencia de Morgana a la antigua herida que todavía fluye en el corazón de Merlín. Pero como también ella había vaticinado, Nimue se encargó de recordármelo. Fue la noche antes de que Merlín apareciera en la isla. Habíamos pasado la tarde en su casa, una coqueta villa campestre ubicada en el sur de la isla. Tras cenar, disfrutábamos del calor de la chimenea que preside el salón principal. No sé como la conversación derivó en ello, pero en un momento dado Nimue me besó con fuerza e inició su confesión:

-Mañana conocerás a Merlín. Estoy convencida de que congeniaréis perfectamente. Es un ser de luz, como tú. No obstante, quizá al comienzo le cueste asumir tú relación conmigo-.

La miré sorprendido. Iba a decir algo, pero con gestos me pidió que no la interrumpiera:

-Cuando Merlín peinaba ya canas y las arrugas de su cara expresaban su ancianidad, conoció a una joven de la que se enamoró locamente. Hacia tiempo que pensaba que tal sentimiento era para él algo pasado y hasta superado, pero el amor de pasión lo desbordó. Era hija del Rey de Nothumberland y Merlín perdió la cabeza por ella. Y no dudó en alardear de sus saberes para que la admiración condujera a la chica a sus brazos. Así, comenzó a enseñarle todo tipo de encantamientos poderosos. Incluso le edificó un palacio en el fondo de una laguna y le dio el nombre de Dama del Lago-.

-La Dama del Lago…-, musite para mis adentros, rememorando que había leído algo al respecto.

-Vivieron juntos varios años. Pero la evolución espiritual de la joven y los poderes que aprendió de Merlín la transformaron en hada. Y, como tal, quiso gozar de independencia, rompiendo con él. Merlín cayó en una honda depresión y se retiró al bosque de Brocelianda, en Bretaña. Allí permaneció tres lustros en absoluta soledad, hasta que decidió volver al mundo sabiendo que no se había recuperado de aquel mal de amor y que quizá nunca lo lograría-.

-Es una historia triste, Nimue- afirmé conmovido, -pero, ¿qué tiene que ver con nosotros?-.

Nimue tomó mis mejillas entre sus manos y vertió sus ojos aceitunas en los míos:

-Esa mujer de la que Merlín se enamoró vehementemente y de la que aún sigue prendado… soy yo-.

Estas últimas palabras aún martilleaban en mi cabeza cuando a la mañana siguiente me presentaron a Merlín. Físicamente era tal como me lo había imaginado. De hecho, su imagen es muy similar a la que han divulgado de él tantas novelas y películas. Pero sí me sorprendió que de inmediato centrara su atención en mí. Hasta el punto de que, tras los saludos colectivos de rigor, me pasó su brazo derecho por encima de los hombros y me apartó del grupo de personas que nos habíamos congregado para darle la bienvenida:

-Morgana, la Reina de las Tempestades y Nimue me han hablado mucho y bien de ti, Emilio, cosa en ellas nada frecuente tratándose, como es tu caso, de un mortal-, dijo con parsimonia. –Me gustaría que fuésemos amigos. Sé que ya estás al tanto de mis sentimientos hacia Nimue. Pero los mismos, lejos de llevarme a confrontar contigo, me inclinan a brindarte mi amistad. Aunque me pese, mi historia de amor con Nimue finalizó hace largo tiempo y lo hizo para siempre. Soy plenamente consciente de ello. Y como la conozco, no dudo que debes ser una persona muy especial para que se haya enamorado de ti-.

Creo que notó que mis ojos se humedecían ligeramente por la emoción que sus palabras generaron en mi interior:

-Para mi sería un honor contarme entre tus amigos-, fue lo único que pude responderle.

-Pues manos a la obra-, apostilló acelerando su ritmo expresivo. –Si te apetece, como creo que nos alojamos en el mismo castillo, quedamos antes de la cena para comenzar a charlar-.

Y así fue. Nos encontramos en la biblioteca. No tenía ni idea de como enfocar la conversación. Pero sí sabía que quería tener a Merlín como Maestro durante el tiempo que coincidiéramos en la isla. Opté por permitir que las cosas fluyeran. Y lo hicieron con rapidez. Sentados en sillones contiguos al fondo de la sala, el coloquio pronto entró en unos derroteros en los que Merlín se movía con soltura:

-No debes creer, Emilio, que en el intercambio de reflexiones que estamos iniciando y que continuaremos durante los Dywrnad, espero que sean muchos, que compartamos en Ávalon, yo soy el que da y tú el que recibes. Normalmente, quien más recibe es el que teóricamente da, y viceversa. Es una ley cosmogónica que marca incluso la interacción entre el Creador yla Creación: somos lo que damos; lo que damos es lo que recibimos; lo que recibimos construye lo que somos; y vuelta a empezar en un momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve.

-Procuraré no olvidarlo, Merlín-. Me detuve unos segundos para mirarlo fijamente, pues quería que constatase que mis palabras no eran protocolarias. -Aunque te confieso que me costará trabajo interiorizar una relación de igualdad. Eres todo un Maestro. No te regalo los oídos; es la verdad. Experiencias y Sabiduría se acumulan en ti con plenitud y abundancia. Por superar, hasta has vencido a la muerte y tu vida transita por siglos-.

-¡Sí, ja, ja, ja…!-, se regocijó con estridencia, mientras daba pequeños golpes con sus manos en mis rodillas. –La inmortalidad llama mucho la atención a los mortales… hasta que comprendéis que, en realidad, también sois inmortales. La única diferencia es que mi alma, en su evolución consciencial y vibratoria, no cambia de cuerpo físico y la de cada uno de vosotros sí. Pero somos idénticos en todo lo demás, en lo auténticamente importante, en la hermosa trinidad que en cada uno de nosotros se hace unidad en armonía: cuerpo, alma y espíritu. Y éste nos unifica a todos, pues nuestro Ser profundo es realmente el mismo, el único, el Ser Uno-.

-Torpemente he escrito al respecto en un libro titulado Buscadores-, me atreví a apuntarle.

-Lo sé, Emilio. Morgana me lo envío cuando le mostré mi sorpresa porque hubiera abierto las puertas de Ávalon a un extraño-. Su semblante se hizo más serio. -Te reconozco que el aval hacia tu persona por parte de Nimue no me pareció motivo suficiente. Expuesto sin ningún tipo de resentimiento: ¡es parte interesada y su opinión es, por tanto, objetivamente subjetiva. ¿Me entiendes?. Pero a través de la lectura de tu texto pude observar tu interior. Me gustó lo que vi y comprendí a Morgana. Por eso te hablo en estos términos tan precisos y rotundos-.

-Te lo agradezco-, le dije con sincera gratitud.

-Nada hay que agradecer-. Su expresión se tornó de nuevo muy jovial. –Además, me apetece mucho hablar con un mortal. Es aburrido andar siempre entre tanta hada y tanto duende. ¡Ja, ja, ja!-. La carcajada volvió a ser estruendosa. –Y confesión por confesión: tu mundo me atrae cada vez más porque cada vez lo entiendo menos-.

-Pues me temo que en eso no podré serte de mucha ayuda-, le apostillé sin poder aguantar la risa, en la que de inmediato estallamos los dos.

Tras unos pocos hanadles, Merlín retomó la conversación:

-Estoy estupefacto, no te exagero, por el estado de volatilidad que ha alcanzado vuestra sociedad, sin valores sólidos, donde lo que eran nexos potentes se han convertido en lazos provisionales y frágiles; y en la que la incertidumbre, por la vertiginosa rapidez de los cambios, ha debilitado los vínculos humanos-.

-Tus palabras describen lo que algunos pensadores contemporáneos han denominado la “sociedad líquida”. ¿Has oído hablar al respecto?-.

Al negármelo con la cabeza, prolongué mi reflexión:

-Es un concepto no demasiado divulgado. Su origen se halla en las aportaciones del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Él es el autor de la llamada “modernidad líquida” y, por extensión, de la citada noción de “sociedad líquida”. Sus reflexiones y conclusiones son muy notables para entender los tiempos de cambio y de “red” en los que andamos metidos. Particularmente, para comprender este concepto, el de “red”, más allá de su transfondo tecnológico, ahondando en sus implicaciones en la sociedad contemporánea y la vida de la gente-.

-¿Podrías darme más detalles?-, me preguntó francamente interesado.

-Mira, Merlín, en el presente, la “sociedad” se ve y se trata como una “red”, en vez de como una “estructura”: la sociedad se percibe como una matriz de conexiones y desconexiones aleatorias y de un número esencialmente infinito de permutaciones posibles. Los vínculos humanos son cada vez más frágiles y se aceptan como provisionales. La exposición de los individuos a los caprichos del mercado laboral y de bienes premia las actitudes competitivas, al tiempo que degrada la colaboración y el trabajo en equipo al rango de estratagemas temporales que deben abandonarse o eliminarse una vez que se hayan agotado sus beneficios.

-De ahí el colapso del pensamiento, de la planificación y de la acción a largo plazo, junto a la desaparición o el debilitamiento de aquellas estructuras sociales que deberían pensar en esos términos-, puntualizó.

-Efectivamente-, continué. -La historia política y las vidas individuales se reducen a una serie de proyectos de corto alcance y de episodios que no se combinan de manera compatible con conceptos como “desarrollo” o “maduración”. Una vida tan fragmentada estimula orientaciones “laterales” antes que “verticales”. Los éxitos pretéritos no suponen mayor probabilidad de futuras victorias, y mucho menos las garantizan. Para el éxito futuro lo más importante puede ser “olvidar”.

-¡Espectacular!-, refunfuñó,

-Ahora la responsabilidad recae en los individuos, de quienes se espera que sean “electores libres” y que soporten las consecuencias de sus elecciones, pese a que los riesgos implícitos en cada elección pueden ser causados por fuerzas que trascienden la comprensión y la capacidad individual para actuar. La virtud más útil no es la “conformidad” a las normas, sino la “flexibilidad”: la presteza para cambiar de tácticas y estilos en un santiamén; para abandonar compromisos y lealtades sin arrepentimiento; y para ir en pos de las oportunidades según la disponibilidad del momento, en vez de seguir las propias preferencias consolidadas.

-Es decir, que estáis en pleno proceso de separación, de divorcio, entre el poder y la política-. Se detuvo un momento. -Y esta pareja había sustentado hasta ahora lo que llamáis el Estado moderno-.

-¡Exacto!-, exclamé entusiasmado por la fluidez del coloquio. -Hasta ahora el “progreso” era una promesa de felicidad universal y duradera, la manifestación extrema del optimismo radical. Pero ahora, representa la amenaza de un cambio implacable e inexorable que, lejos de augurar paz y descanso, presagia una crisis y una tensión continuas que imposibilitan el menor momento de respiro. El progreso se ha convertido en algo así como un persistente juego de las sillas en el que un segundo de distracción puede comportar una derrota inapelable. En lugar de grandes expectativas y dulces sueños, el progreso evoca un insomnio lleno de pesadillas en las que uno sueña que se queda rezagado, pierde el tren o se cae por la ventanilla de un vehículo que va a toda velocidad y que no deja de acelerar-.

-¡Tremendo!-, espetó mientras volcaba la espalda en el respaldo de su asiento. – Las consecuencias lógicas de todo ello son el cortoplacismo, la evanescencia, la falta de compromiso, la carencia de estructuración real, el exceso y la ausencia de medida, el ritmo alocado y el culto a la velocidad-.

-Venga señores, que la cena se enfría. Ya está bien de cháchara-, nos interrumpió la voz de la Reina de las Tempestades.

Observé a Merlín, atento a lo que hiciera.

-¡Pues venga, vamos!-, fue su reacción. –Una plática tan grata me han abierto el apetitito. En cuanto tengamos ocasión charlaremos, Emilio, de la significación que en todo lo que hemos comentado ostenta la incapacidad de tus congéneres para vivir el presente-.

-Trato hecho-, le contesté complacido.


 IAPETUS Y NIBIRU

Ya me he referido en una Crónica anterior a la villa rural en la que Nimue reside. Lo que no os he contado todavía es que en la parte superior de la chimenea que domina el salón principal, protegida a buen recaudo en una urna de cristal empotrada en la pared de piedra, reposa un objeto muy singular. Seguro que habéis oído hablar de él. Se trata de la ilustre espada que perteneció al rey Arturo, la afamada Excalibur. Aunque éste no es su verdadero nombre, sino Scaledflwch.

-Scaledflwch-, me indicó Nimue la primera vez que me habló de ella, -no tiene una traducción directa, sino que es la suma de dos significados: por un lado, “scaled”, cuya traducción es “cortar de un tajo” o “corte profundo”; y, por otro, “flwch”, que puede ser interpretado como “fulgor” o “rayo”. Por tanto, Scaledflwch, o Excalibur cual tú la llamas, hace referencia a un rayo que produce un corte duro, seco y hondo. De hecho, en esto se convertía en manos de Arturo, dándole un poder que lo hacía casi invencible -.

-¿Qué edad tenía Arturo cuando logró sacarla de la piedra en la que estaba incrustada-, le pregunté basándome en la leyenda que he visto reflejada en tantas producciones cinematográficas.

-Scaledflwch no es aquella espada clavada en una roca y que sólo Arturo, como legítimo sucesor de Uther Pendragon, pudo arrancar-, me contestó Nimue con un cierto tono de cansancio, mostrando que no era precisamente la primera vez que tenía que explicar aquello a alguien.

-¿No?-, me limité a decir.

-No, Emilio. Scaledflwch fue creada expresamente para Arturo bajo las directrices de Viviana, una Maestra de Hadas que fue compañera de Merlín cuando éste aún era joven. Al morir Arturo, Merlín decidió que yo la custodiara. Y me explicó que se forjó fundiendo metales no existentes en la Tierra y que fueron traídos desde otro planeta-.

Observando mi cara de extrañeza, exclamó:

-¡No creerás que la Tierra es el único lugar del Cosmos donde habitan seres inteligentes!-.

Aquella conversación quedó ahí. Pero su contenido se grabó en mi memoria. Tanto como para que fuera uno de los asuntos que traía en la cabeza cuando arribé a Ávalon, dispuesto a profundizar en él en cuanto tuviera ocasión.

Y esta se presentó hace unas pocas fechas. Aproveché que Nimue me invitó a comer a su casa y que, por el frío reinante, colocó la mesa muy cerca de la chimenea sobre la que luce Scaledflwch. Mientras nos deleitábamos con un espléndido arroz con setas cocinado por ella y bebíamos cerveza de doble malta regalada por Morgana, en un punto de la conversación saqué a colación la composición metálica de la espada, recordándole lo que me había comentado en su momento al respecto. Tras lo cual, afirmé con convencimiento:

-No tengo dudas de que existe inteligencia extraterrestre. Es obvio que el Universo es Vida. Y seguro que ésta se manifiesta en multitud de modalidades de existencia desparramadas por sistemas solares y galaxias-.

-Haces bien en creerlo, pues así es-, me interrumpió. -Pero no tienes que irte tan lejos. Hay vida alienígena en nuestro propio sistema solar, llamado Ors por vosotros y Oort en Ávalon. Y no porque venga de fuera del mismo, sino porque está en él, desde ¡vete a saber cuándo!. Aunque no lo divulguen, muchos científicos y astrofísicos contemporáneos saben ya, por ejemplo, que Jápeto o Iapetus, el octavo, en distancia, satélite de Saturno, es realmente un objeto manipulado artificialmente-.

-¿Iapetus?-, la interrogué.

-Mide aproximadamente 1.500 kilómetros de diámetro; y es, tras Titán y Rea, el tercero en tamaño de los que orbitan Saturno. Tarda exactamente 79,33 días en completar una vuelta alrededor del planeta, a una distancia media de 3.5 millones de kilómetros. Fue descubierto, en 1671, por Giovanni Cassini, en cuyo honor se denominó la sonda espacial que lleva su nombre. Y la comunidad científica lo considera el satélite más misterioso y chocante de Ors. La propia NASA ha reconocido su rareza, aunque argumenta que su formación se debe a residuos ancestrales de cuerpos sólidos o colisiones cósmicas durante el origen de nuestro sistema solar. Pero hay quienes han ido más allá en sus indagaciones y conclusiones. Es el caso de Richard C. Hoagland, que en 2005 acometió el análisis más completo y detallado que hasta ahora nadie haya efectuado sobre Iapetus-.

-Veo, Nimue, que eres una experta en esta luna saturniana-, proferí entusiasmado en tanto me daba un descanso en mi mano a mano con el arroz y apoyaba mi espalda en el duro, pero cómodo, respaldo de la silla de madera de roble en la que me había acomodado.

-Es algo que sabemos todas las hada-, alegó con soltura a la par que me lanzaba una guiñó con su ojo izquierdo y llenaba mi vaso con más cerveza de espesa malta para reponer la que me sirvió al poco de sentarnos a comer.

-¿Y qué demostró Hoagland?-, le inquirí tras dar un largo trago al tostado y turbio líquido, que en la Isla de Cristal, en afinidad con arcaicas culturas, valoran cual bebida sagrada.

-Pues lo que aquí sabemos hace siglos. Primero, gracias al examen de la configuración y características del satélite respecto de la reflexión de la luz solar, constató su particular forma geométrica dodecaedral-esferoidal. Y seguidamente, comprobando su rotación, se percató de una peculiaridad única en Ors: Iapetus tarda exactamente lo mismo, los 79,33 días que te apunté antes, tanto en completar una vuelta en torno a Saturno como en rotar sobre su propio eje. Es como si la Tierra se tomara en girar sobre sí misma no 24 horas, sino los 365 días que tarda en hacer una rotación completa alrededor del Sol-.

-¡Sorprendente!- exclamé.

-Y la cosa no termina ahí. Estudiando las fotos tomadas precisamente por la sonda Cassini el 31 de Diciembre de 2004, a65.000 kilómetros de Iapetus, Hoagland detectó zonas que revelan una geometría artificial, con planos cuya morfología geométrica es incompatible con un satélite natural. Destaca, en especial, una inmensa arista rectilínea que supera los 18.000 metros de altura, algo más del doble que el Monte Everest, que divide su ecuador, conformando una gran cordillera o pliegue central. Y asombrosas formas rectilíneas tridimensionales que se repiten por toda la superficie del astro, así como vestigios de torres y arquitecturas verticales muy elevadas que nada tienen que ver con la naturaleza-.

-¿Estás al tanto de lo qué la NASA opina al respecto?-.

-¡Qué quieres que opine!-, respondió evidenciando la candidez de mi pregunta. -Nunca ha aclarado el por qué de estas “anomalías”, ya que no existe una explicación “natural” que alcance a explicar la configuración esferoide de Iapetus, ni su enorme pliegue central, ni las demás singularidades que te he resumido. Eso sí, en 1980, Donald Goldsmith y Tobias Owen escribieron textualmente en un informe para la NASA que “esta inusual luna es el único objeto del sistema solar que podemos seriamente considerar como un signo alienígena, un objeto natural deliberadamente modificado por una avanzada civilización”-.

-¿Qué conclusión alcanzó Hoagland?-, la interpelé sin poder ocultar mi emoción por lo que estaba escuchando.

-Una muy parecida: que la geometría y rotación de esta luna de Saturno implica algún mecanismo interno de automotricidad, que desafía rotundamente los patrones conocidos de todos los demás satélites de Oort y pone de manifiesto la existencia de algún tipo de propulsión interna que le hace describir un movimiento programado respecto de Saturno. Y concluyó aseverando que Iapetus fue construido fuera de nuestro sistema solar y traído después a Saturno-.

-¿Y fueron los “habitantes” de Iapetus los que acarrearon a la Tierra los metales con los que se fraguó Scaledflwch?-.

-No, Emilio, el material con que se forjó la espada proviene, efectivamente, de nuestro sistema solar, pero de un astro más lejano que Iapetus. ¿Has oído hablar de Nibiru?-.

Nimue había terminado de comer y se limitaba a beber, de vez en cuando, pequeños sorbos de cerveza para acompañar la plática. Tenía el rostro iluminado lateralmente por el refulgir de las llamas en la chimenea, de modo que podía ver la comisura de su boca ligeramente estirada, como si esbozara una sonrisa. Su belleza aturdía. Y en la expresión facial, en los ademanes y en el tono de voz se le notaba que no es que creyera lo que me estaba desvelando, sino que lo sabía con la certeza de quien hubiera estado en esos remotos parajes del espacio exterior.

-Lo que conozco de Nibiru-, le respondí, -lo he leído en Crónica de la Tierra, la monumental obra de doce volúmenes del investigador ruso Zecharia Sitchin, experto en lenguas muertas. Su nombre significa "lugar que cruza" o "lugar de transición" y para los antiguos babilonios era un cuerpo celeste asociado al dios Marduk. Sitchin recorrió el mundo traduciendo miles de tablillas de arcilla localizadas en distintos museos de los cinco continentes. Y en ellas encontró descrito el origen del ser humano, tal como hoy lo concebimos, según los sumerios, la primera civilización conocida en la historia de la humanidad, que responsabilizan de la creación de la especie humana a seres extraterrestres, los anunnaki (el Libro del Génesis (6,4) los denomina nefilim), que habrían provocado un salto en lo evolución de los primates hominoideos mediante la manipulación genética-.

Miré a Nimue a los ojos, comprobando que me observaba con atención, por lo que continué mi disertación:

-Uniendo las aportaciones de Sitchin a las de Drunvalo Melchizedek, vertidas en el primer volumen de su libro El antiguo secreto de la flor de la vida, los nefilim, seres gigantes, de hasta cuatro metros y medio de altura, capaces de vivir muchos miles de años, recalaron por vez primera en la Tierra hace unos 450.000 años. Su objetivo era extraer oro, mineral que precisaban con urgencia para la supervivencia de su mundo y del que habían localizado grandes betas en el sudeste del actual continente africano. Durante milenios hicieron este trabajo ellos mismos, hasta que, al surgir conflictos, optaron por utilizar a criaturas nativas, hominoideos aún simiescos, para lo que tuvieron que realizar en ellas actuaciones de ingeniería genética dirigidas a incrementar su capacidad e inteligencia. Fue así como apareció el ser humano hace unos 200.000 años-.

Por su semblante, me daba la impresión de que no estaba informando a Nimue de nada que no supiera de sobra, por lo que no me extrañó su pregunta:

-Y, según Sitchin, ¿dónde se localiza Nibiru?-.

-En su descripción de la cosmología sumeria, se refiere Nibiru como el “12º planeta” o “Planeta X”, que incluye la descripción de 10 planetas, más el Sol y la Luna. Igualmente, indica que en la antigüedad se habría producido una colosal colisión de uno de sus satélites con Tiamat, un planeta que habría estado situado entre Marte y Júpiter. De esta catástrofe cósmica nació el cinturón de asteroides y el propio planeta Tierra y su satélite, la Luna. Como consecuencia del choque, Nibiru habría quedado atrapado en el sistema solar, volviendo al lugar de la colisión periódicamente en una órbita excéntrica. Sitchin cita algunas fuentes que, según él, hablarían sobre el planeta, describiéndolo como una estrella, concretamente una estrella enana marrón ubicada en una órbita sumamente elíptica alrededor del Sol, de unos 3.600 a 3.760 años. Sitchin atribuye estos datos a los astrónomos de la civilización maya-.

Nimue asintió con la cabeza, pero no parecía satisfecha. Me dio el tiempo justo para que apurara mi plato e, inmediatamente, me cuestionó con su habitual contundencia:

-¿Algo más?-.

¿Aún más?, pensé para mis adentros:

-Agregar quizá que el escritor e investigador turco Burak Eldem ha sugerido que, realmente son 3.661 años los que duraría el período orbital del supuesto planeta, anunciando su "fecha de vuelta" para el año 2012. Según él, 3.661 es un séptimo de 25.627, que es el ciclo total "de 5 años mundiales" según el calendario maya extendido. Añade que el último paso orbital de Nibiru sucedió en el año 1649 a.c., causando grandes catástrofes sobre la Tierra, como las erupciones que dieron forma al archipiélago volcánico de Santorini, la antigua Thera, en el mar Egeo-.

-Bueno… -, Nimue apuró su cerveza antes de proseguir, -veo que también tú eres un experto en estos temas. Aunque hay varios extremos que, si quieres, te puedo precisar y hasta corregir-.

-¡Por supuesto!. Soy todo oídos-, expresé con franqueza, ya que tenía verdadero interés en que me revelara todos sus conocimientos sobre el asunto, que presumía apabullantes.

-Intentaré ir al grano, Emilio. Para empezar, la colisión con Tiamat, de la que surgió la Tierra o Gaia, la Luna y el anillo de asteroides entre Marte y Júpiter, se produjo hace miles de millones de años, mientras que, por los anales que manejamos en Ávalon, la fecha de la manipulación genética acometida por los anunnaki para gestar la especie humana es mucho más reciente, pues tuvo lugar en el año 198.214 a.c.. Ahora bien, este es el momento de la operación final, por expresarlo de algún modo, pues antes habían hecho otros experimentos genéticos cuyos resultados no fueron satisfactorios para los nefilim, bien porque se quedaron cortos en su objetivo de dotar a los primates hominoideos con el nivel de inteligencia y capacidad física pertinentes para que pudieran serles útiles, bien porque las criaturas resultantes eran demasiado inteligentes, excesivamente parecidos a ellos mismos. Prueba y error. ¿Comprendes?-.

-Perfectamente. Continúa, por favor-.

-Por otra parte, Nibiru no es una estrella, sino un planeta que gira en torno a una estrella apagada, una enana marrón, que es hermana de nuestro Sol, en el sentido que conforma con él nuestro sistema solar-.

-Perdona, Nimue, pero no te entiendo-.

-Es sencillo. Las investigaciones mas recientes evidencian que un elevado porcentaje de estrellas son parte de sistemas de, al menos, dos astros. Y muchos de los sistemas solares que nos rodean son binarios: están compuestos por dos estrellas que orbitan mutuamente en torno a un centro común. Ors no es una excepción a esta regla y nuestro querido Sol cuenta con una compañera. Aquí la denominamos Soldwarg-.

-¿Por qué no la vemos?-, fue lo primero que se me vino a la cabeza.

-Un científico te contestaría que debido a que estamos en un sistema solar binario astrométrico, es decir, sistemas dobles en los que sólo es visible un componente. El otro objeto, el invisible, suele ser un cuerpo de luz muy baja o de luminosidad nula, normalmente una enana roja o una enana marrón. La acompañante del Sol es esto último, una enana marrón, tipología de estrella que los astrofísicos definen como de masa subestelar e incapaz, por tanto, de mantener reacciones nucleares continuas de fusión del hidrógeno de su núcleo. Es una especie de estrella “fallida”, pues contienen los mismos materiales que el Sol, pero ostenta una masa insuficiente para brillar. Además, tampoco su volumen es muy grande, similar al triple de Júpiter. Y si podemos detectar que existe es por el tirón gravitatorio que produce, sobre todo cuando se acerca al Sol, lo que explica determinadas anomalías gravitatorias existentes en Ors para las que la ciencia “oficial” no tiene respuesta-.

-¿Y a qué distancia del Sol se localiza Soldwarg?-.

-Depende del momento de la órbita mutua, que marca un periodo de rotación de 3.600 años. En la fase de mayor alejamiento, la distancia entre ambos astros va más allá de las 70 unidades astronómicas (una unidad astronómica –ua- es igual a la distancia media entre la Tierra y el Sol, casi 150 millones de kilómetros). Y en los de más acercamiento, ronda los 40 ua-.

-Esto significa que la velocidad media de aproximación entre ambos supera el millón de kilómetros al año-.

-En concreto, 1.250.000 kilómetros anuales: en 36 siglos la distancia oscila en unos 4.500 millones de kilómetros, 30 ua. Pero esto no es lo trascendente, sino otros dos hechos. Por un lado, hay que tener en cuenta que Plutón se halla a 39,5 ua, por lo que, en el periodo de mayor cercanía, la estrella marrón se sitúa adyacente a la frontera de lo que asumimos como nuestro sistema planetario, delimitado por la serie de planetas que van desde Mercurio al referido Plutón. Y, por otro, la enana marrón no viaja sola, sino que la acompañan varios planetas que giran a su alrededor. Uno de ellos es precisamente Nibiru, que se caracteriza por una órbita bastante extraña, con un movimiento elíptico que presenta grandes parecidos, a su escala, con el de Iapetus-.

-De ahí que, en la protohistoria cósmica, Nibiru llegara incluso a introducirse entre Júpiter y Marte, colisionado con Tiamat-, le apostillé.

-Efectivamente. Y muchísimo tiempo después, los habitantes de Nibiru aprendieron a usar en beneficio propio la aproximación de la enana marrón al Sol, aprovechando esos estadios del ciclo para efectuar sus incursiones en la Tierra-.

-¿Y el Sol, Nimue, se ve afectado de algún modo durante la fase en la que se reduce al máximo la distancia entre él y Soldwarg?-.

-Sí, sensiblemente. Sufre una especie de balanceo ocasionado, por los impactos de la interacción gravitatoria, alterando su radiación electromagnética-.

Visto lo cual, la siguiente pregunta estaba cantada:

-¿Y en qué periodo de la órbita del sistema binario nos encontramos?-.

Nimue guardó silencio. Por unos segundos creí que no me iba a responder. Finalmente dijo:

-Nos estamos acercando al de mayor vecindad-.

-Esto explica-, me pareció una conclusión obvia, -los cambios climatológicos y atmosféricos que parecen afectar a todos los planetas del sistema solar, incluida la Tierra-.

-Es un factor notable a la hora de comprender el auténtico origen del cambio climático que vive Gaia, si bien hay una razón de bastante más peso que, teniendo también perfil cosmogónico, se relaciona con el tránsito periódico de Oort por la Vía Láctea.Pero sobre este asunto específico, Merlín es el experto. Pregúntale a él-.

Como podéis imaginar, le hice caso a Nimue e interrogué al Gran Mago en la primera oportunidad que tuve. ¿Qué me desveló?. Pues cosas tan asombrosas que bien merece la pena que les dediqué la próxima Crónica.


 VIAJE AL CENTRO GALÁCTICO Y A MI INTERIOR

La velada en casa de Nimue que os relaté en la Crónica precedente dejó una fuerte huella en mi interior. Durante días, Iapetus, Nibiru, los nefilim, el Sol y su compañera Soldwarg agitaron mi mente y mi alma. Se me aparecían incluso en sueños y llegue a temer que se convirtieran en algo obsesivo.

Como consecuencia de esta ansiedad y también porque intuía que era el mejor medio de superarla, abordé a Merlín en la primera oportunidad que se presentó, compartiendo con él lo hablado con Nimue y rogándole que me explicara lo que ella me había adelantado para, finalmente, remitirme a él como verdadero experto en el tema. No sé por qué, pero intuía que conversar con el Gran Mago no sólo me aportaría nuevos saberes, sino que, muy especialmente, me devolvería la serenidad.

Fue una mañana de cielo limpio y azul, viento calmado y temperatura propicia para un paseo largo y sosegado. Sin embargo, me hallaba voluntariamente enclaustrado en mi habitación escribiendo unos apuntes –Variaciones, los he denominado- a propósito de dos obras centradas en la práctica de la meditación contemplativa, ambas anónimas inglesas del siglo XIV, que habían llamado mi atención en la biblioteca de la Reina de las Tempestades: La Nube del No-Saber y el Libro de la OrientaciónParticular. En un descanso del trabajo, me asomé al ventanal que ilumina mi aposento para disfrutar del paisaje y divisé la figura de Merlín caminando pausadamente, pero a pasos largos, como acostumbra, en dirección al océano, que dibuja su estampa cerca del castillo donde los dos residimos durante nuestra estancia en Ávalon. Sin pensarlo dos veces, abandoné cuanto tenía entre manos y salí disparado de la habitación dispuesto a darle alcance antes de que su rastro se perdiera en uno de los muchos recodos y vías alternativas que adornan la costa. Cuando logré tenerlo a tiro de piedra, grité su nombre:

-¡Merlín!-, me salió con tintes jadeantes, pues, más que andar, casi trotaba en mi afán de reducir su ventaja.

De inmediato y sin dejar de caminar, giró su marcha 180 grados, orientando su rumbo en dirección a mí. Tuve la certeza de que, antes de lo que llamara, sabía de sobra que lo seguía.

-Buenos días, Emilio. Qué alegría verte-, me saludó agitando el largo bastón de madera de almez que asía con su mano derecha, mientras descansaba la otra en la parte de arriba de una especie de zurrón pardo que colgaba de su hombro izquierdo. -Has aparecido justo cuando pensaba lo bien que me vendría compañía en la ruta por los acantilados a la que quiero dedicar la mañana. ¿Te apetece venir conmigo?-.

-Claro que sí. Hace unos días que deseo que charlemos. Te he visto desde mi cuarto y no he dudado en salir detrás tuya. La senda de los acantilados es un marco idóneo para plantearte algunas preguntas derivadas de una reciente conversación que he mantenido con Nimue-.

-¡Pues a qué esperamos!-, exclamó con voz muy alta.

El litoral de la Isla de Cristal experimenta una curiosa transformación a la altura del Castillo de las Reina de las Tempestades. Hacia el norte de la teórica línea recta que conforma con el mismo, se extiende una alfombra de playas lisas y suaves y arenas blancas que se prolonga durante kilómetros. En cambio, hacia el sur, arranca de improviso una batería de elevados acantilados por cuyos enfilados bordes es posible pasear, oteando pequeñas calas de acceso imposible, salvo para las gaviotas, y, sobre todo, espectaculares desprendimientos que, al caer a las aguas marinas, han formado numerosos islotes, de muy diversos tamaños, con grandes rocas diseminadas que salpican la costa. Impresionantes vistas jalonan todo el recorrido que se desenvuelve durante cuarenta kilómetros, aunque Merlín había previsto una ruta de ida y vuelta hasta el Templo de la Roca, un antiquísimo lugar de culto druida colgado sobre uno de los acantilados y a poco menos de siete mil metros de distancia.

-La marcha hasta el Templo es muy segura, a pesar de lindar con los desfiladeros-, fue Merlín quien inició la plática. –No obstante, no te asomes demasiado a los bordes, porque la piedra es porosa y en cualquier momento se puede desprender. Y ten en cuenta que a veces las piedras, debido a la erosión del mar, que ha penetrado por el subsuelo, se desprenden hacia el interior, conformando lagares, es decir, hondos agujeros. Algunos son enormes. Pero otros son pequeños y apenas se atisban-.

Absorto en el camino, viví aquel presente disfrutando de la belleza que penetraba a raudales por mis ojos y del profundo sonido y olor a mar que impregnaban el ambiente. El Sol refulgente, el cielo abierto en canal de luz, el azul oscuro, casi añil, de un océano que simulaba ser infinito, las altas olas que parecían nacer por arte de magia en la lejanía del horizonte, el bailar de cientos de gaviones (gaviotas de la especie Larus Marinus, me informó Merlín) planeando su vasta envergadura sobre nuestras cabezas, la hermosa vegetación de mimosas que se deslizaba por los barrancos, pequeños tejones (aquí los llaman tasugos) que a veces mostraban entre las plantas sus prominentes hocicos,… . Todo era un pletórico regalo de la Naturalezaque, siendo la vida misma, cantaba con energía a la vida.

Casi sin darnos cuenta, llegamos al Templo de la Roca, donde Merlín propuso que descansáramos un rato y aprovecháramos para tomar un tentempié. Nos sentamos en el amurallamiento que hace de linde del recinto por el lado en el que se asoma en altura al mar. El Gran Mago depositó con cuidado en el suelo el zurrón que traía consigo y extrajo de él dos pequeñas garrafas de barro, como de un litro de capacidad cada una:

-Es la mejor cerveza que beberás en tu vida-, me indicó a la par que me ofrecía una de las garrafas. –Me ensañaron a fabricarla hace varios siglos unos monjes germanos. Como los antiguos babilonios y otras culturas arcaicas, estos clérigos consideraban a la cerveza una bebida sagrada. Está hecha con mucho lúpulo, lo que no sólo le da sabor y consistencia, sino que, además, contribuye a la longevidad. Aunque esto, a mí, no me hace falta, ja, ja, ja…-

Como siempre, su risa era franca y estridente. Y la cerveza estaba espléndida. Con su sabor en la boca y su influjo en la mente, creí llegado el momento de abordar a Merlín con las diatribas que pululaban en mi interior. Antes mis preguntas, él fue directo al grano:

-Empezando por los nefilim o anunnaki, estos, efectivamente, llegaron a la Tierra desde Nibiru, pero sus ancestros remotos procedían de Orión, lo que explica que algunos pueblos antiguos los denominaran también Uros. En cuanto a la manipulación genética que llevaron a cabo sobre primates hominoideos, es crucial que sepas que fue contemplada con suma atención por otras civilizaciones extraterrestres con una evolución espiritual muy por encima de la de ellos y una visión de la ciencia fundamentada en esa misma espiritualidad, por lo que su tecnología era, lo es también ahora, de perfil interdimensional, exponencialmente superior a la derivada de cualquier clase de avance “técnico”. Específicamente, el experimento de los nefilim fue observado muy de cerca por seres de Sirio, la quinta estrella más cercana a nuestro sistema solar, aunque realmente es una estrella binaria, Sirio A y Sirio B. Se trató, en concreto, de seres a los que los Anales que custodiamos en Ávalon dan el nombre genérico de Hab, provenientes del tercer planeta de los que giran en torno a Sirio B. Y su interés no fue fruto de la curiosidad, sino que obedeció a una razón de indudable calado-.

Merlín se calló de improviso. Bebió un largo trago de cerveza, se mesó con parsimonia su barba nevada por el tiempo y fijo la mirada en el océano. Tuve la seguridad de que esperaba que yo continuará su línea argumental. Pero era la primera vez que tenía acceso a los conocimientos que me estaba transmitiendo. O, al menos, eso creía. Así que me mantuve en silencio hasta que volvió a tomar la iniciativa haciéndome una pregunta que me desconcertó:

-En tu memoria interior y trascendente, Emilio, ¿no atesoras alguna reminiscencia de tales avatares?-.

-¿Reminiscencia?. No sé a que te refieres-, le respondí con voz queda.

-Bueno. Todo llegará-, dijo en un tono que interpreté entre lo burlón y lo intrigante.

Y otra vez silencio. Ante lo que, nuevamente, opté por no pronunciar palabra. La verdad es que me sentía confuso y hasta algo incómodo. Por fin, Merlín retomó su exposición:

-Nuestro sistema solar, Oort u Ors, no se halla estático en la Vía Láctea, sino que viaja por ella, moviéndose elípticamente con relación al Centro Galáctico. Y este viaje cósmico no lo hace en solitario, sino en compañía de un pequeño grupo de sistemas solares, Sirio entre ellos, con los que conforma un “paquete” o “cluster” sistémico, cual viajeros dentro de un automóvil o un tren. Todos juntos y en sintonía, como buenos hermanos, orbitan con respecto al Centro Galáctico siguiendo idéntica ruta-.

-Sí, esto sí lo sabía-.

-Ya, pero lo más importante no son las repercusiones físicas o astrofísicas de tal hecho, sino sus impactos energéticos y espirituales, pues todas las formas de vida que bullen en ese “cluster”, la infinidad de modalidades de existencia que conviven en los sistemas, astros, soles, planetas y satélites que lo configuran, guardan una íntima relación, una estrechísima interacción de carácter consciencial-.

-¿Consciencial?-, le inquirí para animarle a que ahondara en sus argumentos.

-Mira, los seres humanos han comenzado a entender que hay una interrelación entre cada miembro de una especie animal cualquiera y la totalidad de sus componentes. La teoría de los llamados campos mórficos y morfogenéticos lo ilustra muy bien. En otra ocasión podemos departir sobre ella. Ahora lo que te quiero subrayar es que, igualmente, existe una interacción constante y permanente entre cada persona y los demás seres humanos que configuran la Humanidad. Es más, del mismo modo, también hay una estrecha interconexión entre la Humanidad y la Madre Tierra. Y tal interrelación se extiende desde la Tierra a la globalidad de Oort y al referido cluster de sistemas solares. Todo está espectacularmente interconectado, como una gigantesca red de influencias e interdependencias mutuas-.

-Y, por lo que antes apuntaste, no es una interacción meramente biológica y material, sino mucho más profunda, de tipo consciencial, como tú la has denominado-.

-¡Exacto!. En particular, el citado cluster de sistemas solares y todos los astros y modalidades de vida que lo pueblan formamos una inmensa y holística red consciencial. Como tal, viajamos de la mano por la Vía Láctea. Y lo que sea de los unos, repercute en los otros, pues en el Universo rigen dos reglas cosmogónicas bien conocidas por los seres de mayor avance espiritual: todo es suma de partes y forma parte de una suma superior, aunque cada parte es a su vez el Todo; y los saltos evolutivos conscienciales, de una dimensión de existencia a otra, no son individuales, sino grupales, requiriéndose que en el grupo o suma en cuestión se configure una masa crítica mínima de consciencia para que el salto sea factible. En nuestro caso, el grupo no es la Humanidad, ni Gaia, ni siquiera Oort, sino el colosal hervidero de vida que constituye el cluster de sistemas solares del que venimos hablando-.

-¿Por esto los seres de Sirio estuvieron muy atentos al experimento genético de los anunnaki?-.

-¡Imagínate!. Por intereses puramente materiales, los nefilim estaban propiciando el surgimiento en la Tierra de una nueva especie con capacidades físicas e inteligencia que podía ser muy beneficiosa para la evolución consciencial del planeta, de Oort y, por ende, del paquete de sistemas en el que el propio Sirio se integra. La protohistoria de Gaia y Oort, que se hunde hace miles de millones de años, está cargada de incidentes y anomalías que habían impedido un discurrir consciencial equiparable al acontecido en Sirio y otros sistemas del cluster. Ante ello, los sirianos contemplaron el experimento anunnaki como la oportunidad de hacer algo al respecto. Ellos nunca hubieran interferido en la evolución del planeta mediante manipulaciones genéticas de sus habitantes. Es algo que choca frontalmente con su percepción espiritual de las cosas. Pero, por lo mismo, tampoco podían evitar las actuaciones de los nefilim. Así que, dada la situación, decidieron fomentar el grado de consciencia de los homínidos creados por los anunnaki-.

El Gran Mago derrochaba entusiasmo en cada una de sus palabras y, si bien gesticulaba parsimoniosamente, denotaba alegría y jovialidad. Por mi parte, sentía cada vez más claramente una extraña sensación que me bullía profundamente, difícil de conceptualizar con palabras. Me dije a mí mismo que era como si empezara a despertar de una larga, muy larga amnesia. Me distraje unos instantes en mi interior, pues quería descifrar esa peculiar sensación. Cuando volví del ensimismamiento, me encontré a Merlín muy cerca y mirándome a directamente a los ojos, casi introduciéndose por ellos para saber lo que me ocurría por dentro. Sonrío levemente. Lo mismo hice yo y retomé la conversación con una pregunta cuya respuesta intuía no me era en absoluto ajena:

-¿Cómo se las arreglaron los seres de Sirio para impulsar consciencialmente a los recién creados homínidos?-.

-De una manera no demasiado complicada para ellos, pero casi incomprensible desde la mentalidad humana actual. Llegó a la Tierra una primera comitiva procedente, como te señalé antes, del tercer planeta de Sirio B. Nuestros Anales precisan que la componían 32 seres, repartidos por igual entre machos y hembras y que componían una familia según los usos del planeta en cuestión. Su altura física era semejante a la de los anunnaki, pero con una biología mucho más sutil, menos densa, en concordancia con su mayor evolución consciencial. Y, sencillamente, se dejaron “morir”, transfiriendo sus almas a homínidos. Así, estos tenían cuerpos de homínidos, pero almas “viejas”, de alto nivel vibratorio y consciencial que ayudarían a sus congéneres, los seres humanos, a avanzar en el plano espiritual-.

-Y esto ocurrió en el año 198.295 a.c.-, le apostillé rememorando la velada con Nimue.

-Sí. En el presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve, ese fue el precioso momento en el que almas que habían estado encarnadas en habitantes de Sirio, auténticos seres de luz, se encarnaron por vez primera en humanos. Los anunnaki ni sabían de qué iba la cosa. Pero almas de una elevada gradación vibracional y espiritual se encarnaron en cuerpos muy toscos, los homínidos, con la finalidad de que la nueva especie estuviera en condiciones, con el paso de los milenios, de aportar fuerza consciencial al planeta, contribuyendo a la configuración de la citada masa crítica en el cluster de sistemas solares al que el propio Sirio pertenece-.

-Es muy bello, Merlín, pero resulta increíble. Ninguno de mis “paisanos” me creará cuando se lo cuente-, le expresé en tono de humor, pero con sinceridad.

-Pues a lo mejor te llevas una sorpresa, pues son muchos los seres humanos actuales cuyas almas estuvieron antes encarnadas en Sirio. De hecho, a aquellos 32 le siguieron otros 64, que hicieron lo mismo. Y a partir de ahí, las almas antes encarnadas en seres de Sirio, y ahora en homínidos, se fueron incrementando exponencialmente cada dos mil años aproximadamente: 128, 256, 512, 1024, 2048,… Si coges la calculadora y efectúas las operaciones, constatarás que de esa manera se pueden transferir 250 millones de almas en menos de 50.000 años. Y no fueron necesarias en tal número, pues el crecimiento demográfico de los homínidos fue mucho más lento. Sólo contemporáneamente, casi 200.000 años después de aquellos sucesos, la población mundial ha aumentado exponencialmente en menos de dos siglos: 1.000 millones de personas en 1850; 2.000 millones en 1925; 4.000 millones, en 1965; y 8.000 millones que se prevén para el año 2035. Son tantas las almas, querido Emilio, que anhelan encarnarse en el ahora de este planeta…-.

-Esto me recuerda algo que leí en un libro de Carl Sagan-, lo interrumpí. –Este divulgador científico elaboró la llamada Escala Sagan. En ella se describe la existencia en el Cosmos de varios niveles de inteligencia: Nivel 0, correspondiente a la humanidad de hoy; Nivel 1, con más desarrollo técnico; Nivel 2, seres con mucho mayor progreso tecnológico, pero que han perdido facultades emotivas, sentimientos y capacidad de amor; Nivel 3, modalidades de existencia que han logrado un desarrollo espiritual y esto le ha abierto las puertas a adelantos inalcanzables desde el punto de vista de la dinámica tecnológica y material; y Nivel de Inteligencia Interdimensional, cuyas características vibracionales y espirituales escapan de la comprensión humana. En este escala, Merlín, ¿dónde están los sirianos y dónde los humanos?-.

-Ellos, en el N3. Vosotros, en el N0-, respondió tajantemente.

-O sea, que almas de alto rango vibratorio y trascendente encarnadas en seres de nivel 3 pasaron a estarlo en seres situados biológicamente en el nivel 0. Y ello con la finalidad de que la nueva Humanidad, surgida de la manipulación genética de los nefilim, gozara de un desarrollo espiritual capaz de aportar energía consciencial a la Tierra, Ors y al cluster de sistemas solares, contribuyendo a que éste alcance la reiterada masa crítica que permita el salto interdimensional del cluster en su conjunto-.

-No lo podría haber sintetizado mejor. Aunque debo completarlo con otro dato: las almas antes encarnadas en seres Nivel 3 y ahora en Nivel 0 no sólo apoyan la evolución de la Humanidad y Gaia en los términos que tú has sintetizado, sino que, igualmente, viven de ese modo una experiencia que, volviendo a la Escala Sagan, les prepara para saltar al Nivel de Inteligencia Interdimensional. Expresado coloquialmente: el alma de elevada evolución espiritual que, al encarnarse en ser humano y, a pesar de la densidad de la existencia en la Tierra y la enorme carga de dualismos que la caracterizan, es capaz de actuar en este mundo desplegando Amor Incondicional, está mostrando su capacidad para pasar a encarnarse en modalidades existenciales de Inteligencia Interdimensional. Es una especie de “examen final” que el alma se pone a sí misma: habiendo evolucionado vibracional y espiritualmente hasta llegar a encarnarse en modalidad de existencia N3, pasa a una forma de vida N0 para comprobar que, incluso en esas condiciones “adversas”, es capaz de hacer valer sus más elevados atributos y potestades, encuadrables en el concepto de Amor Incondicional, y de trabajar no “para ella”, sino de manera creadora al servicio de la consciencia del planeta y la suma en la que se integra-.

-Pero, Merlín, si esto es así y tantas almas muy evolucionadas subyacen en seres humanos, ¿cómo se explica que la Humanidad sea tan materialista y nuestro mundo esté tan lleno de dolor e injusticias y tan falto de Amor-.

-Me encanta tu perspicacia. Y te podría dar cuantiosos detalles al respecto que tienen mucho que ver con lo que ha acontecido en la Tierra y a la Humanidad en los últimos 150.000 años. Pero, para no apartarnos del hilo de nuestra conversación, te lo resumo con una única expresión: el Gran Olvido-.

A Merlín no le pasó inadvertida mi cara de pasmo. Quizá por ello siguió hablando con voz aún más sosegada que la que venía usando:

-Un Gran Olvido provocado por la densidad del mundo tridimensional y la fuerza de arrastre de las oposiciones y dicotomías (bueno y malo, alto y bajo, superior e inferior, positivo y negativo,…) que en él campan a sus anchas. Bajo su influjo, almas tan avanzadas se han enredado en las experiencias de dualidad y extraviado la noción de Unidad de cuanto existe; se han identificado con una realidad puramente virtual, ilusoria, fragmentada, perecedera y efímera; y han quedado engatusadas con los anhelos y apegos materiales, tanto los que proporcionan placeres como los que originan sufrimientos, que más atan los segundos que los primeros. El libre albedrío preside la Creación. Y haciendo uso de él, han olvidado su auténtica Esencia y el verdadero propósito de su encarnación en la Tierra: desplegar el Amor Incondicional en un escenario hostil, Amor contra Resistencia, como modo de aportar consciencia al planeta y, a la par, autoprobarse que están en condiciones de saltar al Nivel de Inteligencia Interdimensional. Han perdido la consciencia de su naturaleza divina, eterna y omnipotente; y se hunden en los miedos y en el desconcierto cuando ésta aflora mediante intuiciones, sensaciones e inspiraciones-.

No sabía que decir, ni me apetecía decir nada. Necesitaba silencio para asimilar tanta información. Además, las garrafas estaban vacías y el mediodía ya había sido sobrepasado. Era momento de retornar al Castillo de las Reina de las Tempestades. Nos pusimos de pie dispuestos a volver sobre nuestros pasos. No obstante, Merlín me pidió que meditáramos, aunque fuera poco tiempo, dentro del Templo de la Roca. Entre sus paredes estuvimos un buen rato. Al concluir y antes de salir del recinto, el Gran Mago me dijo:

-¿Sientes la energía que emana de este lugar?.

-Sí, con fuerza-, le contesté de inmediato, pues ciertamente la había notado durante la meditación.

-Junto al Gran Olvido, que es un fenómeno mayoritario, siempre ha habido también almas despiertas. Y hace mucho tiempo que actúan para que el despertar sea masivo. La construcción de sitios como este obedece a tal objetivo de mantener vivos determinados saberes y energías. Y otras muchas cosas se han hecho con idéntica meta. Gracias a esto, en la actualidad hay un número significativo de seres humanos, esparcidos por el planeta, que han superado el Gran Olvido. Y, aunque algunos ni siquiera se den cuenta, están uniendo sus fuerzas en forma de red consciencial para que la Humanidad y el planeta entero puedan aprovechar la oportunidad que el momento presente representa-.

-¿A qué te refieres?-, le interrogué intrigado.

-Tiene que ver con el tránsito del cluster de sistemas solares por la Vía Láctea y con la aplicación analógica del célebre principio hermético de cómo es arriba es abajo, y viceversa. Piensa en el cuerpo humano y proyecta su funcionamiento a escala galáctica. Y, así como la sangre en su circulación atraviesa los pulmones, que la oxigenan y la limpian, ese paquete de sistemas solares pasa, periódicamente, muy cerca del Centro Galáctico, rozándolo, y recibe de éste una colosal fuerza energética regeneradora de espectro electromagnético y vibracional. A su vez, los soles que se integran en el cluster distribuyen esta fuerza entre los planetas que giran en sus respectivos sistemas. Y, por fin, cada planeta impregna con la misma energía vibracional y frecuencial a los seres que lo habitan.

-¿Cómo funciona esto exactamente en el caso de la Tierra y los seres humanos?.

-Muy sencillo. La Tierra acumula principalmente esa fuerza en la ionosfera. Y los humanos la recibís por medio de la glándula pineal, que es una auténtica antena de radiofrecuencia, lo que, en función de vuestro grado consciencial y mayor o menor estado consciente, activa componentes durmientes de vuestro ADN, concretamente de ese 97% del mismo que algunos genetistas tildan de “chatarra” y que, en verdad, es un ADN sutil e inefable, depositario de capacidades y facultades impensables para la Humanidad actual-.

El Gran Mago hizo una pausa y me escrutó con la mirada para percibir el impacto que lo que acaba de enunciar había tenido en mí. Me limité a gesticular para que no interrumpiera su exposición:

-Por tanto, Emilio, cada paso del cluster de sistemas solares por el Centro Galáctico representa una bella y espléndida ocasión de salto consciencial para el conjunto de mundos y modalidades de existencia que lo pueblan. Pero como existe una interacción entre todas, su mejor rentabilización energética acontece cuando la totalidad del cluster ha alcanzado una determinada masa crítica consciencial. De ahí la significación que para los sirianos ostenta lo que ocurre en la Tierra, y viceversa.

-Pero mientras que nosotros no somos conscientes de algo tan espectacular y maravilloso, ellos sí lo son-, apostillé.

-Y, en estos momentos, el cluster de sistemas se está acercando a enorme velocidad al Centro Galáctico. Es algo que ocurre cada 13.000 años. Ahora vuelve a repetirse. Y numerosos seres de muchas modalidades de existencia se han movilizado para que la Tierra y Oort aprovechen esta oportunidad. Ha sido un trabajo concienzudo y meticuloso, de carácter energético, que ya está concluido. Sólo queda esperar los resultados, que dependerán, en última instancia de lo que hagan los propios habitantes de Gaia, en general, y la Humanidad, en particular-.

-¿Me estás diciendo, Merlín, que tanto la Humanidad como el planeta que nos acoge nos acercamos a una especie de hito histórico, a una gran oportunidad de cambio-.

-No es ya futuro, sino presente, Emilio. Son tiempos extraordinarios, cargados de posibilidades para comprender y descubrir las verdades eternas que cada uno guarda en su interior y actuar en consonancia con ellas. Y el Universo es el cómplice de los seres humanos para que superen el Gran Olvido, para que despierten las conciencias y para que los corazones se abran hacia una transformación evolutiva superior. Para conseguirlo, la traba mas notable no es la ignorancia, sino el miedo y el falaz sentimiento de culpa. El Poder de Decisión y el Maestro están en cada ser humano. No hay que tener miedo a equivocarte. El miedo frena, inhibe y te ata a lo ya conocido, aunque no te guste. El miedo y el sentimiento de culpa cierran los ojos a un presente espléndido, donde tú y todos… juntos, seremos los hacedores de Milagros-.

Las palabras del Gran Mago agitaban mi interior y humedecían mis ojos. Allí, en el Templo de la Roca, lo había entendido todo, todo había encajado Se puso exactamente frente a mí, con sus ojos a la altura de los míos, y su voz retumbo con potencia en mis oídos y en mi interior:

-Tienes que reinventarte. Es necesario y puedes hacerlo. Es un momento único para conseguirlo. Debemos ascender sobre la opaca densidad que ha cubierto al planeta. Acepta la Luz que está llegando, vívela, deja que te inunde y que conecte con tu chispa divina. Gaia ascenderá, y nosotros con ella, elevando su nivel de vibración de la tercera a la cuarta y quinta dimensión. Y tú eres un receptor adecuado para sintonizar con su nueva frecuencia. Abre tu corazón hacia esta nueva realidad y, simplemente, sé lo que eres. Es el momento de Ser-.

Me abracé con fuerza a Merlín y noté como él se volcaba, igualmente, en mí. Enlace mi brazo izquierdo con el derecho suyo. Y así hicimos el trayecto de retorno al castillo. Sin conversación, sin palabras. Ya no eran precisas. Sentí como los brazos no sólo unían nuestros cuerpos, sino nuestras almas sirianas.


 FANUM

Tras la excursión con Merlín relatada en la Crónica precedente, los Dywrnad se sucedieron velozmente. Puse en común con Nimue todo lo que aconteció durante la misma. Y en varias ocasiones noté como el Gran Mago, aprovechando algún encuentro casual o nuestras citas habituales a las horas de las comidas, que solemos compartir en compañía de la Reina de las Tempestades, me escrutaba con discreción, queriendo atisbar cómo había asimilado aquellas vivencias al borde de los acantilados. Sin embargo, ni me preguntaba ni hablaba al respecto. Yo tampoco, pues andaba atando cabos conmigo mismo.

Por fin, el asunto surgió durante una de las charlas que mantenemos con ocasión de los desayunos. El que disfruto cada mañana es sencillo: una taza mediana de café con poca leche y un par de tostadas del exquisito pan de pueblo que se amasa en Ávalon, bien regadas con abundante aceite –aunque no hay muchos olivos, el que aquí se produce es de gran calidad- y algo de azúcar. Merlín, por su parte, se prepara personalmente una especie de huevos con migas de maíz: bate dos huevos en un tazón, añadiéndoles algo de sal; en paralelo, en una sartén con poco aceite, sofríe dos tortitas de maíz en trocitos, sin dejar que se doren, y media cebolla picada fina; finalmente, incorpora los huevos batidos a la sartén y revuelve todo hasta cuajarse. Y la Reina de las Tempestades, en el arranque de cada jornada sólo ingiere líquidos: primero, un jarrito de barro lleno de café con canela, que elabora calentando una olla con agua y agregando, cuando está hirviendo, café soluble y dos palitos de canela en rama; y, después, un vaso grande de zumo de naranja en el que ha licuado dos trazos de papaya. En pleno disfrute de este sustento matinal, Merlín fue directo al grano:

-Hasta hora no he creído oportuno sacar a colación la conversación que hilamos en nuestro paseo al Templo de la Roca. Hesupuesto que necesitarías tiempo para reposar tanto sus contenidos como la experiencia de meditación que disfrutaste en tan magnífico recinto energético-, dijo en un determinado momento sin que nada de lo que los tres veníamos hablando le ofreciera pie para ello y, lo que aún me sorprendió más, dando por hecho que nuestra anfitriona no era ajena al asunto. –No obstante-, continuó, -ya han transcurrido un puñado de Dywrnad y, en la confianza que tenemos, me gustaría saber como lo has interiorizado y cuáles son tus actuales sensaciones-. Y adivinando lo que podía ser una actitud de reserva por mi parte al no estar solos, se apresuró a añadir: -En cuanto a la reina de las Tempestades, está al tanto de todo. Y no porque se lo haya contado, sino porque, de manera innata y espontánea, nada escapa a sus facultades telepáticas, psíquicas, intuitivas e inspirativas-. Ante lo que ella se limitó a mirarme con afecto, a la par que desplegaba una suave sonrisa en la que leí que también estaba interesada en mis reflexiones al respecto.

-No tengo inconveniente alguno en contaros detalles-, respondí con sinceridad, -pero se pueden resumir en una sencilla frase: ¡todo encaja!. Os confieso que sentí un cierto desconcierto inicial, cargado de emociones contradictorias, pero pronto le siguió el hondo sentimiento de que lo que afloró aquella mañana era ya para mi perfectamente conocido, aunque se mantenía escondido en una dimensión de mi ser más profundo que el plano racional-.

Bebí unos sorbos de café con leche y guardé unos instantes de reflexión antes de continuar:

-Gracias a ello, ahora entiendo cosas que antes me aparecían veladas; y me explico hechos y circunstancias de mi presente vida física que siempre presentí que echaban sus raíces en otro tiempo y lugar. Y he logrado sistematizar determinadas meditaciones y percepciones que se venían acumulando en mi interior de manera inconexa, con lo que se han transformado en diáfanas y transparentes, llenando de luz lo que antes permanecía en nebulosa-.

Las palabras salían de mi boca a borbotones, sin titubeos y sin ningún pensamiento previo que marcara su hilo conductor, como un acuífero que de golpe hubiera roto la superficie de la tierra y fluyera cual manantial. Observé a la Reina de las Tempestades y a Merlín. Era obvio que mis comentarios les habían llenado de satisfacción. Y fue el Gran Mago quien tomó la iniciativa:

-No dudaba de que así sería, pero no tenía claro el tiempo que tardarían en germinar el sentimiento y el convencimiento íntimo que acabas de compartir con nosotros. Me alegro de que el proceso haya sido rápido y nada traumático. Y, por esto, te pido dos cosas-.

-Dime Merlín-, le expresé en un tono que manifestaba mi absoluta disposición a dar cumplimiento a sus deseos.

-Primero, que rindas el homenaje que se merece al punto energético en el que estalló tu interior.-

-Te refieres al Templo de la Roca…-.

-Su origen remoto radica en un arcaico enclave dedicado a Astarté, apelativo griego coincidente con la Ashtart fenicia, la Inanna sumeria, la Ishtar acadia y un amplio etcétera. Más allá del nombre otorgado en cada época, se trata de una deidad femenina que simboliza el culto a la Vida y a la Madre Naturaleza y que todas las culturas han asociado invariablemente al planeta Venus. Por ello, en tiempos antiguos, al Templo de la Roca se le denominó Luciferi Fanum-.

-¿Qué significa?-, pregunté con los ojos puestos en Merlín, que se disponía a apurar los huevos con migas de maíz, aunque fuela Reina de las Tempestades, que ya había dado buena cuenta del café con canela, quien cogió el testigo:

-En latín, “lucifer -era –erum” puede ser traducido como “luminoso” o “brillante”; y “lucifer –eri” como “estrella matutina”, “lucero” o, más exactamente, el planeta Venus. Y “fanum, i” remite a un “lugar sagrado” o “Santuario de la Divinidad”. En tu idioma, aunque poco utilizado, pervive el término “fano”, sinónimo de templo. Por tanto, la interpretación más correcta de Luciferi Fanum es Santuario de Venus; y de Fanum, sin otros aditivos, Santuario de la Divinidad-.

-Pues fijaros-, moví la cabeza alternativamente en dirección a ambos, -mientras os escuchaba he recordado que el geógrafo e historiador griego Estrabón cita en su obra Geografía el topónimo Luciferi Fanum cual apelativo de un lugar ubicado en la provincia Bética romana, la Andalucía de hoy. Puede tratarse de la actual Sanlúcar de Barrameda, ciudad gaditana próxima a donde resido, que como Luciferi Fanum fue nombrada en alguna bula papal y que tal lema exhibe en su escudo. En su término municipal se descubrió, en unas excavaciones arqueológicas realizadas hace varias décadas, las ruinas de un arcaico templo dedicado precisamente a Astarté-.

-Curioso,…-, ahora fue Merlín quien terció en la plática. -Quizá se trató de una denominación común hace dos milenios. Por ejemplo, también el genial arquitecto e ingeniero romano Marco Vitruvio, que vivió en el siglo I a.c. y es famoso por el célebreHombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci, describió en su libro De Architectura la Basílica de Fanum, asegurando que la construyó en la colonia Julia Fanestris. Distintos expertos la han relacionado con la basílica de Ordona, en Italia, cuyas medidas, aunque se halla prácticamente destruida, coinciden con las descritas por el arquitecto latino-.

-Pero bueno, Merlín-, le interrumpí en tono amable temiendo que tantas divagaciones terminarán por alejarnos del norte de la conversación, -¿qué deseas exactamente que haga para dar al Templo de la Roca el homenaje que mencionabas?-.

-Muy sencillo: que el día que abandones Ávalon y regreses a tu hogar, crees allí algún tipo de entidad, asociación o figura similar a la que llames “Fanum” y que, como “Santuario de la Divinidad”, centre su actividad en promover y difundir los saberes que adquieras en la Isla de Cristal y poner un grano de arena en la expansión consciencial de tus congéneres.-

Sentí como, si de pronto, el Gran Mago hubiera echado sobre mis espaldas una pesada carga. Pero también que no podía replicar con una negativa:

-La propuesta me pilla totalmente de improviso y no tengo ni idea de cómo podré plasmarla en la realidad, pero basta que tú me lo solicites para que me comprometa a llevarla a cabo en cuanto retorne a mi tierra. La Providencia me ayudará-.

-Muchas gracias, Emilio. Seguro que lo harás muy bien-, concluyó Merlín, a la par que se levantaba de la mesa dando por finiquitado el desayuno y con evidente intención de cerrar nuestra charla.

-Pero…-, reclamé su atención antes de que saliera de la pequeña sala anexa a la cocina donde acostumbrábamos a compartir la primera ingesta del día, -… me hablaste de dos peticiones y sólo has formulado una-.

-Tienes razón. La segunda te la planteará nuestra querida anfitriona-, exclamó en voz alta mientras se alejaba de nosotros-.

Sin permitir la más leve pausa, la Reina de las Tempestades acercó su silla a la mía asiendo su parte superior con la mano derecha, mientras con la izquierda sostenía el vaso, aún medio lleno, de zumo de naranja con papaya, y prosiguió como si tal cosa la conversación.

-Es algo más simple e inmediato que lo de “Fanum”. Y está motivado por el cariño que has sabido granjearte entre todos los que conformamos la pequeña comunidad de Ávalon-.

-El que yo siento por vosotros no es menor…-.

-Aunque lo hayas asimilado adecuadamente, lo que descubriste junto a Merlín en la ruta de los acantilados forzosamente ha tenido que romper muchos de tus esquemas vitales, externos e internos. Ya en sí, la reencarnación de las almas resulta un dislate en la visión de numerosas personas. Y tildarían de auténtica locura la hipótesis de que haya algunas que, previamente a su encarnación en el plano humano, lo estuvieran en seres de Sirio que, hace 200.000 años, “aterrizaron” en la Tierra en el marco de una misión dirigida a aportar energía consciencial a la Humanidad y al planeta-.

-Sí, efectivamente. Yo sé, siento y experimento íntimamente que es la verdad, pero reconozco la imposibilidad de su aceptación para la mayoría de las personas-.

-Y tú mismo-, la Reina de las Tempestades hizo su entonación especialmente incisiva, -corres el riesgo de dejarte arrastrar por esa verdad, en el sentido de anclarte en tan singular pasado que ahora conoces, obsesionándote con él y gastando muchas fuerzas en el intento de poner orden a lo acontecido desde entonces y la cadena de vidas que te ha traído hasta ser hoy quien eres-.

Lo que me advertía la Reina de las Tempestades no distaba demasiado de algunos temores e inclinaciones que ya habían brotado en mí, por lo que dejé que continuara con un leve gesto de asentimiento:

-Es algo que debes evitar, pues la vida no es el ayer, por intenso que haya sido, por atractivo o enigmático que te parezca, sino el ahora. Todo lo que has sido, está en ti y lo eres ahora, no tienes porque mirar hacía atrás. Es crucial que lo tengas muy en cuenta. Y para apoyarte en ello, lo que te pido es que nos acompañes al encuentro que próximamente mantendré con un nutrido grupo de hadas jóvenes en el que procuraré ilustrarlas acerca de la importancia de vivir el presente y no caer en las falacias derivadas de esas ilusiones mentales que llamamos pasado y futuro. No quiero obligarte, ven con nosotras sólo si te apetece, pero de verdad considero que te vendría muy bien-.

La Reina de las Tempestades me pareció un ser muy profundo cuando la conocí. Desde entonces, de múltiples formas, me había venido confirmando tal impresión. Sin embargo, es bastante callada, desde luego mucho menos abierta que Nimue, Merlín o Morgana. Por ello, la posibilidad de acceder a algunos de los saberes que atesora constituía un valor añadido a sumar al interés que el tema a abordar, atendiendo a las circunstancias, ostentaba para mí. Debido a todo lo cual, le contesté casi sin pensarlo:

-Dalo por hecho. Te agradezco la invitación y la acepto encantado-.

-Magnífico,… Eso sí, te pido que hasta la fecha del evento desempolves tus conocimientos acerca del funcionamiento de la mente, pues es la base para entender e interiorizar lo que en él desarrollaremos. ¿Qué sabes al respecto?-.

-Hace años leí bastante sobre la mente, su poder y su actividad. Como todo el mundo, sé que se sitúa orgánicamente en el cerebro y que es un maravilloso producto de la evolución de la vida orgánica en la Tierra. Constituye una avanzadísima computadora biológica con unas prestaciones tan extensas, diversas y especializadas que, como la ciencia reconoce, aún no han podido ser suficientemente analizadas ni comprendidas. Para hacer factible esta amplia gama de funcionalidades, el cerebro se estructura en dos hemisferios, izquierdo y derecho, que se ocupan de cosas diferentes debido a una división del trabajo resultado de la citada evolución. Están separados, uniéndose sólo por medio de un cuerpo calloso compuesto por 300 millones de fibras-.

-Recuerdas cómo se articula exactamente esa división del trabajo-.

-En el hemisferio izquierdo radican las prestaciones fundamentales para el adecuado discurrir de la esfera material de las personas y su quehacer cotidiano en el mundo tridimensional al que el cuerpo físico pertenece. Este hemisferio piensa lineal y metódicamente y se centra en el pasado y el futuro. Registra el colosal collage de cuanto ocurre y acontece; analiza detalles y más detalles de los mismos detalles; clasifica y organiza toda esa información; la asocia con todo lo que aprendimos en el pasado; y la proyecta hacia el futuro con sus posibilidades y alternativas. Para ello, utiliza los datos facilitados por nuestros sentidos, es decir, los que derivan de ver, palpar, oír, oler y degustar; procesa la experiencia adquirida y los instintos básicos, como el de conservación, que cual mamíferos poseemos; y, como herramienta de supervivencia en el medio tridimensional, posibilita que cada uno se considere un ser individual y fabrique mentalmente la noción de un yo y una personalidad. Es el ego con el que, olvidando otras dimensiones de su ser, muchos humanos transitan por un mundo hacia el que vuelcan sus deseos, apegos miedos y frustraciones, pero que contemplan, a la par, como ajeno y hostil-.

-Y, en consonancia con ello, el hemisferio izquierdo piensa en clave de lenguaje- afirmó taxativamente la Reina de las Tempestades.

-Se trata del diálogo interno que continuamente pone en conexión el yo con el mundo exterior. Esto hace posible que nuestras ideas y sueños estén conectados a una realidad compartida, evitando que se conviertan en delirios (esquizofrenia, trastorno bipolar,...). También es la vocecilla que me indica “no olvides pasarte por el supermercado y comprar esto y aquello para la comida de mañana”; la inteligencia que me recuerda cuándo tengo que ir a una cita o planchar la ropa. Y es la voz que me dice que existo como yo. Bajo su influjo, me contemplo como una sola persona sólida, fragmentada del flujo de energía que me rodea, separada del otro y de lo otro y con sentido de sus límites corporales, dónde empiezan y dónde terminan, dejando de ser átomos y moléculas que se mezclan con los de los objetos y cosas que me rodean-.

-¿Y qué me dices, Emilio, del hemisferio derecho?-.

-Pues que si bien es menos conocido, sólo en la actualidad algunas investigaciones empiezan a mostrarlo, la mente proporciona igualmente utilidades de excelencia al servicio de la dimensión no estrictamente física del ser humano; esto es, para lo que en términos trascendentes se denomina Espíritu, Ser o Yo verdadero. De ello se ocupa precisamente el hemisferio derecho, que se centra en el aquí y ahora y mantiene abierto los conductos y canales que permiten que el ser humano y su cuerpo interactúen con la unidad material y no material a la que pertenece y en la que se integra. En este orden, aporta funciones y mecanismos que se mueven en el campo de lo irracional, intuitivo, inspirativo y sensitivo; vive plenamente el presente más allá del tiempo y el espacio; y percibe y trata información que los sentidos físicos no pueden aportar-.

-Y ahí el lenguaje pierde significación-, me apuntó.

-¡Y tanto!. No en balde, el hemisferio derecho piensa en imágenes. La información le llega en forma de flujos de energía de manera simultánea desde todos nuestros sistemas sensoriales, hasta conformar el cuadro completo de la apariencia del momento presente: cómo se ve, a qué huele, a qué sabe, qué se siente y cómo suena el presente. Permite que nos contemplemos como seres de energía, conectados a la de nuestro entorno y a la familia humana y al planeta, que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. Y, con esta percepción, nos vemos perfectos y hermosos-.

-Bien, bien,…-, la Reina de las Tempestades apuró su zumo. –Y recuerda que a los hemisferios izquierdo y derecho se le suma la glándula pineal, que según Descartes conecta el cuerpo con el alma. Está situada entre los tubérculos craneales y con sus 5 milímetros es una espléndida antena de radiofrecuencia. Y vía ganglio cervical, se une a la retina, con lo que convierte la información lumínica en secreción hormonal. La conjugación de estas funciones la convierten en el célebre “Tercer Ojo” del que nos hablan tantas tradiciones. Todo lo cual conduce de nuevo la conclusión fundamental que tú antes señalaste: la mente no sólo está al servicio de nuestra dimensión física, sino también de la energética y espiritual. En el encuentro con las hadas explicaré hasta que punto esto es así-.

-No me has dicho cuándo y dónde tendrá lugar…-.

-Dentro de cinco Dywrnad, tras el desayuno, en el Tor. Ya sabes, la edificación que hay en la colina que colmata el Laberinto de las Diosa-.

-¡Allí estaré!-, le aseguré besándola en la mejilla y despidiéndome de ella.

-¡Estupendo!-, dijo devolviéndome el beso, tras lo que me guiñó su ojo izquierdo y me apostilló: -Por cierto, varias hadas “mayores” colaborarán conmigo para que la reunión sea lo más fructífera posible. Nimue será una de ellas-.

El llamado Laberinto de la Diosa es una serpenteante y empinada senda de kilómetro y medio, aproximadamente, que hunde sus raíces en un camino iniciático diseñado por druidas y druidesas hace miles de años. Arriba se localiza el Tor, una estilizada torre anclada en medio de una construcción de un solo cuerpo, a medias entre fortín, palacete y monasterio medieval, que los habitantes de Ávalon estiman ligado históricamente a la energía femenina y al mundo de la Diosa-Madre. Enla actualidad se usa como escuela-residencia de hadas.

Según me contó Morgana al poco de mi llegada a la Isla de Cristal, el Tor se ubica encima de una gran falla telúrica a la que denominan Línea del Dragón. Arranca en la India, cerca del Himalaya y de ella recibe el Tor una energía muy especial que lo ha convertido en el sitio predilecto para la formación de hadas. La edificación está rodeada de un extenso bosque repleto de árboles de origen celta, destacando los frondosos robles que jalonan el Laberinto de la Diosa. Los más emblemáticos reciben del nombre de Dog y Madog, a los que se considera guardianes de la Torre del Tor.

Sobre el encuentro con las hadas jóvenes que disfrutaré en tan excepcional lugar os informaré pormenorizadamente en la próxima Crónica.


 VAMOS A CONTAR MENTIRAS

Me desperté de muy buen humor el Dywrnad del encuentro organizado con las hadas jóvenes, que os anuncié en la anterior Crónica. Estaba alegre ante la perspectiva de la jornada que tenía por delante, que presentía llena de hermosas sorpresas. Al desayuno faltó la Reina de las Tempestades, que muy temprano había marchado ya en dirección al lugar del evento para cerrar los últimos detalles. Merlín me deseó que la experiencia fuera muy fructífera. Y, nada más levantarme de la mesa, también yo me encaminé hacia el Tor, que no está muy alejado de donde resido.

Tras recorrer el Laberinto de la Diosa, accedí a la edificación, entrando por su puerta frontal. Al poco de atravesarla, fue Nimue quien me salió al paso:

-¡Hola, Emilio. Bienvenido a la Casa de las Hadas!-, me saludó con entusiasmo y utilizando el sobrenombre con el que al Tor se le conoce en la Isla de Cristal.

-¡Buen Dywrnad, Nimue!-, le respondí para después unirme a ella en un beso en el que volqué la felicidad que me inundaba.

Cogidos de la mano nos dirigimos al salón principal del recinto. La noche anterior cenamos juntos, por lo que Nimue ya me había adelantado algunos pormenores de la reunión, recalcándome que las hadas con las que me encontraría ostentaban el calificativo de jóvenes no en razón de la edad, sino porque era recientemente cuando habían experimentado la transformación en tales, siendo aún noveles en el uso de sus poderes y dones. Por esto, además, no habían perdido su condición esencial de seres humanos, por lo que las enseñanzas que se les impartirían valen igualmente para cualquier persona. Las encargadas de ello serían la Reina de las Tempestades, que actuaría cual Maestra de Hadas, y la propia Nimue y sus íntimas amigas Elaine e Igraine, que harían la labor de Maestras Auxiliares. Las convocadas superaban el medio centenar y procedían de una gran variedad de puntos de Europa y Norte de África. Desde luego, suponía un privilegio en toda regla participar como invitado en una cita tan singular y plena de fuerza femenina. –No te inquietes. Tienes tu lado femenino muy desarrollado. Recuerda que tu primera encarnación humana fue en una mujer-, me animó Nimue durante la cena para que diluyera cualquier tipo de recelo.

Cuando entramos, el salón estaba repleto, con todas las hadas ya instaladas en cómodas sillas que configuraban un gran círculo multicolor, dada la variedad y viveza cromática de sus atuendos. La Maestra de Hadas se hallaba de pie en medio del mismo. Su indumentaria contrastaba con el resto, pues vestía una austera veste de terciopelo negro, sin dibujo o distintivo alguno, que le cubría desde el cuello hasta los tobillos, amén de los brazos. Me saludó alzando y moviendo el derecho e indicándome con el izquierdo el sitio que debía ocupar, frente a ella y en lado opuesto al asignado a Nimue, que se sentó a su espalda, junto a Elaine e Igraine. Tomé asiento un tanto ruborizado, pues, por motivos obvios, era el centro de atención de todas las miradas. Y de uno de mis bolsillos saqué una pequeña grabadora que puse en funcionamiento, ya que la Reina de Tempestades me había autorizado a registrar lo que se allí se hablara al objeto de facilitar su posterior transcripción en estaCrónica.

Tras unas breves palabras introductorias, la Maestra de Hadas entró en materia. Su voz era calida y pausada:

-El potencial operativo de la mente es colosal, inmenso. Tanto que, como si de un ordenador de última generación se tratara, su rendimiento no depende estrictamente de ella, sino de la cualificación del usuario. Y si en los ordenadores tal cualificación viene definida por los conocimientos y pericia del operador, en el caso de la mente está en función del grado de consciencia de la persona. Por lo que cabe afirmar que la mente está al servicio de la consciencia.

La manifestación de la Consciencia es el “Ser Consciente” que se atribuye a Buda, o el “Yo Soy el que Soy” con el que Jehová responde a Moisés en el pasaje bíblico del Libro del Éxodo. En el plano de los seres humanos, está relacionada con la honda interiorización de lo que somos: una unidad energética y vibracional, integrada a su vez en la Unidad de cuanto existe, en la que confluyen de manera armoniosa y equilibrada una dimensión interior y espiritual (alma y espíritu) y otra exterior y material (cuerpo). La consciencia hace factible tal confluencia y plasma la adecuada conexión entre esas dos dimensiones.

Con esta base, cuando el nivel consciencial es bajo, la conexión falla: la persona está desconectada de su Ser profundo y carece de una dirección consciente. Ante esta ausencia del Yo interior en el timón, la mente activa una especie de piloto automático, valga el símil, que suple tal déficit. Se trata del ego, que desarrolla un yo y una personalidad ante las necesidades de conservación y actuación en el mundo tridimensional. Frente al Yo interior, creación divina y de esencia divinal, es un yo no sólo pequeño, sino también falso, en el sentido de que es una creación de la mente, un objeto mental. Pero no es menos cierto que resulta imprescindible para la supervivencia y actividad del ser humano ante la ausencia de un mando consciente.

En cambio, cuando la persona disfruta de consciencia, la conexión entre sus componentes trascendente y material está operativa; y el Yo Verdadero asume la dirección. El piloto automático, el ego, no es preciso, por lo que la mente lo mantiene desactivado. Además, en vez de usar y canalizar su energía y capacidad para el funcionamiento y desarrollo del ego, las pone al servicio del Yo profundo-.

La Reina de las Tempestades interrumpió su disertación para beber un poco de agua. Tras lo cual, se giró sobre si misma y se dirigió hacia una silla que se había mantenido vacante entre Nimue y Elaine, exactamente frente a mí, quedando la primera a su derecha y la segunda a su izquierda, mientras Igraine permanecía codo con codo con Nimue. Ya sentada,continuó su exposición:

-Por lo enunciado, es la cualificación consciencial del usuario lo que determina el papel y el rendimiento de la mente, que está siempre a nuestra entera disposición en su vasta capacidad funcional. No obstante, al igual que distintas tradiciones y culturas religiosas se han empeñado a lo largo de la historia en satanizar el cuerpo físico, el desconocimiento de lo que se acaba de explicar ha provocado que otras dirijan sus fobias contra la mente, culpándola de la existencia del ego y de la interminable sucesión de pensamientos que por ella fluyen sin control. Pero cuerpo y mente son, como el espíritu o el alma, creaciones divinas; nada “malo” hay en ellos. La mente, en particular, es un prodigioso tesoro biológico-tecnológico a nuestro servicio, incluida nuestra esfera espiritual. Y es un instrumento neutro, cuyo potencial resulta más o menos rentabilizado dependiendo de la cualificación del operador, esto es, del grado de consciencia de cada cual.

Eso sí, cuando tal grado es reducido, el funcionamiento del piloto automático sumerge a la persona en un mundo de creaciones mentales. Al ego, una creación mental, no se le puede pedir otra cosa, no da más de sí. Lo que provoca que muchos seres humanos vivan en un mundo de ilusiones mentales mayoritariamente marcado por la insatisfacción y la infelicidad. Pero es de género estúpido responsabilizar a la mente de esto, cuando se limita a cumplir con su obligación: activar un mecanismo supletorio por la carencia de dirección consciente y ante necesidades primarias de conservación y actuación en la tridimensionalidad.

La mente, pues, está libre de “culpa” y somos nosotros los que debemos mirar hacia nuestro interior y elevar el grado de consciencia. Para lograrlo, un buen procedimiento consiste en poner en evidencia las ficciones mentales en las que las personas se introducen cuando el ego asume el mando y, a partir de ello, escudriñar en nuestra dimensión profunda.

Bajo el control del piloto automático, la vida cotidiana de muchísimos seres humanos discurre sumida en una serie de mentiras que afectan sensiblemente a su sentido del yo, a la consciencia acerca de sí mismos y a la percepción sobre cuestiones tan primigenias como lo que significa pensar o lo que es vivir el presente. Entre tales mentiras, sobresalen la media docena que se enunciarán de manera sintética a continuación. En ellas habéis creído hasta ahora. Y en ellas viven encarceladas la mayoría de las personas. Elaine, Nimue y Igraine serán las encargadas de contárnoslas.

Inmediatamente, Elaine se puso en pie y comenzó a hablar. Su pelo largo, liso y negro, como sus ojos, armonizaba perfectamente con el ceñido vestido de intenso azul turquesa que lucía, dejando al aire sus brazos, buena parte de la espalda y las piernas por debajo de las rodillas. Su dicción desprendía una cierta musicalidad, al remarcar cada pocas palabras la sílaba final de alguna de ellas. No obstante, sabía captar el interés del auditorio:

-Solemos creer que es natural tener una voz en la cabeza que habla sin parar. Pero esto no es verdad; es la primera de las mentiras.

Cuando el ego está al mando, basta con que se reflexione o medite un momento para constatar que los pensamientos acuden a la mente sin previo aviso, de manera espontánea y sin autorización por nuestra parte, sin que intervenga nuestra voluntad. Parecen obedecer al dictado de algo o alguien ajeno a nosotros mismos, como si estuviéramos poseídos por una entidad extraña con sus propios deseos y prioridades.

Nos cuesta un trabajo tremendo cortar este flujo permanente y descontrolado de pensamientos. También resulta difícil concentrarse en uno concreto, pues enseguida otros pugnan por entrar en escena. Y su autonomía llega al extremo de que ni siquiera podemos evitar aquéllos que nos desagradan; por más que nos fastidien, vuelven a aparecer cuando les viene en gana. Es más, los pensamientos han logrado tal poder que aceptamos su dominio como lo más normal del mundo. Cada uno de nosotros y la civilización y cultura vigentes, la visión imperante, estima lógico que no podamos poner coto a su ritmo incesante, centrarnos en uno específico o liberarnos de los que nos disgustan.

Pero es una gran mentira: no es un hecho consustancial tener en el interior de la cabeza una especie de voz que habla sin parar y con autonomía y criterio propios. Esto se produce cuando el referido piloto automático está encendido. Si elevamos nuestro grado de consciencia, el piloto se desactiva y el Yo verdadero toma la dirección, teniendo capacidad sobrada para controlar la mente, ya sea para acallarla o para concentrarla en un tema o asunto concreto, sin interferencias o injerencias de pensamientos no invitados. Cuando aumentamos el nivel consciencial, los pensamientos están a nuestro servicio y no nosotros al servicio de ellos-.

Elaine se calló y tomó asiento, dando el relevo a Nimue. Había elegido para la ocasión un sencillo atuendo a modo de túnica de color rojo apagado que le colgaba hasta los tobillos. El cabello trigueño y muy corto hacia juego con el verde aceituna de sus iris y con el color de su indumentaria. Se le veía risueña y hasta divertida. Sin importarle las miradas, me guiño descaradamente su ojo derecho y arrancó la disertación:

-Nos identificamos con nuestros pensamientos. Pero esto es mentira, la segunda del listado. Lo cierto es que nuestro Yo y nuestros pensamientos no son lo mismo.

Nuestra rendición ante los pensamientos ha llegado al extremo de que confundimos su voz con nosotros mismos. Nos identificamos con ellos, permitimos que nos capten hasta el punto de unir a ellos nuestro sentido del yo y tejemos lo que pomposamente denominamos personalidad sobre un crisol de pensamientos que fluyen, refluyen, juzgan, prejuzgan, etiquetan y clasifican a su entero antojo.

Es ciertamente sorprendente, pues es obvio que los pensamientos campan a sus anchas. Pero, aún así, terminamos creyendo que nosotros somos nuestros pensamientos, identificándonos con ellos. De este modo, los pensamientos fabrican en nosotros un falso ego: el reiterado piloto automático, totalmente ficticio y de carácter puramente ilusorio, que afirmamos solemnemente como nuestro yo.

Pues bien, ésta es otra gran mentira, la segunda del listado. La realidad es que nuestro verdadero Yo nada tiene que ver con ese falso y pequeño yo, ni con nuestros pensamientos. Tenemos un Yo profundo absolutamente ajeno a ese ego y a los pensamientos; y para el que éstos no son sino instrumentos para la acción en el mundo en el que vivimos-.

Nimue bajó ligeramente la cabeza, como agradeciendo la atención que le habíamos prestado, y ocupó su silla. Enseguida, Igraine se levantó de la suya. Había sabido encontrar el vestido con el tono anaranjado exacto que encajaba con su caballera pelirroja y sus ojos azul esmeralda. Destacaba por su altura, pero se movía con coordinación y gracia. Tomó la palabra con voz muy dulce.



-No es verdad que exista el pasado. La existencia del pasado es otra mentira, la tercera.

Y es que el absurdo no termina en lo resaltado por Elaine y Nimue, sino que es ahí donde empieza. Primero, porque no se trata de una voz en el interior de la cabeza, sino de muchas voces que pugnan y discuten entre sí, pues tenemos muchos pensamientos a menudo contradictorios y enfrentados. Y en segundo lugar, porque los pensamientos están condicionados no por el presente, sino por el pasado, por nuestras experiencias y recuerdos. Esto nos introduce en un espectacular embrollo porque el pasado no existe ni existirá. Creer en la existencia del pasado es la tercera gran mentira, asumida sin rechistar cuando es escaso el grado de consciencia sobre quién se es y lo que es real.

El pasado existió cuando fue presente. Y las experiencias que en él vivimos las llevamos incorporadas en el ahora. No es necesario recodarlo. La memoria del pasado es algo que surge como forma mental en el momento presente. Además, tal memoria ni siquiera es certera, pues muchos sucesos del pasado los rememoramos desde la interpretación subjetiva de nuestra pequeña historia personal -sufrimientos y goces, éxitos y fracasos.-. Y ésta suele estar marcada por la insatisfacción, bien por no haber alcanzado lo deseado o porque, habiéndolo conseguido, inmediatamente aspiramos a algo más, a algo nuevo que haga nuestra vida más placentera, completa o genuina.

De este modo y aunque no nos percatemos del desatino, nuestra identidad, personalidad y sentido del yo quedan a merced de unos pensamientos contradictorios que responden a la interpretación subjetiva por parte del ego insatisfecho de un pasado inexistente. Ante esto, no puede sorprendernos que nuestro sentido del yo se halle estrechamente ligado a una sensación de frustración o, al menos, de carencia de algo, de emociones o cosas. El piloto automático, a falta de una dirección consciente, no da para más. Por lo que una gran parte de las personas notan que sus vidas no están llenas, se sienten incompletas. Cunde el desasosiego, configurado ya como santo y seña de la sociedad actual-.

Igraine concluyó su intervención con un gesto de cabeza semejante al de Nimue. Tras lo cual, volvió a tocarle el turno a Elaine:

-Tampoco es verdad que exista el futuro. La existencia del futuro es la cuarta de las grandes mentiras entre las que tanta gente pasa sus días.

Fijaos: ¿qué hacer ante el desasosiego que acaba de citar Igraine?. Pues como el ayer no nos satisface, miramos hacia el mañana. Se trata de una huida hacia adelante en toda regla. Sobre ella se construye otra falacia, la cuarta gran mentira: el futuro.

Puenteando el presente, pasando por encima de él, proyectamos el pasado, con sus frustraciones y carencias, hacia el futuro. Pero éste es sólo otra invención de la mente. El futuro sólo es real cuando ya no es un objeto mental, es decir, cuando deja de ser futuro y se transforma en el momento presente.

Sin embargo, al observar el mundo que nos rodea, es fácil constatar que el futuro se ha convertido en una droga a la que se mantienen enganchadas demasiadas personas, que se aferran al futuro cual tabla de salvación. Lo consideran imprescindible para salir del agujero emocional en el que han caído, para experimentar nuevos sentimientos y sensaciones, para poseer los objetos que precisan o les ilusionan, para ser felices.

Desde luego, el futuro es útil para las cosas prácticas, pero más allá no tiene ningún sentido. Está claro que cada cosa que hacemos requiere tiempo para completarse; y que hay acciones que han de ejecutarse hoy con la mirada en el mañana o que forman parte de una cadena de tareas que transcienden el ahora. Pero en lo que corresponda hacer en este ahora, no son futuro, sino presente. Y en éste me debo ocupar de lo que me tengo que ocupar, sean cuales sean sus implicaciones o consecuencias en el tiempo. Son las ocupaciones del momento presente, no las pre-ocupaciones por el mañana.

La realidad es que gastamos muchísima energía en las pre-ocupaciones, mientras que ponemos escasa atención en llevar a cabo las ocupaciones de la mejor manera posible. En lugar de diferenciar entre ocupaciones y pre-ocupaciones y centrarnos exclusivamente en las primeras, nos metemos en una cadena sin fin donde el pasado condiciona el futuro; y éste, cuando llega, se añade al pasado y vuelve a condicionar el futuro. La droga del futuro nos tiene desquiciados.

El futuro no existe, excepto en la mente, como un pensamiento. El pequeño yo, el ego, está siempre esperando encontrarse a sí mismo en algo que hallará en el momento próximo; anda siempre en camino hacia lo que sea. Y esto, lógicamente, provoca el llamado estrés: la enfermedad mental más común y extendida en la civilización humana-.

Al terminar Elaine, Nimue volvió a sucederle en la exposición. Esta vez, afortunadamente, no hubo guiño de ojo:

-No es verdad que vivamos en el presente. Creemos que vivimos en el presente, pero es mentira, la quinta.

Ciertamente, si a cualquier persona se le pregunta si vive en el antes, en el ahora o en el después, nos mirará con cara de sorpresa por la teórica imbecilidad de la cuestión y contestará de inmediato que en el ahora. Es lógico, pues en nuestra carencia de consciencia estamos convencidos de que vivimos en el hoy; ni en el ayer, ni en el mañana, sino en el presente. Sin embargo, esto es mentira, la quinta de la relación.

Ojalá fuera verdad que vivimos el presente, pero, como consecuencia de las cuatro mentiras anteriores, por el bajo grado de consciencia, la mayoría de hombres y mujeres estiman en su fuero interno, aunque sea inconscientemente, que el momento próximo es más importante que el actual. Y pasan sus días en plena incapacidad para vivir en el único sitio donde la vida existe: el momento presente.

La razón es sencilla de entender. El ego es una creación mental surgida de la identificación con nuestros pensamientos. Como tal, se nutre y se recrea en las invenciones y objetos mentales, espantándole todo lo que sea real. Por eso anda siempre dando bandazos entre el pasado y el futuro, meros objetos mentales. Y por eso no le gusta el momento presente, que es lo único auténticamente real.

El falso yo vive en constante oposición al momento presente o, simplemente, lo niega. Ha convertido el momento presente en su enemigo. Para él nunca es suficiente. Rara vez hay algún momento que le guste. Y cuando esto ocurre, el momento presente pasa rápidamente y se queda en el mismo estado que antes. Las quejas mentales son una manifestación de esta confrontación con el momento presente. El ego está instalado en un estado casi permanente de queja mental. Nada le agrada ni parece bastarle. Halla defectos y motivos de protesta hasta en lo más placentero o deseado. Así es como se alimenta el falso y pequeño yo: posicionándose y reafirmándose contra lo que es, contra la vida. Imponemos juicios y reducimos a las personas a un puñado de etiquetas y conceptos mentales. Y al encarcelar a los otros con los pensamientos, nosotros mismos entramos en la prisión mental.

El ego se percibe a sí mismo contra la vida, contra el Universo, contra el resto de lo que existe, que, en su labor como piloto automático, contempla cual amenaza. Es una colosal locura que aún se hace mayor debido a que el ego también necesita el mundo que le rodea para cumplir su misión y satisfacer sus aspiraciones. El ego pasa sus días -y los seres humanos que con él se identifican- en el conflicto descomunal y permanente derivado de rechazar el momento presente, lo único real, la vida. Y lo agudiza necesitando de un mundo que, a la par, estima una amenaza-.

Nimue había hablado con mucha elocuencia. Parecía evidente que era la mejor expositora de las tres. Igraine la sustituyó dispuesta a contarnos la sexta y última de las mentiras:

-No es verdad que seamos lo que somos. Estamos convencidos y nos parece una obviedad que somos lo que somos. Pero esta es otra mentira. Y hace de corolario de las cinco precedentes, siendo el máximo exponente de las consecuencias del reducido nivel consciencial. Radica en el hecho de que cada uno está convencido de que vive su vida. No puede ser de otra manera, nos decimos. Nos consideramos conscientes de lo que hacemos, de lo que queremos,... de lo que somos. Pero tampoco esto es verdad.

No tenemos consciencia de nuestro ser real, el verdadero Yo, sino del piloto automático con el que nos identificamos; algo que nuestra mente, ante la ausencia de mando consciente, ha tenido que inventar por necesidades de supervivencia y actuación en la tridimensionalidad. Hemos desarrollado una consciencia de los objetos: no somos lo que somos, sino lo que pensamos que somos; nos vemos a nosotros mismos como objetos mentales. El ego es una creación de la mente: mi pequeño yo, mi pequeña historia, mis emociones. Y busca su felicidad en los objetos mentales, sean teorías, creencias, suposiciones, preocupaciones, emociones estimulantes,…

Sin duda, todas estas cosas tienen su lugar en este mundo, pero no para que nos identifiquemos con ellas, no para que creamos que esos objetos y formas mentales constituyen nuestro ser, el “nosotros mismos”. Pero lo hacemos. Y el resultado final es la frustración, la insatisfacción: la demencia ante la pérdida de conexión con la genuina dimensión del ser humano, nuestro verdadero Yo-.

-¿Cómo activar tal conexión?-. Completada por las tres Maestras Auxiliares el listado de mentiras, era la Reina de las Tempestades quien, sin incorporarse de su silla, tomaba otra vez la palabra. –Para conseguirlo, resulta de gran ayuda examinar nuestra dimensión profunda a través de su relación con el único sitio donde la vida realmente existe: el ahora. Para ahondar en ello nos volveremos a ver mañana, aquí mismo y a idéntica hora que hoy. Vaya por delante que esa dimensión profunda existe fuera del tiempo; que nada tiene que ver con los pensamientos, conceptos, juicios y definiciones; y que no se identifica ni se llena con objetos materiales, mentales y emocional. Os pido que lo que queda de Dywrnad lo utilicéis para reflexionar en silencio y meditar interiormente sobre lo que Elaine, Nimue e Igraine os han expuesto. ¡Muchas gracias por vuestra atención!-.

Las hadas jóvenes prorrumpieron en un fuerte aplauso al que yo me uní de inmediato, aunque la Maestra de Hadas se apresuró a indicarnos con sus gestos que cesáramos en ellos. No obstante, la batida colectiva de palmas no era una reacción protocolaria, de mero cumplimiento, sino signo de reconocimiento ante el fondo y la forma de las intervenciones, por lo que aún se prolongaron varios hanadles más.

Antes de abandonar la sala, me acerqué a la Reina de las Tempestades para expresarle mi enhorabuena por la marcha del encuentro, agradeciéndole nuevamente que me hubiera invitado al mismo. Y felicité también a las Maestras Auxiliares, que, la verdad, habían estado brillantes. Nimue se colgó de mi brazo derecho y me susurró en el oído:

-Tras el trabajo, el descanso. Con tanto hablar, me ha entrado mucha hambre. Vámonos a comer los dos solos a algún sitio tranquilo-.

Dicho y hecho, nos alejamos del Tor hasta el Dywrnad siguiente. Lo que aconteció en él será ya materia de otra Crónica.


PRÁCTICA DEL AHORA (1/2)

El tiempo pasó con inusitada rapidez. Casi sin darme cuenta, de nuevo me hallaba en el salón del Tor, sentado en la misma silla e inmerso en idéntico contexto multicolor, dispuesto a disfrutar la segunda jornada de aquel muy singular encuentro de hadas jóvenes en el que me había colado gracias a la invitación de mi anfitriona en Ávalon, la Reina de las Tempestades. Fue precisamente ella, al igual que en la sesión anterior, la encargada con sus palabras de romper el fuego.

-Os recuerdo que terminamos ayer planteando la necesidad de activar la conexión con nuestra dimensión más profunda, nuestro verdadero Yo, incrementando nuestro nivel de consciencia. Y que, para esto, es muy útil examinar tal dimensión a través de su relación con el único sitio donde la vida realmente existe: el ahora. La vida llena y abundante es la eterna. No está sujeta al tiempo; es el momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve. Nuestra dimensión profunda se encuentra donde el ego nunca la buscaría: en el aquí y ahora-.

Vestía la misma veste negra que el Dywrnad precedente. Observé que Elaine, Nimue e Igraine tampoco habían mudado sus ropajes. Me agradó este hecho, pues nunca he llegado a comprender la necesidad, aparentemente femenina, realmente egóica, de no repetir ropaje ante un mismo público. Ahora bien, más allá de esta similitud formal, se les notaba mucho más concentradas, incluso con cierto aire de preocupación. Deduje que barruntaban interiormente que los contenidos de la sesión de hoy resultarían más difíciles de interiorizar por parte del auditorio.

-No obstante-, continuó la Maestra de Hadas, -el momento presente cuenta también con dos dimensiones: la superficial y cambiante; y la subyacente y fija. La primera es la forma del momento presente, sus contenidos percibidos por nuestros sentidos. Y es cambiante. De un momento a otro varían los sonidos, silencios y ruidos; las luces y las sombras; la respiración y otras facetas corporales; las circunstancias personales y del entorno; las situaciones, lugares y paisajes; los estados de ánimo; la temperatura y la climatología; los olores y lo que el tacto toca; los pensamientos que transitan por la mente; los sentimientos y emociones; etcétera. La segunda, la esencia subyacente por debajo de las formas, es la existencia, la vida misma, que siempre es ahora y nunca será no ahora. La existencia es “ser” y “ser” es ahora; no cuando fue, ni cuando será; no es un pensamiento o un objeto mental. Es el ahora; es “Ser”; es lo “Real”.

El ego, en su pilotaje automático, transitando entre creaciones mentales, ni sabe en qué consiste la esencia subyacente del momento presente. Sólo reconoce su aspecto superficial, la forma del ahora, que muta permanentemente. Por ello, el pequeño yo cree que es el propio momento presente el que se transforma de momento en momento. Casi ni existe, llega a pensar, dada su volatilidad, oscilando entre el momento que ya ha pasado y el que después vendrá.

Pero hay una esfera no superficial del momento presente que escapa a la comprensión del ego. Valga el ejemplo de un río, verbigracia el muy milenario Danubio, cantado en tantas piezas musicales, que fluye desde tiempos remotos por tierras europeas. El falso yo, sentado a su orilla, sólo atiende a las formas y observa el curso de sus aguas, que en un punto concreto varía a cada momento o baja más o menos caudaloso. Es incapaz de entender que el río, por encima de tales cambios, es el río; que el Danubio existe y es con independencia de las formas que adopte, más allá del discurrir de sus aguas, de las modificaciones de su caudal y del transcurrir del tiempo-.

Elaine se incorporó y comenzó a hablar a la par que la Reina de las Tempestades tomaba asiento. Era obvio que se mantendría el turno de intervenciones de la primera jornada.

-Lo mismo ocurre con el ser humano, que, como el momento presente, cuenta con una dimensión superficial, su forma percibida por los sentidos, y otra subyacente. La primera es la persona temporal, cuya fisonomía y circunstancias mutan a cada momento y cuyo fin, al cabo de unas pocas décadas, se halla en el cementerio. Allí serán enterrados o quemados todos sus anhelos, dramas, temores, ambiciones, éxitos y fracasos; allí quedará su forma reducida a polvo o ceniza. Por el contrario, la esencia subyacente no sabe de variaciones ni de muertes. Es inalterable, es la existencia, es el ser; el verdadero Yo, no el falso y pequeño yo; lo único real.

Contemplar lo transitorio y efímero del momento presente, sea de un río o de un ser humano, es una buena manera no sólo de percibir la forma, sino, igualmente, de percatarse de la esencia subyacente: el ser; el ahora ajeno a las formas y sus modificaciones. Se “es” en el ahora, en el momento presente. La forma de éste sí se transforma continuamente, pero sólo la forma. Por debajo del cambio hay algo que no tiene forma. Y ese algo no es “algo”; es sólo algo cuando pensamos en él y pretendemos llevarlo al mundo del ego. Pero, realmente, carece de forma, no es un objeto mental: es Existir, este momento, ahora, Ser-.

La musicalidad de su voz, subrayando de manera cíclica las sílabas últimas de las palabras, era hoy aún más notoria que ayer. Jugó un segundo con un mechón de su abundante y hermosa cabellera negra y continuó la exposición.

-No se puede ir más allá de este punto con el entendimiento. De hecho, ni hace falta ni es conveniente. Paramos el ajetreo incesante de los pensamientos, nos contemplamos a nosotros mismos y sentimos internamente que ser es existir y existir es ser. ¡Ya está!. Ni más, ni menos. No necesitamos pensar en que existimos y somos. Se trata, sencillamente, de tomar consciencia de ser, de existir. La mente está a nuestro servicio, no al revés; la mente está al servicio del ser, no a la inversa. Y ser conlleva atributos y potestades que pierden su esencia -se desnaturalizan- si son mentalmente tratados. Ser, existir, no precisa de racionalización alguna. Cuando intentamos situarlo al nivel del entendimiento lo convertimos mentalmente en “algo”, lo empaquetamos en un objeto mental; y desvirtuamos de modo lamentable su esencia y entidad. Si lo nombramos, clasificamos y etiquetamos, ya no es real, sino una interpretación mental que nada tiene que ver con lo real-.

Aún vibraba en la sala el “al…” con el que Elaine había cerrado su último vocablo cuando ya Nimue le había dado el relevo en el uso de la palabra. Y como el Dywrnad anterior, me guiñó un ojo con desparpajo antes de comenzar. Ella sabía que me incomodaba; y yo sabía que lo hacía precisamente por esto.

-Por todo lo visto, hay una estrecha ligazón entre el momento presente, su forma y su dimensión subyacente, y la esencia subyacente del ser humano. Es obvio que si el momento presente existe, con sus dos dimensiones, es porque Yo existo. Si Yo no existiera, no habría momento presente ni en su forma ni en su fondo. Verbigracia, si estás aquí y ahora, oyendo estas palabras en un determinado contexto de luz, temperatura, atención,…, es porque tu “eres” (ser), porque existes. Si no existieras (ser, lo subyacente) no habría este momento en ninguna de sus posibles y cambiantes circunstancias (la forma). Y cuando terminemos la exposición y salgamos al exterior, la forma del ahora será distinta a la del momento en el que inició este encuentro o la del momento actual. Sin embargo, “algo” no habrá cambiado: el hecho de que tú eres y existes-.

Nimue guardó silencio por unos instantes, logrando que ese “existes” resonara con fuerza en el interior de todos los oyentes. Me sentía francamente bien, feliz. Parecía que cada nueva palabra pronunciada en aquella estancia fuera una llamada a mi despertar interior.

-Por tanto-, prosiguió Nimue, -el momento presente está absorbido en el Ser. Es en el Ser en donde existe la dimensión profunda del momento presente, su esencia subyacente y fija, la existencia, la vida. Y también es en el Ser donde existe la dimensión superficial y cambiante del ahora, su forma, sus contenidos. Por ello se puede afirmar que el Ser es el “espacio” en el que emanan las formas del momento presente.

Para que exista el momento presente en sus dos dimensiones es imprescindible que Yo exista. Y este hecho tan obvio nos acerca espectacularmente al Yo verdadero, al que es y existe más allá de las formas cambiantes del continuo momento presente. Más allá de lo variable y mutable que hay en nuestra vida actual o, incluso, en la cadena de vidas que podemos transitar en nuestra encarnación en este plano, hay “algo” que no cambia: el hecho de que Yo existo; y de que si no existiera, todo lo demás tampoco existiría, pues mi Ser es la referencia obligada para que exista todo lo demás que muta y se transforma de un momento a otro. Mi dimensión subyacente, ser, existir, es la esencia de la dimensión subyacente del ahora, del momento presente. Y conforma el espacio en el que el momento presente se desenvuelve-.

Igraine se levantó de su silla con extraordinaria agilidad y movió con desenvoltura la proporcionada envergadura de su cuerpo. Fijando su mirada al fondo de la sala, como si buscará algo o a alguien, arrancó su intervención.

-El que la dimensión subyacente conforme el espacio en el que el momento presente se desenvuelve es un hecho de enorme trascendencia para la vida cotidiana de cualquiera de nosotros; y son muchas y muy notables sus implicaciones en nuestra existencia, en el ahora. Al ego le parece una locura, pero hay que volver a subrayar que la única demencia es la suya cuando intenta filtrar todo por el único plano que él conoce, el mental. Pero lo real es el Ser, el Yo verdadero. Y su existir explica el momento presente en sus dos dimensiones. El Ser es el espacio en el que surgen las formas del ahora.

El Ser es la consciencia misma que permite afirmar “soy el que soy”. Todo lo demás es consciencia de objetos. La consciencia del Ser significa estar concentrado en Ser; existir en alerta y en el único sitio en donde la vida es posible: el ahora. El ahora es el Ser y en su espacio surgen las formas del momento presente, aunque el Yo verdadero esté más allá de las formas y no se llene de sus contenidos-.

De golpe, Igraine vibró de los pies a la cabeza, desplegando una extraña combinación de colores que oscilaban entre el rojo de sus cabellos y el azul turquesa de sus ojos. Impasible antes estas manifestaciones de esencia, siguió profundizando en su disertación.

-Para vislumbrar lo que significa Ser sirve un sencillo ejercicio. Basta con dejar un lapso entre dos pensamientos de los que bullen en nuestra mente. Concentrémonos e intentemos que haya un instante, uno sólo, por pequeño que sea, entre ambos. Cada uno de estos pensamientos es un objeto mental. El lapso que conscientemente dejamos entre ellos es la presencia del Ser, el Yo verdadero. Los pensamientos van y vienen incluso cuando dormimos. En el lapso en el que los interrumpimos radica la consciencia: estar muy despierto sin nombrar o interpretar el momento. Simplemente, quietud en alerta. Una quietud que está presente, igualmente, en el movimiento, en la acción. Para el Yo verdadero, la quietud es movimiento y el movimiento es quietud.

Y estamos en condiciones de lograr que en nuestra vida la consciencia que percibimos durante el referido lapso sea no sólo un corto instante entre dos pensamientos, sino que florezca e impregne toda ella, de modo que el Yo verdadero coja las riendas, en lugar del ego, y que la mente esté a nuestro servicio, no al revés. En realidad todo consiste en ser consciente de que Yo soy, de que existo, y de que mi ser y existencia es tanto la dimensión subyacente del ahora –inmutable, inalterable- como el espacio en el que surge y se despliega la forma del momento presente, mutable, variable. Y con esta toma permanente de consciencia se produce la conexión entre nuestro Yo profundo –interior, eterno y situado más allá de la mente- y el mundo y circunstancias que nos rodean (exterior, efímero y mental), que quedan así bajo el mando del Yo verdadero-.


 PRÁCTICA DEL AHORA (2/2)

Completada una ronda completa de intervenciones, la Maestra de Hadas empezó un nuevo ciclo.

-La nueva visión que esta toma de consciencia aporta es extraordinaria. Yo Soy; y todo es y se desenvuelve porque Yo soy. Si Yo no fuera, nada sería. Yo soy es la razón de cuanto existe. Y mi Yo soy es idéntico al Yo soy del otro y sólo se explica y se sostiene en la Unidad del Ser Uno.

La citada nueva visión eleva nuestro grado de consciencia por arriba del correspondiente a la consciencia de los objetos y transforma el “no” inconsciente y demente a la vida en su “sí” consciente y cuerdo; plasma en el ahora una nueva interacción con la vida que conlleva un rotundo sí a la misma que no es sólo mental, sino consciente, interiormente sentido. Esta nueva interacción radica en abandonar toda oposición o resistencia contra el momento presente y la forma y contenidos con las que aparece. La práctica que ello conlleva es fácil de exponer: dejar de nombrar, etiquetar y clasificar todo lo que nos rodea y a nosotros mismos; cesar de interpretar y enjuiciar cada cosa del mundo de los objetos, cada persona que encontramos, cada situación o acontecimiento, cada acción propia o ajena, cada pensamiento,...-.

La Reina de las Tempestades hacía gala en su semblante de un hondo convencimiento acerca de lo que decía. Oyéndola, entendí el por que de la paz y la armonía que sentía siempre junto a ella.

-Se trata de dejar de discutir con lo que es-, aseveró como si tal cosa. -Es una práctica elemental: es lo que hacen las plantas, los árboles o los animales. Y es una práctica espiritual: hace que aflore el Ser, el Yo profundo. Conseguimos la alineación interior con el momento presente; aceptamos su forma, sus contenidos cualesquiera que sean, de manera abierta y amistosa. No polemizamos con lo que es y que no puede ser de otra manera que como ya es. Lo cual no supone ni resignación ni inacción. Al contrario, hace la acción mucho más eficiente, pues se actúa alineado con la vida, no desde la negatividad del ego. Al no poner a otras personas en prisión mental, tampoco me meto en ella yo mismo. Y al no juzgar, siento y genero una paz que se convierte en bendición para cada persona que encuentro.

Comprobaremos que esta práctica, ejercitada de modo continuo en el presente, proporciona una gran sensación de libertad. No en balde, dejamos de estar atrapados en la pequeña historia del ego. Ya no hay piloto automático: El Ser toma el mando-.

La Maestra de Hadas parecía haber finiquitado su turno. No obstante, antes de sentarse, lanzó una mirada alrededor de la sala. Comprendí que buscaba captar el efecto energético que sus palabras habían provocado entre las hadas jóvenes allí reunidas. Por los ademanes con los que tomó asiento, estaba muy satisfecha del resultado. Y lo mismo dejaba translucir la expresión con la que Elaine afrontó su turno.

-Al ego le parecerá increíble que mediante prácticas tan primarias se pueda expandir la dimensión espiritual del ser humano. Le gustan prácticas espirituales más complicadas, especialmente las que proponen multitud de pasos que se extienden durante Tymrau (estaciones del año) o Flwdads (años) de ejercitación. Como le aterra el presente y se alimenta de la confrontación con la vida, con el ahora, le encanta la idea de estar largo tiempo practicando cómo llegar al futuro, cómo ser mejor. El pequeño yo se nutre de tiempo y desea tiempo para llegar a donde sea, incluso a Dios. Demasiados buscadores espirituales responden inconscientemente al mismo patrón y, en lugar de coger por los cuernos el toro del momento presente y vivir y ser de verdad en él, transitan por un laberinto de lecturas, escuelas, prácticas meditativas y experiencias esperando conseguir la iluminación en un futuro próximo.

Pero la consciencia del Yo soy y no oponerse a la vida no precisa de tiempo, pues sólo requiere el ahora. Tampoco de libros, ni conocimientos, ni estados meditativos. Nada de eso. Todo es simple e inmediato: Ser y existir, en paz con la vida; dejar de enjuiciar y etiquetar; aceptar lo que es; permanecer continuamente alineado con la forma del momento presente, un momento que es siempre el mismo, el ahora, aunque adopte formas diferentes. Desaparecen los pensamientos que antes surgían involuntariamente para juzgar y etiquetar cuanto nos rodeaba y ocurría, incluido a nosotros mismos. Fluye sin obstáculos la dimensión profunda de nuestro ser, abriéndose el espacio interior que permite al momento presente, incluida su forma y contenidos, ser lo que es. Siento íntimamente, no sólo mentalmente, el sí al ahora. Y percibo, lo que no tiene forma, el verdadero Yo, el atemporal, el que nada tiene que ver con la pequeña historia personal del falso yo cuando funcionábamos bajo la batuta del ego-.

Elaine acompañó estas últimas palabras con un exagerado movimiento de brazos y unas estridentes muecas que pretendían parodiar la puesta en escena que tanto gusta a algunos directores de orquesta. Las carcajadas fueron generalizadas.

-Al verdadero Yo lo siento como presencia. Es la consciencia pura de Ser, un estado que es alerta y, a su vez, espacio-, aseveró solemnemente mientras el ruido de las risas se disipaba. -Muchas personas, tras años de prácticas meditativas, no captan tal presencia porque buscan un objeto mental. Pero no es esto ni se le parece. Es “consciencia”: “alerta” y “espacio”. Nos percatamos de que somos el espacio para todo lo que sucede, para cada situación, sea de gozo o de dolor; constatamos que somos el espacio para el mundo exterior y traemos a él nuestra dimensión profunda.

La práctica del ahora, tan directa y sencilla, nos ayuda a elevar el grado de consciencia mucho más que cien libros o técnicas de meditación. Cuando el nivel consciencial aumenta se establece la conexión entre la dimensión interior y exterior, espiritual y material, del ser humano. Y la mente, en su sabiduría, apaga el piloto automático del ego. La toma de consciencia permite que el verdadero Yo tome la dirección consciente del ser humano y se transforme en lo que somos: el espacio en donde todo es-.

Nimue se levantó de su silla con idénticos movimientos de brazos y muecas usados por Elaine poco antes, De nuevo las carcajadas brotaron del auditorio. Cuando se fueron apagando, Nimue inicio su intervención elevando poco a poco el tono de voz.

-La “consciencia” se relaciona con “ser” y cuenta con dos esferas inseparablemente unidas: “consciencia de lo que se es” y “consciencia de lo que es”. En términos que se acaban de citar, la primera se refleja en estar “alerta”: sé y siento lo que soy (toma de consciencia de lo que se es). Y la segunda, con el “espacio”: sé y siento lo que es, sé que soy el espacio en el que surgen las formas del ahora (toma de consciencia de lo que es). “Yo soy el que soy” sintetiza de modo rotundo la consciencia de ser en su doble perspectiva: consciencia de lo que soy (consciencia de Ser), esto es, alerta; y consciencia de lo que es (consciencia de lo Real), es decir, mi ser como espacio en el que surgen las formas.

Como escribió William Shakespeare y puso en boca de Hamlet, “ser, o no ser: este es el dilema” (“to be, or not to be: that is the question”) (Hamlet. Acto Tercero, Escena I). Y ser significa poder afirmar con legitimidad y certeza “soy el que soy”. Permanecer alerta siendo y sintiendo en el ahora mi ser verdadero y subyacente, eterno, inmutable. Y constatar cómo mi ser es la forma del momento presente, lo que explica y en donde se despliegan los contenidos cambiantes del ahora. Nada es, por tanto, ajeno a mí mismo: ni, por supuesto, mi Yo verdadero, pues es mi ser; ni tampoco las formas mutables del ahora continuo, pues yo soy el espacio en el que existen y se desenvuelven-.

Llegado este punto, Nimue se sentó de improviso en el suelo y adoptó con gran naturalidad la postura tradicional de la meditación za-zen. En esta pose, continuó hablando.

-Y tomo consciencia de que cada situación cuenta con estas dos dimensiones, que no están confrontadas, sino en armonía: la profunda y multidimensional del Ser y la de las formas del mundo tridimensional. Nuestro componente corporal está en el mundo tridimensional y, desde luego, en él hay que actuar y hacer cosas. Y, bajo el mando del Yo verdadero, acometo las ocupaciones que correspondan, pero sin perder la consciencia de Ser. Por esto precisamente, la mente no activa el piloto automático, ignora las pre-ocupaciones y sitúa los pensamientos a nuestro servicio. Los que aparezcan en ella, serán los útiles y pertinentes para el ejercicio de las ocupaciones; si surgen otros, ya no tienen importancia porque no pueden hacernos infelices. Podremos seguir usando la mente muy eficazmente cuando la necesitemos, pero con la capacidad de ir más allá del pensamiento-.

Aún Nimue no había abandonado su postura za-zen cuando ya Igraine estaba incorporada de su silla para iniciar su nueva disertación. Intuí que era algo preparado para transmitir una sensación de celeridad que debía caracterizar la fase a la que habíamos llegado.

-Los conceptos ya no son importantes. Disfrutamos de un saber mucho más profundo que el que se plasma en conceptos mentales. Una sabiduría innata para el Ser interior que emana del estado sin pensamiento, en quietud y alerta. Actuamos libres de culpa y sin estrés; sin los apegos e insatisfacciones del ego; y sin resistencia al momento presente. En el fondo sentimos un estado de alerta que es la esencia del Ser. Y al adquirir esta conexión con el Yo verdadero no utilizo el ahora en otra cosa (ni acumular conocimientos, ni meditar, ni experimentar,…) que no sea Amar.

En el momento presente nuestra acción será sólo y absolutamente Amor incondicional. Un Amor que no es de este mundo, porque el mundo tridimensional es forma y este Amor radica en lo que no tiene forma, en nuestra dimensión profunda que proyectamos a las formas del momento presente. Observamos sin enjuiciar que en el mundo exterior cada persona tiene sus ocupaciones, pero que en el interior todos tenemos un mismo y único propósito: traer el Cielo a la Tierra; vivir en las dos dimensiones y ser una puerta para que la dimensión informe fluya y entre en el mundo de las formas para convertirlo no en algo hostil, sino bondadoso, con Amor-.

Igraine se detuvo unos handles y fijó su vista en mi ante de reanudar la exposición. En su mirada contemplé la misma pureza, belleza y paz que inundan toda Ávalon.

-Ya alcancé el “conócete a ti mismo”: soy consciente de lo que soy (alerta) y de lo que es Real (espacio); y siento mi Ser profundo estrecha e inseparablemente ligado a la Unidad. Un estremecimiento de quietud y movimiento me recorre energéticamente cuando me inunda tal conocimiento de mí mismo. ¡Tantas travesías buscándolo por fuera en piloto automático y resulta que lo encuentro en mi interior cuando conscientemente decido tomar el mando de mi vida!.

Y “ahora” que lo siento sé que es un estado más allá de los pensamientos e imposible de captar como objeto mental. Tal es así que esta es la mejor manera de expresar el conocimiento de uno mismo: uno no puede conocerse a sí mismo porque uno no es uno, sino Uno. Indefinible, innombrable, indescriptible e infinito; no admite definición porque ningún pensamiento, ninguno, puede abarcarlo. Y entre ese Uno y Yo no hay diferencia ni separación alguna-.

Ahora sí hubo un intervalo, incluso un largo, entre la toma de asiento de quien había hablado y la incorporación de la ponente que asumía la responsabilidad, en este caso, la Reina de las Tempestades.

-Yo soy el Ser Uno hasta el punto de que no puedo explicar con palabras la realidad de la Unión. Soy la Sabiduría y, sin embargo, me es imposible utilizar los conceptos, no tengo ningún pensamiento o definición de quién Soy porque lo real escapa de las categorías mentales. Soy un continuo momento presente en el que lo eterno se desenvuelve. Soy Creación. Soy la Consciencia e Inteligencia que me hacen Creador. Soy Creación y Soy Creador. Soy el Espacio en el que todo surge. Soy el Amor incondicional que el ego no entiende y que Yo, un estado de Dios, Dios mismo, plasmo en el plano humano para que el Amor Incondicional, Contra Resistencia, fluya en la tridimensionalidad.

Siento en lo más íntimo que Yo soy el Milagro. El mundo es, ni más ni menos, un reflejo de mi consciencia; y lo transformo por medio del incremento del grado consciencial. Y mi vida es mi responsabilidad al 100 por 100, tanto mis actos y pensamientos como los de aquéllos que se relacionan conmigo-.

La Maestra de Hadas repitió la mirada sobre la globalidad de la sala con la que cerró su intervención precedente. Aunque en esta ocasión fue el preámbulo para dar una vuelta de tuerca final a su disertación.

-El mundo no se puede cambiar pensando cómo hacerlo, con programas; no hace falta pensar cómo transformar el mundo. Descubro que para hacer otro mundo mejor posible sólo se precisan ojos nuevos (elevación del grado de consciencia) para “Ver” el mundo. La esencia del Ser es la nueva consciencia que cambia el mundo –las formas- a través mía.

El verdadero Yo dirige conscientemente mi persona. De hecho, vivo una Vida Impersonal. Actúo y realizo las ocupaciones del ahora y, al hacerlo sin cargas, en libertad plena, no doy otra cosa que lo que esencialmente soy, es decir, Amor. Así, transformo el mundo invisiblemente. También mediante palabras escritas o habladas que, de repente, vienen a mi pluma o a mi boca aunque no son mías; y por las acciones que tomo en el mundo ante ciertas situaciones, sabiendo que proceden de lo profundo del Ser y llevan energía de paz.

El nuevo mundo es el reflejo de este cambio interior. Y lo estoy construyendo Yo contigo, que eres Yo, como Yo soy Tú. Este es nuestro destino en el momento presente más allá de los pequeños destinos personales de cada uno. Concentrados en el Ser, desplegamos Amor y conectamos la tridimensión con esa dimensión que no tiene forma, con la Consciencia, Ser, Amor-.

Aunque no se sentó, la Reina de las Tempestades pasó a guardar silencio. Y Elaine, Nimue e Igraine se levantaron de sus puestos y permanecieron de pie junto a ella. Se cogieron las cuatro de las manos y la Maestra de Hadas elevó la voz para indicar que esta segunda jornada del encuentro de hadas jóvenes había llegado a su fin. E, inmediatamente informó de lo que depararía la tercera.

-Para completar lo examinado en estos dos Dywrnad, mañana centraremos nuestra atención en una práctica milenaria denominada ho´oponopono. Morgana será la responsable de enseñarnos sus contenidos-.

Y de ellos daré cumplida cuenta en una nueva edición de estas Crónicas.


9. HO´OPONOPONO (1/2)

Hacia semanas que no veía a Morgana y me alegró saludarla en la puerta principal del Tor, poco antes de comenzar la tercera jornada del encuentro de hadas jóvenes, en la que ella sería la encargada de ilustrarnos acerca del denominado ho´oponopono.

-También yo me alegro de volver a verte-, respondió con cariño a mi saludo, -así como de que asistas a la charla. Seguro que te gustarán sus contenidos. Y como ha ocurrido en Dywrnad precedentes con las intervenciones de la Reina de las Tempestades y sus maestras auxiliares, estás autorizado a grabar mis palabras y transcribirlas para tus amigos-.

-Muchas gracias, Morgana-.

-En absoluto, Emilio. Soy yo quien te agradezco que difundas mi exposición, que así podrá ser de ayuda para personas que viven en lugares muy lejanos de Ávalon-.

Correspondí a su comentario con un ligero gesto de cabeza y, antes de que pudiera decir algo, continuó hablándome:

-Como no tendré ayudantes y seré la única ponente, para evitar que las hadas jóvenes se duerman-, se río sonoramente de su propio comentario,-haré un breve descanso en el ecuador de la disertación. Si te parece bien, podemos aprovecharlo para compartir un rato de plática en el Chalice Well-.

-¡Magnífico!-, le contesté señalando ligeramente con mi brazo derecho la dirección del referido lugar, un pequeño, bello y muy cuidado jardín, considerado por las hadas cual lugar mágico, anexo a la parte delantera de la edificación del Tor.

Sin más preámbulos, nos adentramos en el salón de celebración de la reunión, el mismo que se había usado en las fechas anteriores. La totalidad de las hadas aguardaban ya en sus respectivos asientos. Y casi antes de que hubiera podido acomodarme, Morgana arrancó su discurso.

-El denominado ho´oponopono se fundamenta en la consciencia de ser y en la doble dimensión de ésta como “alerta” y “espacio” que ya fue resaltada en las intervenciones de la Maestra de Hadas y sus auxiliares. Como ellas han subrayado, la consciencia se relaciona con “ser” y cuenta con dos esferas indisolublemente ligadas: “consciencia de lo que se es” y “consciencia de lo que es”. La primera se refleja en estar “alerta”: sé y siento lo que soy (toma de consciencia de lo que se es, de quien soy). Y la segunda, con el “espacio”: mi ser es el espacio en el que surgen las formas del ahora (toma de consciencia de lo que es, de lo que es la realidad). “Yo soy el que soy” sintetiza esta doble perspectiva. Permanezco en alerta siendo y sintiendo en el ahora mi ser verdadero y subyacente, eterno, inmutable. Y constato cómo mi ser es la forma del momento presente, el espacio, el terreno de juego en el que acontecen y se despliegan los contenidos tan variopintos como cambiantes del ahora.

Nada es, por tanto, ajeno a mi Ser: ni mi Yo verdadero, pues es mi Ser mismo; ni las formas mutables del ahora continuo, pues yo soy el espacio en el que existen y se desenvuelven. Al adquirir esta conexión con el Yo verdadero, no utilizo el ahora en otra cosa que no sea para Amar. Y comprendo y acepto que tengo el 100 por 100 de la responsabilidad de todas las cosas que me ocurren y suceden a mi alrededor y de la globalidad de las formas mutables del momento presente, del ahora, de la vida. El pecado no existe, ni nadie nos juzga, pero cada uno tiene la completa responsabilidad de su vida y de los hechos, relaciones, encuentros y eventos que en ella se producen.

Este convencimiento estaba presente en antiguas culturas que creían firmemente, utilizando un símil actual, que la vida de cada cual es una película en la que uno mismo es el guionista, director, cámara y protagonista. Y en ese mismo convencimiento se basa precisamente el ho´oponopono, que nos recuerda que la vida es realmente una cadena de vidas físicas y que guardamos en nuestra memoria trascendente, en el “disco duro” sutil de cada uno, todos los pensamientos generados y experiencias acontecidas a lo largo de la citada cadena vital. Son estos pensamientos (los plenos de Amor, pero también los dolorosos y funestos) y experiencias (las llenas de Amor, pero igualmente las carentes de él y que han causado daño a nosotros mismos o a los demás) los que mantenemos en nuestro disco duro y proyectamos hacia la dimensión superficial (formas y contenidos) del momento presente y del mundo exterior. Así, esa dimensión superficial y ese mundo exterior son moldeados por nosotros mismos a semejanza nuestra-.

Gracias a la autoridad y al convencimiento con el que lanzaba sus palabras, Morgana se había ganado pronto al auditorio. Ataviada con una veste negra idéntica a la usada por la Reina de las Tempestades, se paseaba entre el publico a la par que desgranaba sus mensajes. Verla y escucharla eran un autentico placer.

-El ho´oponopono proviene de tradiciones indígenas del Pacífico, en general, y de la cultura hawaiana, en particular. Literalmente significa “acertar el paso” o “corregir el error”. De acuerdo con arcaicas creencias, el error proviene de experiencias dañinas y pensamientos frustrantes desplegados en otras vidas y que se acumulan en la memoria donde almacenamos nuestra existencia (cadena de vidas). Esta memoria trascendente, incluida la parte de la misma contaminada por tales experiencias y pensamientos faltos de Amor, aflora y se manifiesta en nuestra vida actual, reflejándose y explicando multitud de actos, sucesos y circunstancias que vivimos y nos rodean. Ante esto, la práctica del ho´oponopono nos enseña a agradecer conscientemente a nuestro Ser profundo las cosas bellas y hermosas que ahora vivimos, cual modo de subrayar y poner en valor la parte (archivos del disco duro) repleta de Amor que la memoria trascendente atesora. Y nos enseña, igualmente, a reconocer y a asumir como responsabilidad propia la totalidad de las vivencias dolorosas del presente, cual forma de eliminar y borrar la parte (archivos del disco duro) carente de Amor que la misma memoria guarda. De esta manera, ho´oponopono ofrece la posibilidad de revalorizar los archivos con Amor y eliminar los sin Amor, liberando la energía de experiencias y pensamientos cargados de daño y error que son causa y origen de desequilibrios, desasosiegos, insatisfacciones, enojos, enemistades y enfermedades.

El ser humano es una unidad energética y vibracional en la que conviven tres gamas o modos vibratorios: Espíritu o Yo verdadero (en terminología ho´oponopono, “Aumakua”, “Superconsciente” o Padre); cuerpo físico, con la mente y el intelecto como componentes más desarrollados (“Uhane”, “Consciente” o Madre); y alma, que, junto al ADN sutil (“células del alma”), almacena las experiencias acumuladas durante la cadena de vida (en ho´oponopono se llama “Unihipili”, Subconsciente” o “Niño Interior”).

Pues bien, éste último componente es el responsable de todo lo que proyectamos desde nuestro disco duro hacia las formas del mundo exterior. El Unihipili acumula los archivos de memoria, tanto de esta vida como de las restantes de la cadena de vidas que recorremos en nuestra encarnación en el plano humano; y lanza sus contenidos a las formas del momento presente, moldeándolas a nuestra semejanza. Sin embargo, el ser humano consciente está en condiciones de incidir sobre esa memoria y los archivos para afianzar las experiencias y pensamientos plenos de Amor (que se manifiestan en hechos positivos y hermosos de nuestra vida de ahora) y eliminar los llenos de odio, frustración y resentimiento (que se plasman en circunstancias y vivencias negativas y dolorosas de la vida presente).

¿Cómo hacerlo?. Por medio del Uhane o Consciente, que es a quien corresponde decidir que aceptamos al 100 por 100 la responsabilidad de nuestra vida. Esta aceptación posibilita que trabajemos en el archivo que haya generado la situación que nos afecta en la actualidad, en la idea de que todo en nuestra vida nos llega para que borremos energías perniciosas guardadas en la memoria trascendente o afiancemos los archivos llenos de Amor que también atesora-.

Morgana interrumpió su exposición y permaneció en silencio varios hanadles. Por fin, dio una pequeña palmada y exclamó:

-¡Bueno, llegó el momento de hacer un breve descanso!. Lo necesitáis vosotras y lo preciso yo. Nos tomamos el tiempo justo para resarcirnos con un tentempié y disfrutar tanto del entorno del Tor como de la hermosa climatología con la que se ha engalanado hoy la Naturaleza-.

A la par que Morgana se volvía sobre sí misma, pasando a dar la espalda al auditorio, las hadas jóvenes se levantaron de sus sillas y ordenadamente empezaron a abandonar el salón. Yo me fui hacia ella y la felicité por la marcha de la exposición. Sin mediar palabra por su parte, me cogió de la mano y me arrastro con suavidad hacia el exterior, en dirección al Chalice Well, al que nos encaminamos en silencio dando un lento paseo. En cuanto llegamos al coqueto jardín, Morgana se acomodó en el banco más cercano al Pozo del Cáliz y me invitó a hacer lo mismo.

El Pozo del Cáliz está siempre rebosante de agua fresca y cristalina gracias a un rico manantial que brota de las profundidades de Ávalon. Acostumbra a estar tapado por una plancha de piedra sobre la que luce uno de los signos más notables de la geometría sagrada: el Vesica Piscis o Símbolo de la Creación, que es también interpretado en la isla cual signo de las almas gemelas, que es lo que todas las hadas consideran que son.


 CAMPOS MORFOGENÉTICOS

Los Dywrnad se sucedieron de manera trepidante tras las jornadas que ocuparon el encuentro de hadas jóvenes. Me propuse interiorizar realmente y lo antes posible todo lo que en él había aprendido. Así se lo trasmití a Merlín en la primera ocasión que tuve. Y el Gran Mago se apresuró a darme un consejo:

-Ya has oído hablar de los campos morfogenéticos. Nosotros mismos hemos intercambiado algún comentario al respecto-, me dijo con su afable gesticulación, mientras yo me limitaba a confirmar sus palabras con un ligero gesto de cabeza.

-Pues para avanzar en la práctica del ahora y del ho´oponopono-, continuó, -te aconsejo que profundices en lo que dichos campos son y representan. Al principio te parecerá que poco tienen que ver con vivir el momento presente o con la realización del tradicional ejercicio hawaiano, pero te aseguro que llegarás a un estadio en el que percibirás claramente la estrecha conexión existente-.

Por supuesto que le hice caso. Busqué información al respecto tanto en Internet como en la nutrida biblioteca del Castillo de la Reina de las Tempestades. La localicé con facilidad y en abundancia.

Lo primero que pude constatar es que los campos morfogenéticos son parte de los llamados campos mórficos. Y que estos pueden ser definidos como patrones, modelos o estructuras de tipo inmaterial que se hallan en la Naturaleza, en general, y en cada una de las distintas especies, en particular. El biólogo Rupert Sheldrake fue uno de los pioneros en defender su existencia. Indagó para ello acerca de las causas por las que un árbol de una determinada familia se estructura de manera idéntica en cualquier punto del planeta, a pesar de las enormes diferencias geográficas, climatológicas y ambientales; o por las que miembros de una misma especie animal reproducen cambios de conducta o procesos de aprendizaje aunque no haya contacto alguno entre ellos y los separen miles de kilómetros.

En uno de sus experimentos, Sheldrake introdujo unas ratas de laboratorio en un laberinto especialmente complicado. Tras numerosísimos intentos, lograron encontrar la salida. A partir de lo cual, empiezan los datos llamativos: las crías de esas ratas fueron capaces de salir del laberinto en su primer intento; y, todavía más curioso, lo mismo ocurrió con ratas de la misma especie a las que se sometió a ese experimento ¡en las antípodas!. A partir de aquí, Sheldrake acuñó el concepto de “campos morfogenéticos” para tratar de explicar los cambios que ocurren entre miembros de una misma especie sin que haya mediado contacto “físico”, desplegando un amplio abanico de investigaciones que volcó, finalmente, en lo que llamó Teoría dela Causación Formativa.

Esta teoría examina cómo las cosas adoptan sus formas o patrones de organización, sean galaxias, átomos, cristales, moléculas, células, plantas o animales. A diferencia de las maquinas, que son artificialmente ensambladas por los humanos, todas estas entidades se organizan por sí mismas, esto, es, cuentan con formas, patrones o estructuras que disfrutan de propiedades auto-organizativas: un átomo o una molécula se organizan solos; cada proteína tiene su propio campo mórfico (un campo de hemoglobina, un campo de insulina,…); un cristal cristaliza autónomamente y cuenta con una organización inherente; los animales crecen espontáneamente; etcétera. Por tanto, su teoría aborda los sistemas naturales auto-organizados y el origen mismo de las formas que adoptan, concluyendo que la causa de éstas radica en la influencia de campos organizativos o campos formativos que denominó campos mórficos. Y las formas y patrones que asumen galaxias, átomos, células, cristales,... dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada, concibiendo las pautas y regularidades mucho más como hábitos que gobernadas por leyes físicas o matemáticas preexistentes.

Igualmente, llamó mi atención el hecho de que los campos mórficos o morfogenéticos contienen información que, una vez creados, está disponible y es utilizable con independencia del tiempo y el espacio y sin pérdida alguna de intensidad. Son campos no físicos que ejercen influencia sobre sistemas que presentan algún tipo de organización inherente. Gracias a ello, permiten la transmisión de tal información entre organismos de la misma especie sin mediar ni proximidad física ni sincronicidad temporal. Es como si dentro de cada especie de las innumerables que pueblan nuestro planeta -o el Universo- existiese un vínculo que actuara instantáneamente en un nivel subcuántico, es decir, fuera del espacio/tiempo y de la esfera tridimensional (la Tercera Dimensión de la que nos habla la ciencia) en la que trascurre nuestra vida física.

Una tarde en la que compartíamos un tranquilo paseo por uno de los bosques cercanos a su casa, hice una primera puesta en común con Nimue sobre mi aproximación a la obra de Sheldrake. En un momento dado de la conversación, me sorprendió con una contundente afirmación:

-La Isla de Ávalon es una perfecta manifestación de la memoria espiritual de la Madre Tierra y, por ende, de los campos mórficos; y una colosal prueba de la existencia y el modus operandi de los mismos. Desde aquí hemos seguido con atención los avances del biólogo y filósofo británico y hemos aplaudido desde nuestro voluntario retiro su convencimiento de que la memoria es inherente a la Naturaleza, que la guarda, preserva y transmite por vías no materiales y, por tanto, aparentemente situadas fuera de la racionalidad-.

-Cuesta trabajo asimilar tal aseveración-, me sinceré, -cuando la gente corriente tiene dificultades para recordar lo que hizo la semana pasada o para rememorar objetivamente, sin dejarse arrastrar por las percepciones subjetivas, un determinado hecho o circunstancia-.

-Ja, ja, ja… Así es, Emilio, y tiene su gracia. Pero la verdad es que lo que la mente de un ser humano pierde, arrincona, disfraza o reinterpreta no es olvidado, en cambio, por la Humanidad, ni por la Madre Tierra, ni por el Cosmos, ni por la Creación. Y la memoria de la Naturaleza y, en el caso que estamos abordando, de la Humanidad están siempre ahí, tanto a disposición de cualquiera que de manera consciente quiera utilizarla como influyendo en el comportamiento de las personas, aunque sean absolutamente inconscientes al respecto. Son influjos e impactos no visibles y cuasi virtuales que actúan a través del tiempo y el espacio.

-Es algo incomprensible-, corroboré, -desde la visión egóica que prevalece en la sociedad actual: yo (sujeto) frente al mundo (objeto) y el mundo como algo separado y hasta enfrentado con mi yo-.

-Y totalmente normal y lógico desde la Consciencia de Unidad que configura la Realidad de cuanto es y existe y constituye la esencia de Ávalon, llenando cotidianamente de energía, sabiduría innata y equilibrio la existencia en la isla. Los campos mórficos son otra muestra de la Unidad que todo engloba e integra. Y aunque hay una enorme variedad de campos o patrones, porque muchas son las modalidades de vida, la sistemática siempre es similar, lo que, por otro lado, cuestiona la selección natural darwiniana al mostrar que, habiendo multitud de combinaciones y alternativas posibles, los organismos recurren siempre a una común-.

-Este último extremo, Nimue, me ha interesado especialmente al leer a Rupert Sheldrake. Siguiendo sus reflexiones, la información que albergan los campos mórficos se comunica interactivamente a todos y entre todos los componentes de la especie, lo que demuestra una propensión a la colaboración, no a la lucha por la supervivencia-.

-Exacto. Sheldrake otorgó el nombre de resonancia mórfica al modo específico en el que se produce tal comunicación. A diferencia del instinto o morfogénesis, tal resonancia evoluciona de forma colectiva, observándose adaptaciones en gran escala y a enormes distancias en todo el planeta. Hace medio siglo, los caballos solían lastimarse con las vallas alambradas de los campos, pero en este tiempo toda la especie ha aprendido a evitar el alambre de púas. Y no solamente actúan de manera diferente frente a este obstáculo, sino que en general no reaccionan ya como sus predecesores ante otros avatares-.

-Esto me recuerda-, la interrumpí, -una entrevista efectuada a Noam Chomsky, el célebre lingüista norteamericano, en la que indicaba que es imposible explicar la rapidez y la creatividad en la adquisición del lenguaje solamente por vías de imitación. El concepto de resonancia mórfica permite comprender mejor como se produce ese proceso de aprendizaje humano del lenguaje. Y, en un sentido similar, explica por qué los rendimientos medios en los tests de inteligencia tienden aumentar: no es que las personas sean cada vez más inteligentes, sino que la resonancia transmite a la especie el aprendizaje logrado al respecto por una parte de sus miembros. Valga como botón de muestra el Test de Matrices Progresivas de Raven, que mide la capacidad intelectual de sujetos de 12 a 65 años: tras ser usado durante decenios, hoy se considera prácticamente obsoleto debido a que, aunque los nuevos usuarios no lo conozcan y no tenga un mayor nivel medio de inteligencia, tanto los adolescentes como los adultos los resuelven con mucha más facilidad que antes-.

-Sí, sí,… Emilio. Es francamente espectacular. ¡Y tan bello!-, expresó Nimue sinceramente emocionada. -Si un aprendizaje ocurre en un campo concreto en algún punto espacial, esta información queda disponible en cualquier manifestación de este campo en cualquier tiempo y lugar. Y, a través de los hábitos, los campos morfogenéticos van variando su estructura, dando pie, así, a los cambios estructurales de los sistemas a los que están asociados. El campo actúa como una especie de radio emisora que siempre está emitiendo en una franja de frecuencias específicas que define precisamente a ese campo. Por un lado, la radio, sus ondas, está permanentemente en el aire, propagando y haciendo disponibles las informaciones; por otro, también está constantemente recibiendo y almacenando nuevas informaciones lanzadas por otras radios que funcionan en la misma franja. Se configura, así, una compleja red de informaciones, con constantes “inputs” y “outputs”. A medida que van siendo repetidas y guardadas, el campo se configura en patrón morfogenético: algo así como la memoria de la especie o del individuo, lo que algunas escuelas llaman “Akasha” o “archivos akásicos”-.

Tras aquella velada, llegué a pensar que mi inmersión en los campos mórficos ya no me podía deparar más sorpresas. Me equivoqué. Y fue Merlín el encargado de hacérmelo ver durante la sobremesa de una de nuestras habituales comidas, disfrutando de la hospitalidad de la Reina de las Tempestades y compartiendo mantel y conversación con ella.

-¿Has reflexionado acerca de que los campos mórficos funcionan también en nuestra propia genética, en el ADN?-, me interrogó en un momento dado.

-¿Nuestro ADN?-, le inquirí sin entender muy bien la pregunta.

-Y tanto, Emilio. El ADN codifica la secuencia de aminoácidos que forman las proteínas, pero existe una gran diferencia entre codificar la estructura de una proteína y programar el desarrollo de un organismo entero. Es la misma diferencia que hay entre fabricar ladrillos y construir una casa con ellos. Los ladrillos son necesarios para edificar la vivienda; y la calidad de ésta dependerá de la de aquéllos. No obstante, el plano de la casa no está contenido en los ladrillos. Análogamente, el ADN codifica los materiales, pero no el plano, la forma, la morfología del cuerpo. Y es precisamente en este punto donde los campos morfogenéticos juegan su papel. ¿Entiendes?.-

-Los campos mórficos definen la existencia de un patrón o estructura energética que organiza la vida de los miembros de todas y cada una de las especies existentes-, dije pensando en voz alta. -Y se encargan de informar a las células sobre cómo deben disponerse para formar al individuo de cada especie, determinando de manera sutil los movimientos, comportamientos y tendencias de todos los ejemplares de la misma-.

-Luego-, el Gran Mago volvió a coger la batuta, -el campo mórfico no se halla en los genes, en el ADN biológico, sino en el exterior de cada individuo concreto, como una especia de holograma envolvente, interactuando con su interior a través del ADN sutil, siendo el depositario de la información esencial que permite que la vida se desarrolle-.

-Sí, lo comprendo...-.

-Pues claro,… Sólo aquellos que mantienen su mente llena de prejuicios se resisten a aceptar la existencia de los campos mórficos y piden pruebas racionales. Sin embargo, la existencia de los campos mórficos se puede probar más por sus efectos que de forma directa. La mejor manera de entenderlos es trabajando directamente con grupos de organismos estructurados. Estas sociedades de individuos pueden transmitirse información a distancia sin estar conectados por medios sensoriales conocidos. No es sencillo comprender por medios tradicionales cómo se comunican las bandadas de pájaros para cambiar de dirección con rapidez y sin chocar unos con otros. De la misma forma, es difícil conocer la naturaleza real de numerosos vínculos humanos, interpersonales y comunitarios. Se puede inferir que los campos mórficos trascienden el cerebro, nos unen a los objetos que percibimos y nos proporcionan la capacidad de afectarlos con nuestra atención e intención-.

-Lo que me trae a la cabeza, Merlín, un experimento que leí en un libro de Edgard Morin. En él, los investigadores quitaron a un árbol todas sus hojas. Ante ello, como era previsible, el árbol empezó a segregar más savia, con el fin de reemplazar las hojas que había perdido, así como una sustancia protectora contra los parásitos. Curiosamente, los árboles vecinos de la misma especie empezaron a segregar la misma sustancia antiparasitaria que el árbol agredido-.

-Las consecuencias de todo lo que estáis hablando son fabulosas-, terció en el diálogo la Reina de las Tempestades, -y se muestran espléndidamente en el famoso experimento del centésimo mono”, divulgado por la obra de Lyall Watson. En 1952, en la isla Koshima, próxima a Japón, los científicos empezaron a proporcionar a los monos de la especie Macaca Fuscatapatatas dulces que dejaban caer en la arena. Les gustó su sabor, pero las rechazaron al estar sucias por la arenilla, hasta que una mona joven las lavó y comió. Enseñó el truco a su madre y a otros compañeros jóvenes. Los monos mayores no aprendieron, excepto aquellos que tenían hijos jóvenes, quienes enseñaron el truco a sus padres. Pero poco a poco, entre 1952 y 1958, todos los monos jóvenes y sus padres incorporaron este avance. Un día de otoño de 1958, cierto número de monos -se desconoce la cantidad exacta, pero supongamos que eran 99- lavaban las patatas dulces. Y al día siguiente (supongamos también) por la mañana, el mono número cien aprendió a lavarlas. Por la tarde, todos los monos de la tribu lavaron sus patatas antes de comerlas. La suma de energía de aquel centésimo mono creó, en cierto modo, una masa crítica y, a través de ella, una eclosión ideológica. Pero lo más sorprendente es que las colonias de monos de otras islas, sin contacto con los anteriores, así del continente asiático empezaron también a lavar sus patatas dulces-.

Merlín, que había escuchado con atención y deleite las palabras anteriores, se apresuró a lanzar una potente conclusión:

-Fundamentado en este experimento y otros similares, podemos afirmar que cuando un número limitado de individuos conocen un nuevo método, sólo es propiedad consciente de ellos mismos. Pero, ¡ojo!, existe un punto en el que, con un individuo más que sintonice con el nuevo conocimiento, éste llega a todo el colectivo y se socializa para el conjunto de la especie. Lo que permite deducir que la conexión existente entre todos los seres vivos de una misma especie posibilita que todos los miembros logren un avance compartido al alcanzar lo que se conoce como “masa crítica”, consistente en un número suficiente de miembros que hayan asimilado la enseñanza en particular. Aplicada al plano espiritual, esta interacción explica el funcionamiento del denominado Cuerpo Místico o Crístico, así como el momento que vive actualmente la Humanidad, cuando está alcanzando la masa critica que posibilitará un gran despertar general y el salto consciencial junto con la Madre Tierra-.

La claridad y hermosura de estas apreciaciones sellaron mi boca. Tras unos segundos, fue la Reina de las Tempestades la que rompió el silencio:



-Nuestras conexiones con los demás son mucho más fuertes de lo que creemos; y nuestro grado de determinación e influencia en el mundo, mucho más potente de lo que nos parece. Maharishi Mahesh Yogi tiene toda la razón cuando sostiene que si el 10% de la población mundial meditase, se lograría que el restante 90% de los habitantes del planeta cambiaran su forma de pensar. Y es innegable que el presente, también el despliegue de éste que llamamos futuro, de la Humanidad y del planeta dependen de que el ser humano crezca en consciencia. O, dicho con más propiedad, de que podamos pasar de una “consciencia egóica” a otra “consciencia de Unidad”. Todo lo que hagamos en esta dirección contribuye a acrecentar la “masa crítica” que hace posible el cambio, incluido lo que personal y humildemente llevemos a cabo en nuestra cotidianeidad más inmediata. Vivir el presente, acallar la mente, buscar espacios de silencio y recogimiento interior, optar por un estilo de vida distinto del ritmo estresante que quiere imponer la sociedad actual, calibrar nuestras verdaderas necesidades y satisfacerlas con austeridad, compartir bienes, tiempo y experiencias con los demás, desarrollar hábitos de vida saludables que nos proporcionen energía y alegría o practicar técnicas como el ho´oponopono… ¡Son actos de Amor hacia uno mismo y hacia todala Humanidad que coadyuvan a la transformación y expansión de la consciencia del género humano, la Madre Tierra y la Creación en su totalidad y Unidad!-.

Tras esta conversación, percibí de manera meridiana que la meta de interiorizar cuanto antes y en profundidad lo aprendido durante el encuentro de hadas jóvenes vibraba dentro de mí aún con más fuerza que fechas atrás. Sin duda, los conocimientos acerca de los campos mórficos me habían ofrecido nuevas perspectivas. Y tomé la decisión de pasar el mayor tiempo posible en mi habitación, para que la soledad y el aislamiento forjaran el marco idóneo en el que avanzar en tal interiorización.

La meditación, la música clásica, la lectura y la escritura se configuraron en los pilares de un recogimiento que sólo interrumpía para gozar de un largo paseo matinal por los alrededores del castillo, en los desayunos y comidas para compartir un rato de charla con mi anfitriona y Merlín y a la caída de la tarde, cuando Nimue me recogía para dar otro paseo, éste más corto, y cenar luego en su casa. Fue así como pude vivenciar íntimamente todo lo que la Maestra de Hadas, sus maestras Auxiliares y, finalmente, Morgana, habían enseñando durante las sesiones del Tor.

Es muy difícil describir con palabras, máxime vertidas sobre un papel, lo que me fue sucediendo en el transcurso de los siguientes Dywrnad.

Mi primer empeño consistió en ejercitar a conciencia la Práctica del Ahora. Soy de naturaleza perseverante y apliqué este don para lograr que estar alerta en el momento presente se convirtiera en una experiencia constante y espontánea. Cuando esto comenzó a ocurrir, me embargó una felicidad muy distinta, mucho más genuina, a cualquier estado o instante feliz que hubiera podido disfrutar anteriormente. Sin embargo, no hubo tregua y, sin darme cuenta, me metí en una especie de montaña rusa en la que lo que daba bandazos era mi propio interior. Sus efectos traspasaron lo emocional, para materializarse físicamente, con mareos y arcadas. Llegué a pensar que había enfermado.

Afortunadamente, el malestar no duró mucho y pronto empecé a percibir claramente, por una vía ajena a lo mental y radicalmente desconocida para mí hasta ahora, que yo mismo, mi Ser Profundo divino y eterno, es el espacio en el que surgen y se despliegan las formas cambiantes del momento presente. Y de nuevo la felicidad fue la playa de blancas arenas y cielo azul a la que me arrastró esa tempestad. Entonces, sólo entonces, las puertas del ho´oponopono, su hondo significado, se me abrieron de par en par. Y en mi interior estalló una sensación de libertad y alegría sin límites y el convencimiento de que había asumido, sin interrogantes ni fisuras, el 100 por 100 de la responsabilidad de mi vida.

Se trató, por tanto, de una experiencia consciencial en cadena situada fuera de la razón, de los juegos de la mente y de los conocimientos teóricos. No pude evitar compartirla con Nimue, la Reina de las Tempestades y Merlín. Y la respuesta de los tres, en conversaciones bis a bis, fue prácticamente la misma:

-Bien, Emilio. Ya estás preparado-.

-¿Preparado?, ¿para qué?-, reaccioné casi en tono de queja, pues daba por hecho que había llegado al final del camino iniciado en las jornadas del Tor.

-Ten paciencia, sigue usando la perseverancia y confía en la Providencia-, fue la contestación de los tres.

Debo reconocer que me inundó la frustración. Quería descansar en esa playa de arenas blancas que me proporcionaba tanta felicidad íntima. Había cogido el timón de mi vida; y lo había hecho no desde el ego, sino desde mi Yo Verdadero. ¿Había más que lograr, otros objetivos a alcanzar?. ¡Imposible!, me decía. No deseaba volver a navegar, ni que me asolaran nuevas sensaciones enfermizas. No obstante, quizá porque no tenía otro remedio, les hice caso. Tuve paciencia, fui perseverante.

Y llegó un momento en el que empecé a notar la necesidad de realizar cortos periodos de descanso a lo largo del Dywrnad, como si fueran pequeñas y numerosas siestas. Un anochecer, en particular, sentí una intensa vibración entre el corazón y el ombligo, en el plexo solar, y una enorme necesidad de dormir. Entré en un sueño muy hondo, prolongado, reparador…

… Al despertarme ya había amanecido y, sencillamente, todo era distinto. Sí, ¡otra Realidad!. Seguía en Ávalon, físicamente continuaba siendo Emilio y mi habitación era como siempre; fuera de ella, la Naturaleza y el paisaje no habían cambiado; y la Humanidad, la Madre Tierra, la Luna, el Sol y el Cosmos entero permanecían inalterables. Sin embargo, ¡todo era diferente!. Lo sentí con nitidez incluso antes de abrir los ojos. Y cuando empecé a despegar los parpados, lo hice en la completa consciencia de que contemplaba todo con ojos nuevos, que se había descorrido el velo y que tal hecho era absolutamente irreversible: nunca nada volvería a ser igual.

En esta ocasión no se trataba de un descubrimiento de tipo interior, como había vivenciado tras la excursión realizada con Merlín al Templo de la Roca de la que dejé constancia en otra Crónica. Era algo de mucho más calado. Nada había cambiando y, sin embargo, yo mismo y el mundo se habían transformado, metamorfoseado. En mi entorno, la paz fluía por doquier y casi la podía tocar con mis dedos. Y me noté lleno de Amor. Es más, me desbordó la certeza de que Todo, sin excepción, es Amor y que la existencia –ya no la podía llamar “mía”- consiste en realizar lo que Es: Amor.

Me incorporé de la cama muy despacio. Ya en pie, por la ventana de mi cuarto, en el horizonte, al fondo, divisé el mar. En cada choque de cada ola podía oír algo. Jamás lo había escuchado. Lentamente, dí unos pocos pasos de tanteo y viví por primera vez la experiencia, tan extraña como placentera, de moverme conscientemente por la Matriz Holográfica en la que los seres humanos pasamos nuestros días.


 DIMENSIONIS



Sobre la Matriz Holográfica me había hablado Morgana en el Chalice Well, el jardín aledaño al Tor, durante el descanso de su intervención en el encuentro de hadas jóvenes. El mensaje central de sus palabras quedó grabado en mi interior: “La vida humana se desarrolla en la Tercera Dimensión. Inmersa en ella, la gente tiende a creer que las Dimensiones de mayor rango que puedan existir, a las que llaman celestiales y angelicales, son más sutiles, abstractas y difusas. Sin embargo, en absoluto es así, pues esas otras Dimensiones son radicalmente reales, mientras que la Tercera es puramente holográfica y conforma un escenario virtual revestido falazmente de solidez por medio de una materialidad que no es tal, sino energía y vibración de bajo nivel frecuencial. En ese escenario, cada uno y en cada momento interpreta un papel y un guión definido por el grado de consciencia con el que se identifica y la visión del mundo y de su propia vida a tal grado asociada. De instante en instante, cada persona proyecta el grado de consciencia que hace suyo sobre el marco virtual en el que se desenvuelve, configurando lo que denomina realidad, que, no obstante, considera algo objetivo y ajeno a ella misma. Pero esa realidad nada tiene de objetiva, al contrario, es totalmente subjetiva y carece de entidad real, es pura ilusión. Al ser multitud las personas que actúan en el escenario virtual, las proyecciones conjuntas de todas ellas conforman una gran Matriz Holográfica-Virtual”.

¡Quién me iba a decir entonces que llegaría a sentir esa Matriz Holográfica con la claridad que ahora la percibía!. Para que pudiera extraer de la experiencia todo su jugo y comprender exactamente lo que me estaba ocurriendo, Nimue me aconsejó dos cosas.

Por un lado, que conociera lo que los avances científicos más innovadores estaban poniendo de manifiesto acerca del denominado Principio Holográfico. Para lo cual sería suficiente con una charla distendida con su íntima amiga la hada Igraine, toda una experta en el paradigma holográfico, pues hacía unos años, tras concluir la licenciatura de Física en la Universidad de Londres, se trasladó a la californiana de Berkeley para hacer allí su doctorado bajo la dirección de Raphael Bousso, uno de los investigadores de mayor reconocimiento mundial en las formulaciones y consecuencias del citado paradigma.

Y, por otro, incluso antes de la reunión con Igraine, que me adentrara en el estudio de lo que la propia física y las matemáticas tildan como “dimensiones”, pues sólo así podría entender el funcionamiento de la Tercera Dimensión y el juego en ella del mencionado Principio Holográfico. Para lo cual se ofreció a prestarme un libro muy singular titulado Dimensionis, que guarda en el “sancta sanctórum” de su biblioteca personal.

Ni que decir tiene que le hice caso en ambos consejos y por el orden que me había indicado. Así que pronto pude acceder al indicado libro, por llamarlo de alguna forma, ya que su portada y contraportada las componen unas toscas tapas de algún tipo de piel, en muy mal estado, atadas entre sí por uno de sus laterales, engarzando un conjunto de viejísimos legajos escritos por las dos caras y cortados y numerados a modo de páginas.

Descorriendo la lámina de fino cristal que le daba protección, Nimue lo extrajo con mimo de la parte superior de una de las estanterías de madera de ébano que conforman su biblioteca, que sin contar con la envergadura en cantidad y calidad de la de la Reina de las Tempestades, se halla magníficamente surtida. Al dármelo, me aseguró que su centenar de páginas eran fiel transcripción al latín de una serie concadenada de arcaicos rollos de pergamino, redactados inicialmente en griego, hebreo, arameo y, sobre todo, en eme-ku, el más remoto de los dialectos sumerios. Habían sido salvados de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, a donde recalaron dentro del lote de decenas de miles de manuscritos, traídos desde la Biblioteca de Pérgamo (en la actual Turquía), que Cleopatra donó a la institución alejandrina en el año 40 a.c..

Atónito por la información y emocionado por poder disponer de aquella joya, pero lamentando mi ignorancia, agradecí a Nimue su deferencia a la par que le confesaba mi absoluto desconocimiento de la lengua latina, lo que me incapacitaba para disfrutar de sus contenidos. En ese momento su cara dibujó la mueca entre divertida y traviesa que tan bien yo conocía y que solía ser el preámbulo de algún comentario o iniciativa que ella estimaba jocoso y que a mí raramente me lo parecía. Sin embargo, en esta ocasión sus palabras me llenaron de alegría:

-Creo que no vas a tener problemas-, afirmó mientras tomaba otro libro, éste de configuración moderna, de una mesita cercana. -Aquí tienes su traducción a tu idioma. Yo misma me encargué de realizarla hace ya tiempo como deferencia al lugar donde el texto latino fue escrito. Tuve que pedir permiso para ello a mis amigos de Ávalon, que me autorizaron con la condición de que ni el texto primigenio ni la copia en español abandonaran nunca la Isla-.

Rápidamente abrí el libro original y busqué la cronología de su edición en sus primeras páginas. Mis ojos no daban crédito a lo que veían: su redacción se había efectuado en Sevilla, mi lugar de nacimiento y residencia, ¡en el año 635!. Ante mi ostensible extrañeza, Nimue no me dio respiro:

-No tengo ni idea de cómo llegaron hasta él los rollos de pergamino, ni con qué tipo de colaboradores contaba, expertos en lenguas tan antiguas, pero está fuera de duda que el coordinador de su transcripción al latín fue Isidoro de Sevilla, uno de los grandes eruditos de la temprana Edad Media y arzobispo de tu ciudad desde el año 599 hasta su muerte en 636. Y culminó la obra poco antes de fallecer y tras haber concluido su trabajo fundamental, las Etimologías, colosal compilación en la que sistematiza y condensa todo el saber de la época. Probablemente, él y su equipo nunca llegaron a comprender sus contenidos, pues la Humanidad ya había perdido los conocimientos imprescindibles al respecto, pero el transcriptor-autor de Dimensionisfue Isidoro de Sevilla, santo y doctor de la Iglesia y, desde 2001, patrón de Internet -.

Pasmado por la causalidad y asombrado por lo que tenía en mis manos, los siguientes Dywrnad los pasé absorbido en la lectura de la versión española, pero con el texto en latín siempre a mi vera, para poderlo tocar, oler,… sentir. Y consciente de que en algún momento debería devolverlo a su propietaria, opté por realizar un resumen de sus contenidos. Por su extensión, no puedo recogerlo en el marco de estas Crónicas, aunque sí ofreceros una síntesis de lo resumido. Para ello me he permitido ciertas licencias lingüísticas, determinadas adaptaciones a la terminología científica moderna y, puntualmente, alguna interpretación o aclaración personal. Pero, en lo básico, os garantizo que respeta los contenidos transcritos por Isidoro y sus colaboradores.

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Dimensionis

(Síntesis del texto original, adaptada al lenguaje común y a la terminología científica contemporánea)

En recuerdo y honor del Tres Veces Maestro, del Alma Pluriconsciencial de Sexta Dimensión que tras la Gran Caída de la Madre Tierra y la Humanidad se manifestó y encarnó como Hermes, el Inefable Trismegisto. Fue su Mensaje: “Nada reposa, todo se mueve; todo vibra. Desde el Todo, Eminente Ser Uno, a la modalidad más densa de materia, todo está en vibración. Todo es Vibración y la Creación se conforma en Dimensiones según los niveles vibratorios en las que el Ser Uno consciencialmente se manifiesta, configurándose en la Matriz del Universo”. Y tú que accedes a estas palabras, no dejes que se extinga la llama. Sustentada generación tras generación en los Templos Sagrados de los Sacerdotes del Amor, no permitas que se extinga la llama.

Es un hecho casi inabarcable para la mente humana, pero en la Creación proliferan los Multiversos, configurado cada uno por cuantiosos Universos. Los Multiversos se distinguen entre sí por el grado de complejidad vibracional y dimensional: en los más simples, conviven unas pocas Dimensiones y los distintos Universos que los componen se diferencian tan sólo por las condiciones iniciales; en los más complejos, coexisten muchas Dimensiones y varían la naturaleza intrínseca y las leyes físicas de cada Universo. Además, en los Multiversos, los Universos nacen a cada instante: no hubo una sola explosión (“big-bang”), las hay continuamente. Y la experiencia humana se despliega en una pequeña burbuja inmersa en una burbuja mayor dentro de una inmensa sopa de burbujas de infinidad de tamaños. O, lo que es lo mismo, en una Dimensión de una de las distintas Dimensiones existentes en uno de los muchos Universos que se integran en uno de los numerosos Multiversos que constituyen el Omniverso y la Creación.

La organización subyacente en todo ello es Trascendente (cuántica y subcuántica), de modo que no hay nada superior o inferior, sino interior y exterior. Desde la óptica del plano humano, lo interior sería homologable a lo superior; y lo exterior, a lo inferior. La Realidad es que lo interior absorbe a lo exterior en la Unidad, lo superior absorbe a lo inferior en la Unidad, la Luzabsorbe a la oscuridad en la Unidad, el Amor absorbe al No-Amor en la Unidad y todo es absorbido en la Unidad por el Amor.

Y existen distintas Dimensiones, de manera que los Multiversos, los Universos y las Dimensiones interaccionan hasta conformar una “Hiper-Matriz” de complejidad infinita. Por ella fluye Consciencia unificada y Amor en estado puro, que como energía vibratoria se despliegan piramidalmente desde dentro (interior, superior) hacia fuera (exterior, inferior). Pero, ¿qué son las Dimensiones?. Pues el grado de libertad para realizar un movimiento en el espacio. Efectivamente, una Dimensión superior (más interior) supone una mayor toma de Consciencia y, por ende, una “mayor” capacidad para Crear, esto es, para cristalizar (decretar) efectivamente (vibracional y materialmente) la Voluntad, que es la Intención plasmada en Acción consciente.

(Nota personal de Isidoro de Sevilla: Por lo que no le faltaba razón a Cristo-Jesús cuando repetía a cuantos les rodeaban que “nada nos es imposible”. Así lo expresa en el pasaje narrado por Mateo (17:14-19) donde Jesús apela a la dimensión crística que atesora el ser humano y a la necesidad de que las personas interioricen su divinidad no cual reflexión intelectiva, sino como convicción profunda e íntima que llena la existencia. Y lo hace mostrando su cansancio ante la pereza y parsimonia que al respecto muestra la Humanidad: “¡Generación perversa e infiel!. ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros?. ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?”. Palabras duras que no evitan que, de inmediato, exprese con un hermoso y sencillo ejemplo lo que está a nuestro alcance: “Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible”).

En este orden, las Dimensiones son los diferentes estados de activación y expansión de la consciencia que se experimentan en el proceso de crecimiento y evolución del alma, lo que la lleva a encarnarse en distintos planos dimensionales.

¿Cuántas Dimensiones hay?. Según la perspectiva que se adopte, pueden distinguirse unas pocas Dimensiones o varias decenas (la moderna Teoría de Cuerdas contempla entre 10 y 26). Lo cierto es que postular cualquier clasificación supondría encerrarse en las categorizaciones lineales, parciales y engañosas que abundan en Tercera Dimensión. Con todo, aún sabiendo lo precedente y dado que las diferencias interdimensionales son de carácter vibratorio, es factible acudir al lenguaje musical para acometer su tabulación. Concretamente, aunque sea de manera aproximativa, cabe considerar alegóricamente que todas las Dimensiones configuran una octava.

En la notación musical, una octava es la distancia que recorre la escala después de siete pasos desiguales de tono y semitono. Como los intervalos se cuantifican por una cifra que expresa el número de notas que comprende, incluidas las dos de los extremos, este intervalo se denomina octava (como el archiconocido do-re-mi-fa-sol-la-si-do). Con este telón de fondo, cabe referirse a ocho Dimensiones, asociada cada una simbólicamente a una nota musical, por más que realmente haya otras muchas dentro de cada una de ellas y que la totalidad -desde la primera a la última, sin exclusión alguna- se encuentren interconectadas y en constante intercambio dinámico y vibracional:

+Primera Dimensión (Dimensión “Do” o “D-Do”) o Consciencia Funcional: Es la esfera vibracional donde el Verbo se condensa y la energía se transforma en materia, por lo que se le conoce, igualmente, como Microcosmos. Los niveles conscienciales son en ella elementales y prácticamente in-conscienciales o mecánicos, estando ligados al cumplimiento automático y espontáneo de funciones y tareas. Los minerales y el agua vibran en estas frecuencias, siendo los primeros su aspecto cristalino y el agua su aspecto liquido. En el seno del cuerpo humano, esta Dimensión se halla presente en los fluidos y las corrientes eléctricas, activa el código genético e impulsa energéticamente el sistema celular. Tomando al ser humano como ejemplo, “D-Do” equivaldría metafóricamente a la etapa pre-fetal, donde se es, por encima de cualquier otra cosa, un conjunto de potencialidades con un programa de división celular y mantenimiento de funciones.

+Segunda Dimensión (“D-Re”) o Consciencia Grupal: Se desenvuelven en ella las experiencias vivenciales de la mayoría de plantas, animales y formas animadas semejantes. Las vibraciones de esta Dimensión propician las fuerzas primarias de la Naturaleza e impulsan la variedad y la identidad biológica en todos los Universos, aunque en cada uno según sus propias pautas y modalidades de vida, manteniendo la unión entre las especies, fijando los campos que interconexionan a los miembros de cada una y permitiendo que sus componentes se reconozcan para vivir en común y cumplir funciones reproductoras. Aquí la consciencia carece de referencias temporales y espaciales y continúa rayando en la inconsciencia, en cuanto a que la pertenencia al grupo se asume de manera innata, no como consecuencia de un acto de voluntad consciente, y hay ausencia de diferenciación individual o auto-reconocimiento. Siguiendo con el ejemplo del ser humano, “D-Re” es comparable con la etapa fetal, en la que se flota en el seno materno siendo uno con el entorno en un estado no egóico y sin noción temporal ni espacial.

+Tercera Dimensión (“D-Mi”) o Dimensión Uniconsciencial: En ella se inserta, entre otras muchas, la experiencia humana y el planeta Tierra. En “D-Mi” se desarrolla la identidad individual y el auto-reconocimiento, pasando el sentido grupal a un plano secundario. Se crean así las condiciones propicias para que surja la consciencia, en sentido estricto, que faltaba en las dos primeras Dimensiones, si bien es de perfil uniconsciencial y, por tanto, muy menguada y constreñida. Es como percatarse de la existencia de uno mismo y de la Creación, pero contemplando y filtrando todo por la pequeña mirilla de la propia identidad física, en la que la mente ocupa un lugar destacado. La consecuencia es que se llama realidad a la interpretación subjetiva y mental de lo Real, cuya auténtica naturaleza y envergadura queda fuera de la capacidad de percepción. La Tercera Dimensiónse configura, así, como un ámbito de intersección e interactividad entre las Dimensiones esencialmente físicas (Primera y Segunda) y las puramente no físicas (Quinta y sucesivas), lo que es la razón de ser de que “D-Mi” sea una gigantesca Matriz (holográfica) en las que modalidades de existencia como los seres humanos despliegan experiencias vitales y espirituales que posibilitan la toma de consciencia a cerca de uno mismo como individuo (ego, personalidad) en la suposición de “vivir” singularmente, particularmente, fragmentadamente, ajeno a la íntima Unidad de lo que Es. De hecho, esta es la Dimensióndonde la idea ficticia de separación de la Unidad alcanza su máxima expresión, si bien esto es, a la par, lo que permite la aparición de la consciencia, aunque se encuentre atada a los dualismos y dicotomías derivados de la afirmación egóica del “yo”, que conlleva la confrontación con lo que es “no-yo” u “otro”, y a una percepción lineal del tiempo (pasado-presente-futuro) y el espacio. En el ejemplo de los seres humanos, empiezan a vivenciar esta Dimensión a los pocos meses del nacimiento -cuando el bebe se concibe como “yo” (por tanto, frente al “otro”), comenzando a expresar deseos y a forjar su ego y su personalidad- y, en bastante casos, se mantienen en este nivel consciencial el resto de su vida física.

+Cuarta Dimensión (“D-Fa”) o Consciencia Arquetipal: Presenta analogías con la Tercera, en cuanto continúa rigiendo la experiencia uniconsciencial. Sin embargo, aquí ya no es egóica y ahonda en la consciencia de unidad. Para ello, “D-Fa” se conforma en Escenario Trascendente (cuántico), pues la perspectiva uniconsciencial puede experimentar simultáneamente en él diferentes alternativas y posibilidades vivenciales, lo que fomenta la paulatina expansión de la consciencia hacia modalidades pluriconscienciales que abren las puertas, como se verá de inmediato, a otras Dimensiones. Esto significa que enla Cuarta conviven las nociones de pertenencia grupal, por un lado, y de individualidad, por otro, existentes en la DimensionesSegunda y Tercera, aunque con características distintas. Específicamente, en lo que a la pertenencia grupal respecta, ya no es inconsciente, sino que trasciende lo grupal cual especie biológica para alcanzar un estadio en el que se constata como las acciones de cada cual afectan a la Totalidad. En cuanto a la individualidad, se mantiene la experiencia de vivir en un cuerpo (la Cuarta es la última Dimensión en la que esto sucede), pero el yo no se liga a lo físico, sino a lo arquetípico -emociones, sentimientos, sueños,…-, desarrollándose la empatía, la telepatía, la sincronicidad (constatación del papel de las causalidades, del principio de causa-efecto y de la Providencia), la capacidad de afectar y hasta moldear la realidad física y una visión del tiempo no lineal, sino en oleadas cíclicas o en forma de espiral.

+Quinta Dimensión (“D-Sol”) o Dimensión Pluriconsciencial: Es la primera Dimensión estrictamente energética, no física, y escapa a cualquier conocimiento intelectual y mental humano. En ella se empieza a vivir la experiencia de conexión íntima y existencial con el Todo, con la Fuente y su Sabiduría, lo que permite acercarse a lo Real. Tal experiencia ostenta tres importantes consecuencias. Por un lado, se diluye cualquier noción de individualidad, sea física (Tercera Dimensión) o arquetípica (Cuarta). Por otro, se transita de una visión uniconsciencial (la pequeña mirilla de la propia identidad) a otra donde la consciencia individual propia de las Dimensiones precedentes se contempla integrada en un Ente energético y vibracional pluriconsciencial (como si oteara a través de múltiples mirillas), de modo que la existencia que en las Dimensiones anteriores se hubiera calificado de individual, se contempla aquí como una manifestación consciencial más de las múltiples que ese Ente despliega, por mas que las diversas manifestaciones conscienciales no mantengan entre sí una conexión consciente y esté limitada su capacidad de movimiento interdimensional. Y, por fin, el tiempo se percibe como un continuo en el que sólo existe el ahora eterno.

+Sexta Dimensión (“D-La”) o Consciencia Multidimensional: Al igual que la Cuarta y Tercera Dimensión, no siendo homólogas, sí ofrecen analogías debido al juego en ambas de la perspectiva uniconsciencial, la Sexta y Quinta, no siendo semejantes, si presentan analogías dado que en las dos se despliega la experiencia pluriconsciencial, que en “D-La” adquiere connotaciones multidimensionales. En concreto, con el devenir en esta Dimensión culmina la conexión con el Todo y su Sabiduría, provocando la desaparición de cualquier concepto o noción de identidad, sea personal (individualidad física, arquetípica o existencial) u ontológica (idea de ser en cualquiera de sus posibles variantes), y la expansión de la consciencia pluriconsciencial, que se hace más compleja y completa y adquiere libertad y poder para moverse y fluir multidimensionalmente. Por ello, por vez primera en el discurrir por las Dimensiones, Ser equivale a No-Ser, contemplándose la existencia cual manifestación consciencial de un Campo o Macro-Vórtice energético, integrado absolutamente, a su vez, en el Hiper-Campo Crístico o Espíritu divino, que se desenvuelve de manera multidimensional y más allá de cualquier limitación temporal, espacial o existencial, en numerosas manifestaciones conscienciales. La conexión entre éstas sí logra aquí, a diferencia de en “D-Sol”, una interconexión plenamente consciente e interdimensional, por distintos que sean los planos en los que desenvuelven sus experiencias.

+Séptima Dimensión (“D-Si”) o Consciencia Unificada: Es la frecuencia Omega (Crística o Búdica). El Espíritu, que siempre ha sido tal en cualquiera de las Dimensiones y modalidades de vida y existencia, “regresa al Hogar”. Aquí no hay Entes, ni Campos energéticos, por pluriconscienciales o multidimensionales que sean, sino única y exclusivamente el Espíritu emanado del Ser Uno, sin división o fraccionamiento consciencial alguno y con toda su potencia creadora. El proceso de evolución del Ser y el Todo se experimentan como Uno hasta un nivel que no puede ser descrito con palabras. Amor, Paz Absoluta, Silencio Profundo, Consciencia Perfecta, Concentración Completa, Quietud y Movimiento, Todo y Vacío y Ser y No-Ser son atributos de esta Dimensión, en la que todo es Creación Creadora. Sobre la triada Unidad – Consciencia – Amor, se crean y generan aquí los patrones y matrices de luz y creadores de vida que en otras Dimensiones, como la Tercera, se manifiestan y materializan en las formas geométricas y energéticas y las redes que conforman la Geometría Sagrada.

+Octava dimensión (“D-DO”) o Absorción: La integración es total y el Espíritu es absorbido en el Ser Uno. Todo es Él: Él es todas las Dimensiones y subdimensiones y cada una en particular (retomando el ejemplo, Él es la octava musical, en su conjunto, y, por ende, cada nota musical y todas a la vez); y Él es la experiencia consciencial que se expresa y desenvuelve en infinitas experiencias y manifestaciones conscienciales que fluyen por las Dimensiones, los Multiverso y la Creación.”D-Do” esla Fuente, en toda su Pureza. No hay formas, sólo Amor; no hay “estar”, sino “Ser”, que indisolublemente es también “No-Ser”. Es lo Absoluto y lo Indeterminado: Todo y Vacío, Ser Uno (Nota de Isidoro de Sevilla: Concluye en esta Dimensión el proceso descrito en la parábola del sembrador de Cristo-Jesús: el fruto de la semilla, tras un colosal recorrido experiencial, consciencial y multidimensional que acontece en un momento presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve, es el propio sembrador, sin separación ni disociación posible. No hay vuelta al Hogar, pues Todo, sin excepción, es el Hogar).

Dixit Dominus

Espero que hayáis disfrutado de los contenidos de esta breve síntesis de Dimensionis. En la próxima Crónica os daré cumplida cuenta del encuentro que, tras el estudio de tan antiguo texto y siguiendo lo aconsejado por Nimue, mantuve con Igraine a propósito del Principio Holográfico.


 EL PRINCIPIO HOLOGRÁFICO

Tras la inmersión en las Dimensionis de San Isidoro y en las Dimensiones de la astrofísica narrada en la Crónicaprecedente, me sentí con ganas y en condiciones de afrontar la charla con Igraine propuesta por Nimue, al objeto de conocer en detalle los avances científicos en el ámbito del denominado Principio Holográfico.

La cita fue en casa de la propia Nimue, que propició el encuentro haciendo de anfitriona con una sabrosa cena conformada por una miscelánea de platos fríos y templados preparados en su totalidad con setas (champiñones, gurumelos, níscalos, gallipiernos, oronjas,…) que ella misma había recogido en los terrenos húmedos de un bosque cercano, que descollaba por la frondosidad de su arboleda.

Igraine no vino acompañada por su íntima amiga Elaine, como Nimue y yo esperábamos, por lo que, finalmente, fuimos tres a la mesa, sobre la que antes de sentarnos ya descansaban los platos compitiendo por el espacio con tres jarras medianas de cerveza de abadía y otras dos, de mayor volumen, de vino rosado de la tierra con las que Nimue había dispuesto que regáramos los hongos. La conversación fue directa al grano al poco de empezar el ágape, siendo Igraine la que presentó con solvencia sus credenciales acerca de su conocimiento de la materia:

-Tras concluir mis estudios de Física en la Universidad de Londres, me desplacé a California para hacer el doctorado. Concretamente, a la Universidad de Berkely, en la que permanecí casi tres años, desde comienzos de 2001 hasta finales de 2003. Allí fui testigo de excepción de una serie de indagaciones dirigidas por mi director de tesis, Raphael Bousso, y coordinadas a nivel mundial por los físicos Gerardus ´t Hooft, Premio Nobel en 1999, y Leonard Susskind. Poco antes de que regresara a Ávalon, ambos decidieron difundir públicamente los resultados de sus trabajos, mostrando como en el origen de la Naturaleza puede haber únicamente ultra-pequeños paquetes de información pura. Las revistas científicas e incluso la prensa diaria lo resumieron en un gran titular: “la información es el componente fundamental de la Naturaleza” (“información” significa en este caso bytes esenciales de materia y las leyes físicas que los gobiernan). Con ello pusieron los cimientos de la hoy conocida como teoría del Principio Holográfico, que desde entonces ha ido adquiriendo credibilidad e influencia entre la comunidad científica. Por ejemplo, el físico Nassam Haramein defiende abiertamente que el Universo se basa en un holograma; e investigadores de todo el planeta, con los científicos japoneses a la cabeza, manipulan hologramas creando imágenes 3D o explican el funcionamiento del mundo físico en función de campos de energía e información-.

Mientras la escuchaba, no pude remediar que mi imaginación fantaseará acerca del impacto que una mujer de sus características intelectuales y físicas debió haber causado en las aulas californianas, en la también yo estuve cuando era joven cursando estudios de economía. Por si la dulzura de su voz, el profundo encanto de sus ojos azul esmeralda y el esplendor de su melena pelirroja fueran pocos reclamos, Igraine sobresalía por la altura tanto de su inteligencia como de su cuerpo, en el que las curvas se desenvolvían entre medidas de auténtica modelo. Por tanto, atractivos más que suficiente como para que no pasará en absoluto inadvertida para estudiantes y profesores por muy dedicados que estuvieran a la física teórica.

Afortunadamente, Igraine proseguía su alocución ajena a mis pensamientos, aunque Nimue, por la mirada con la que me sacó de los mismos, sí se había percatado tanto de mi abstracción como del por qué de la misma:

-En buena medida, la idea de que vivimos en un holograma se deriva de la comprensión de los agujeros negros y cuenta con una base teórica bastante firme. Los hologramas de las tarjetas de crédito y billetes están impresos en películas de plástico bidimensionales. Cuando la luz rebota en ellos, recrea la apariencia de una imagen tridimensional. Lo que está haciendo la ciencia es sugerir que el mismo principio puede aplicarse a todo el Universo. Así, nuestra experiencia cotidiana sería una proyección holográfica de procesos físicos que tienen lugar en una lejana superficie bidimensional. Desde hace algún tiempo, los físicos han mantenido que los efectos cuánticos podrían provocar que el continuo espacio-tiempo convulsionara descontroladamente a escalas muy pequeñas. A estas escalas, la red espacio-temporal podría granularse y estar compuesta de diminutas unidades (similares a los píxeles) de un tamaño de aproximadamente cien trillones de veces el tamaño del protón-.

-Fascinante...-, la interrumpió Nimue. -No estoy versada en la materia, pero recuerdo haber leído en algún sitio que, para los seguidores del Principio Holográfico, el “big-bang” que dio lugar al nacimiento del Universo tendría más que ver con una gigantesca “bajada” de bytes de información por parte de un “superordenador” que con una explosión masiva de materia.-

-Así es-, respondió rápidamente Igraine. –Por lo que la Naturaleza estaría realmente configurada por pequeños paquetes de información, que son los que especifican el cuándo, dónde, cómo y cuánto del espacio, el tiempo y la materia-

-Tampoco los círculos alternativos que propugnan la existencia de una unión íntima entre ciencia y espiritualidad-, ahora fui yo quien se sumo al diálogo, -han sido ajenos a estos avances. Recuerdo que Deepak Chopra habla del ámbito cuántico como el campo de información de donde parte todo lo conocido (materia, emociones, pensamientos,...). Y el influjo del Principio Holográfico ha llegado hasta la esfera farmacéutica, donde hay laboratorios que fomentan la “farmacología holográfica”. Igualmente, hay que tener en cuenta que en esos círculos El Kybalion es una obra de referencia obligada. Y sus explicaciones acerca del “principio hermético del mentalismo” están impregnadas de lo que hoy tildaríamos percepción holográfica de la Realidad: “el Universo es una creación mental sostenida en la mente del Todo”, enuncia literalmente. Lo que deriva en una de las máximas más famosas del texto: “la mente infinita del Todo es la Matriz del Universo”-.

-Esto es, precisamente, lo que la física parece estar revelando-, Igraine volvió a la carga en un tono que evidenciaba lo mucho que le apasionaba el tema. -En el núcleo del mundo material y cuanto la compone hay una realidad no física que puede ser denominada ondas de probabilidad, información, consciencia o pensamiento. Por ejemplo, el físico Jeffrey Satinover ha señalado que “la materia, sea lo que fuere, no tiene nada en esencia; es completamente insustancial; lo más sólido que se puede decir sobre ella es que se parece mucho a un pensamiento, es como una pizca de información concentrada”. Nikolas Tesla recalcó que en el núcleo de lo material hay una realidad no física que se expresa como vibración y tiene su razón de ser en información, consciencia o pensamiento. Y el antropólogo y lingüista Gregory Bateson ha llegado a llegó a afirmar que “la mente es la esencia de la vida”-.

–Personalmente-, Nimue entró de nuevo en la conversación, -destacaría las contribuciones de alguien a quien admiro: el profesor de física teórica David Bohm. Convencido de que existen otros planos de la realidad a los que sólo podemos tener acceso a través de estados místicos (éxtasis, alteración del estado de consciencia,…), subrayó que la globalidad de la Creación y todas sus Dimensiones están conectadas “en un estado de interminable flujo o doblado y desdoblado”, siendo la evolución un signo de la inteligencia creadora explorando estructuras diferentes que van mucho más allá de lo que se precisa para sobrevivir. Para Bohm, existe un orden implicado plegado en la naturaleza que se despliega gradualmente a medida que evoluciona el Universo. Algo parecido a un holograma, aunque prefirió hablar de “holomovimiento”: forma parte de la realidad que se envuelve y se desenvuelve constantemente, entre el orden implicado y el orden manifestado, a un ritmo tal que el mundo visible aparece como uniforme. Todo ello fuerza a replantear lo que entendemos por “real”. Ya lo manifestaron antiguas culturas: el mundo percibido por los sentidos físicos es pura ilusión (“maya”) y por debajo hay algo más poderoso y fundamental y, desde luego, más real, aunque sea totalmente intangible-.

-Gracias a científicos como los que habéis nombrado-, Igraine retomó el protagonismo tras haber ingerido un buen trago de cerveza, -en el siglo XXI se empieza a describir la realidad substancial de cuanto existe como energía vibratoria asociada a alguna modalidad de información, idea o pensamiento. La Teoría de Cuerdas, por ejemplo, sostiene que las partículas fundamentales no son puntos, como ha mantenido la teoría de partículas convencional, sino objetos extensos y vibratorios. Para el físico David Gross, Premio Nóbel en 2004 y uno de los máximos expertos en dicha teoría, partículas como el electrón o la radiación electromagnética corresponden sencillamente a las vibraciones de menor energía. En palabras de Fritjof Capra, prestigioso físico fundador del Instituto Elmwood, “no resulta inverosímil pensar que todas las estructuras del Universo, desde las partículas subatómicas hasta las galaxias y desde las bacterias hasta los seres humanos, sean manifestaciones de la dinámica autoorganizadora del Universo que hemos identificado como la Mente Cósmica”.

-Entonces, Igraine, la Teoría de Cuerdas y la del Principio Holográfico son muy semejantes-, expresé más como duda que cual conclusión.

-No tanto, Emilio. Mira…, según la Teoría de Cuerdas el espacio está descrito por la vibración, en miles de maneras y frecuencias, de diminutas cuerdas de una determinada dimensión: una cuerda vibrando arriba y abajo a cierta frecuencia podría crear un átomo de helio o una ola gravitacional, tal y como las cuerdas de una guitarra crean diferentes sonidos a diferentes frecuencias. Los partidarios de esta teoría han mantenido hace mucho tiempo que estas cuerdas son el componente fundamental de la Naturaleza. Frente a ello, el Principio Holográfico considera que, observando más de cerca una cuerda, se ven bytes cuánticos llamados “baldosas de Planck” (distancia o escala de longitud por debajo de la cual se espera que el espacio deje de tener una geometría clásica). Son estos los que engarzados indican a las cuerdas como tienen que vibrar. Estas “baldosas” son bytes cuadrados que delimitan un “área de Planck”, o lo que es lo mismo, un trillón de un trillón, de un trillón de un trillón de un trillón de un trillón de un centímetro cuadrado. Una cuerda de baldosas de Planck sería la versión natural de un byte. Y el Principio Holográfico nos permite saber cuántos datos (bytes) son necesarios para decirnos con detalle cada cosa que ocurre en cualquier zona o parte del espacio.

-¿Quiere esto decir, en definitiva, que la Naturaleza es un conjunto de bytes preprogramados?-. Empezaba a entender los fundamentos holográficos y me invadía la euforia.

-¡Exacto!. Lo que enlaza con lo que antes hablamos de que el “big-bang” tiene más que ver con una gigantesca descarga de bytes de información por parte de un superordenador que con una explosión masiva de materia-. Igraine me miro incisivamente a los ojos antes de continuar. –El Principio Holográfico toma su nombre de una ingeniosa predicción. Un holograma es una fotografía generada por láser que aparece como de tres dimensiones, pero que, en realidad, contiene toda su información en una superficie plana de sólo dos dimensiones. Es decir, toda la información necesaria para crear una imagen en 3-D está codificada en la superficie del holograma. En los años 90 del pasado siglo XX, distintos físicos de partículas, trabajando separadamente, llegaron a la conclusión de que el Universo en sí tendría que almacenar información de la misma manera. El mundo sería, pues, un holograma tridimensional configurado por las dos Dimensiones que en el texto de San Isidoro se llaman Octava y Séptima. Los teóricos, una vez asumido que la cantidad e información requerida para describir un objeto de tres dimensiones (ya sea un libro, una agujero negro o el Universo en su conjunto) está relacionada con el volumen del objeto, sospechan que dicha información puede ser codificada sobre la superficie del objeto. Todo lo cual ha sido conceptualmente refinado por mi maestro en Berkely, Raphael Bousso, que ha ayudado a formular de un modo más preciso este Principio señalando que el mundo no aparece ante nuestros sentidos físicos como un holograma, pero en términos de información necesaria para describirlo sí que se puede afirmar que el mundo es un holograma. La cosa más asombrosa es que el “Principio Holográfico” funciona para todos los ámbitos y todos los posibles espacios-tiempo.

-¿Qué tiene que ver todo ello con el GEO-600 y los trabajos de un tal Hogan?-, preguntó de pronto Nimue.

-Bastante…-, contestó Igraine de modo reflexivo. -El GEO-600, localizado en Hanóver (Alemania), se puso en marcha en 2006 en el convencimiento de que revolucionaría la astronomía. Su misión consiste en detectar de manera directa lo que nunca antes había sido percibido: las elusivas ondas gravitacionales, que son ondulaciones del espacio-tiempo producidas por un cuerpo masivo acelerado (como un agujero negro o una estrella de neutrones) y que se transmiten a la velocidad de la luz. Estas ondas gravitacionales fueron predichas por la Teoría de la Relatividad de Einstein, pero sólo se han podido recoger evidencias indirectas de ellas. Tampoco el GEO600, en sus años de funcionamiento, las ha conseguido detectar de forma directa, pero quizá casualmente se haya topado con el más importante descubrimiento de la física en los últimos 50 años al registrar un extraño ruido de fondo, con frecuencias entre los 300 y 1.500 hertzios, que ha traído de cabeza a los investigadores que en él trabajan y que para el físico Craig Hogan podría probar que, efectivamente, vivimos en un holograma-.

-¿Un ruido de fondo?. ¡Esto parece una película de ciencia–ficción!-, exclamé francamente sorprendido por el derrotero que había tomado nuestra charla.

-Ja, ja, ja-. Igraine rió con fuerza. -Pero esto es real. Bueno,… todo lo real que puede ser algo que acontece en un holograma, ja, ja, ja-.

Los tres prorrumpimos en carcajadas. Por un instante todo mi ser fue consciente de lo feliz que era en Ávalon. No se trataba sólo del acceso a conocimientos, la compañía de Nimue, la condición tan singular de los demás pobladores o la hermosura de su geografía. No, nada de eso. Era cuestión de energía. Lo sentía nítidamente en mi interior. La energía de la Isla, su frecuencia vibracional, era muy distinta a la de cualquier otro lugar en el que hubiese estado. Comprendí entonces que en un plano dimensional puede haber áreas concretas de una Dimensión mayor (esto es, más interior, como se vio en la últimaCrónica). Y este es el caso de Ávalon en el contexto de la Tercera Dimensión.

-El dichoso ruido-, mi atención retornó a las palabras de Igraine, -trajo de cabeza a los investigadores hasta que Hogan afirmó que el GEO600 se había tropezado con el límite fundamental del espacio-tiempo: el punto en el que el espacio-tiempo deja de comportarse como el suave continuo descrito por Einstein para disolverse en “granos” (más o menos de la misma forma que una imagen fotográfica puede verse granulada cuanto más de cerca la observamos). Por tanto, el ruido proviene de los confines del Universo, del rincón en que éste pasa de ser un suave continuo espacio-temporal a ser un borde granulado. De ser cierto, dicho ruido sería, como el propio Hogan ha aseverado, la primera prueba empírica de que vivimos en un Universo holográfico, en un gigantesco holograma cósmico-.

Probablemente por que notó signos de extrañeza tanto en la cara de Nimue como en la mía, Igraine insistió al respecto, aunque dando un giro más de tuerca a sus argumentos:

-Según Hogan, parece como si el GEO600 hubiese sido golpeado por las microscópicas convulsiones cuánticas del espacio-tiempo, siendo el ruido captado el registro de tales convulsiones. Esto supondría considerar el espacio-tiempo como un holograma granulado y describirlo como una esfera cuya superficie exterior estaría cubierta por unidades del tamaño de la longitud de Planck. Cada una de estas “piezas” del mosaico universal sería, asimismo, una unidad de información. Y la cantidad total de información que cubre el exterior de dicha esfera habría de coincidir con el número de unidades de información contenidas en el volumen del Universo-.

-Pero teniendo en cuenta que el volumen del Universo esférico sería mucho mayor que el volumen de la superficie exterior-, la cabeza me daba tumbos, aunque todo en mi interior resonaba armónicamente como queriéndome confirmar la veracidad de todas estas disquisiciones, -este galimatías se complica aún más-.

-Ya, pero Hogan también señala una solución para este punto. Si ha de haber el mismo número de unidades de información o bytes dentro del Universo que en sus bordes, los bytes interiores han de ser mayores que la longitud de Planck. Enunciado de otra forma, el Universo holográfico sería borroso. La longitud de Planck ha resultado demasiado pequeña para ser detectada hasta la fecha, pero Hogan afirma que el GEO600 ha podido registrarla porque la proyección holográfica de la granulosidad podría ser mucho mayor, de alrededor de entre 10 y 16 metros. En definitiva, lo que ha detectado el GEO600 podría ser la borrosidad holográfica del espacio-tiempo desde el interior de este Universo holográfico. Según publicó la web del GEO600, para probar la teoría del ruido holográfico, la sensibilidad máxima del detector ha sido modificada hacia frecuencias incluso más altas-

-O sea, que desde la experiencia observacional de los seres humanos y sus indagaciones científicas-, habíamos finiquitado la cena y quería apurar los razonamientos, -la Tercera Dimensión, no sabemos si también otras, es, en verdad, una Matriz Holográfica. Su solidez es sólo un engaño de los sentidos y en verdad, como gusta en recordar Morgana, es un gran teatro, el Gran Teatro del Mundo.-

-Chapó por Morgana-, exclamó efusivamente Igraine, a la par que se ponía de pie en dirección a Nimue, obsequiándole con un beso en el Tercer Ojo en señal de agradecimiento por la cena y despedida.


 EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

Tras la cena con Nimue e Igraine, regresé de inmediato al Castillo de la Reina de las Tempestades y me fui a la cama con ganas de dormir y disfrutar del sueño. Y descansé profundamente. Pero me desperté muy temprano, cuando la noche aún cubría la Isla de Ávalon, empujado por la perentoria necesidad de plasmar en un texto las reflexiones, conclusiones, intuiciones e inspiraciones que bullían en mi mente y, sobre todo, en mi corazón una vez interiorizadas las Dimensionis y comprendido el significado y la significación del Principio Holográfico. Había podido “ver” el Gran Teatro del Mundo, su escenario y su tramoya. Y también la puerta que permitía salir y volver a entrar en él. Me urgía describirlo como manera de afianzar y asentar esa visión.

El denso silencio de las horas más hondas de la madrugada y la fuerte energía que sentía alrededor y fluía por todo el dormitorio provocaron que mis dedos empezaran a bailar sobre el teclado del ordenador casi con autonomía propia, dando pequeños y breves golpes llenos de Amor y entusiasmo. He aquí el resultado, que, ante mi sorpresa, adoptó una forma a medio camino entre lo que son las pautas de un breve ensayo y las propias de un poema.

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I

La vida física se desarrolla en la Tercera Dimensión,

definida por el espacio- tiempo finito,

la materialidad y la dualidad en tensión.

Inmersos en ella, hombres y mujeres tienden a creer

que las Dimensiones de mayor rango,

a las que llaman celestiales y angelicales,

son más sutiles, abstractas, difusas y difíciles de “ver”.

Nada más lejos de la verdad,

pues esas Dimensiones son radicalmente reales,

mientras que la Tercera es puramente holográfica.

La Tercera Dimensión conforma un escenario virtual

revestido falazmente de solidez

por medio de una materialidad que no es tal,

sino energía y vibración de bajo nivel frecuencial.

II

En el escenario virtual de la Tercera Dimensión,

cada cual interpreta un papel y un guión

definido en cada momento

por el grado de consciencia con el que se identifica

y la visión del mundo y de su propia vida a tal grado consciencial asociada.

De instante en instante, de momento en momento,

cada persona proyecta el grado de consciencia que hace suyo

sobre el marco virtual en el que se desenvuelve,

configurando lo que denomina realidad,

que, no obstante, considera algo objetivo y ajeno a ella misma.

Pero esa realidad nada tiene de objetiva,

al contrario, es totalmente subjetiva y carece de entidad real, es pura ilusión.

Desde su consciencia interior, aunque no se percate de ello,

el ser humano moldea y configura el exterior,

que, sin embargo, estima algo impuesto, extraño a él mismo.

Y al ser multitud las personas que actúan en el escenario virtual,

las proyecciones conjuntas de todas ellas

conforman una gran Matriz Holográfica-Virtual.

La coherencia o proximidad entre las distintas proyecciones

es la base la Ley de Atracción.

III

La Madre Tierra, auténtico ser viviente,

cumple la función para la Humanidad de gigantesco Teatro-Matriz Holográfico

donde cada persona interpreta el papel

ligado al grado de consciencia que en cada momento asume,

interactuando con los papeles y guiones desplegados por sus demás congéneres.

La adquisición de consciencia individual, primero,

la cualificación altruista de ésta, después,

y, finalmente, la experiencia del Amor Incondicional

y el despliegue de tal Amor en la cotidianeidad

constituyen la razón de ser en la Creación de tan espectacular Matriz Holográfica.

IV

Confeccionadas con Esencia divina en forma de vibración,

como quien teje una red con ondas de energía,

y basadas en unos mismos principios

emanados del Diseño Inteligente de cuanto Es y Existe,

hay múltiples Dimensiones en la Creación

y muchos Multiversos, cada uno con multitud de Universos.

Todos tienen en tal Esencia su anatomía sutil,

por lo que el Amor fluye por la totalidad de las Dimensiones

y explica el por qué de cada una de ellas, sea cual sea su rango específico,

impregnando la globalidad de modalidades de vida

y experiencias conscienciales que en ellas se desarrollan.

El Amor es Uno,

no admite distinciones interdimensionales,

identifica y fusiona la Creación hasta hacer imposible su separación en partes

y constituye lo único Real

que un ser humano puede proyectar sobre el escenario virtual

de la Tercera Dimensión en el que despliega su vida física.

V

Muchas personas, desde el grado de consciencia que asumen,

quieren cambiar el mundo para adaptarlo a su visión particular del mismo.

Y se plantean actuaciones y maneras

para transforma la realidad material en la que viven.

Pretenden, con ello, transformar lo exterior desde el exterior,

lo material desde lo material, el océano desde las olas.

Nada consiguen con ello, salvo continuar enredados en el juego virtual

que es la naturaleza intrínseca de ese mundo, la esencia innata de esa aparente realidad.

VI

El ser humano sí puede cambiar el mundo,

pues cuenta con fuerza y energía suficientes

para transformar la Matriz Holográfica en la que se desenvuelve.

Pero el poder para ello radica en su interior:

es desde su interior y desde la metamorfosis profunda

como las personas pueden cambiar el exterior.

La clave para ello es el Amor.

Si proyectas Amor en el escenario virtual, éste mutará fehacientemente.

Y si proyectas constantemente Amor Incondicional,

sin excepciones, absoluto y puro,

alcanzarás el Gran Cambio:

la Matriz Holográfica empezará a diluirse ante tus ojos

y dejarás de interpretar un grado de consciencia

para ser Consciencia plena, comprobando que Todo es Perfecto.

VII

En la Matriz Holográfica en la que cada uno representa el papel

que corresponde al grado de consciencia que asume

y la visión del mundo que hace suya,

la Experiencia Consciencial es lo único Real.

Ni la identidad personal, ni la idea de ser son verdaderas,

sólo la Experiencia Consciencial.

Por ello se puede afirmar:

no disfruto de la felicidad, Soy la Felicidad;

no siento alegría, Soy la Alegría;

no experimento dolor, Soy el Dolor;

no tengo sentimientos, Soy el Sentimiento;

no noto sensaciones, Soy Todas las Sensaciones;

no Amo: Soy el Amor;

no existo: Soy.

Y Soy sin Ser,

pues No Ser es la manifestación perfecta de Ser.

Soy porque no Soy:

Soy porque Cristo Es.

No Soy, sino que Soy Él,

pues Él, y no yo, y el Padre/Madre a través de Él,

es quien vive en mi la Experiencia Consciencial.

VIII

La Experiencia Consciencial subyace en la Matriz Holográfica

y fluye en ella energética e interactivamente,

configurando una Red Consciencial.

En el Gran Teatro del Mundo,

esta Red Consciencial es lo único Real, lo único que Es.

En cambio, nada de lo que la Matriz muestra,

con apariencia de solidez material,

existe en realidad.

Los objetos, cosas y cuerpos físicos

que nuestra mente intelectualiza

y de los que nuestros sentidos racionales se percatan

conforman sólo el escenario virtual de ese Teatro.

Son meros hologramas generados por ondas vibratorias

con diferentes gradaciones frecuenciales.

IX

La Red Consciencial produce en sí misma una condición profundamente Inteligente,

una Consciencia absoluta, pura y sin límites.

En ella se integra la dimensión espiritual del ser humano,

aunque su mente y sus sentidos físicos suelan permanecer ajenos a ello

y sólo perciban los hologramas virtuales.

La llamada racionalidad no da más de sí.

X

Nada de lo que tu mente pueda intelectualizar existe en la Realidad;

nada de lo que tus sentidos puedan racionalizar es Real.

Lo que parece ser, no es; lo que aparenta no ser, es.

Es una auténtica Paradoja de Consciencia

que sólo el Amor puede resolver.

XI

Falsa es cualquier cosa que surja de una observación

donde tú estés por un lado y el mundo por otro;

falaz es cualquier idea que emane de un diálogo

entre un sujeto, lo que tú piensas que eres,

y un objeto, lo que tú crees que no eres.

Mientras te mantengas en estas dicotomías,

tú y el mundo, sujeto y objeto,

todo lo verás en clave de separación y dualidades

y permanecerás ciego ante la verdad.

Para percatarte de la esencia de la Experiencia Consciencial

has de ir más allá de la intelectualización de la mente;

para percibir la naturaleza de la Red de Consciencia

debes trascender de la racionalidad de tus sentidos.

XII

Cuando no contemples separación alguna, ninguna dicotomía entre sujeto y objeto,

alcanzarás otras formas de percepción mucho más genuinas y certeras.

En ellas no hay observador ni observado y se expande la Consciencia.

Esto se llama No Dualidad:

permite que aflore nuestra Sabiduría innata,

posibilita que fluya la intuición y la inspiración

y hace que rija la Providencia divina.

En la práctica, la percepción basada en la No Dualidad

se traduce en estar presente, alerta y atento,

en experimentar acorde con la intensidad de cada instante,

en convertir cada momento en único,

en vivir conscientemente la Vida

y disfrutar plenamente de ella.

XIII

La mente genera la separación entre sujeto y objeto,

funciona a través de imágenes y actúa siguiendo hábitos.

La separación entre tú y lo que no eres tú

produce el rechazo a una parte de la Vida

y, con ello, a la Vida misma, la Vida Real,

que nada sabe de dicotomías y dualidades.

Las imágenes hacen que concibas el mundo de manera superficial, por las apariencias,

que etiquetes a cosas y personas y efectúes juicios y prejuicios.

Los hábitos mentales producen condicionamientos

y limitan tu capacidad de comprensión de la Realidad,

encasillándote en esa forma habitual de percibir e interpretar los hechos y situaciones.

XIV

La separación entre sujeto y objeto, las imágenes y los hábitos no son la Realidad,

sino la forma de operar que sigue la mente.

Tú no eres ni estás separado de nada que sea, haya existido o existirá.

Y la Realidad no es ni las imágenes ni los hábitos

que usa la mente en su funcionamiento

Tampoco eres tus pensamientos,

pues se generan y fluyen por la mente a su antojo,

incluso aquellos que no te gustaría tener,

sin que tengas control sobre ellos.

¿Quieres sentir la libertad que está en tu Esencia y disfrutar de la Providencia divina?.

Pues no fragmentes la Vida con dualidades;

mira más allá de las imágenes;

actúa más allá de los hábitos;

no te identifiques con tus pensamientos;

y vive sin preocupaciones en el ahora,

el único sitio donde la Vida existe.

XV

Existo por encima de dualidades, imágenes, hábitos y pensamientos.

He superado cualquier identidad personal y he trascendido de la propia idea de ser.

Soy manifestación de la Consciencia Perfecta.

Yo Soy Consciencia: aquello que siempre permanece, aquello que siempre Es.

Con un libro entre tus manos, quedas absorto en su trama, personajes y situaciones.

¿Donde estas tú?, ¿quién eres tú en ese momento de total abstracción?.

Pues lo que eres: no una persona, no un ser,

sino Consciencia en estado puro más allá del tiempo y del espacio.

Contemplas un paisaje o una puesta del sol y te concentras en su belleza.

¿Donde estas tú?, ¿quién eres tú en ese instante de absoluta concentración?.

Consciencia fuera del tiempo y del espacio.

XVI

Concentrado en la experiencia, la que sea, y viviendo en el momento presente,

te vuelcas en la percepción de la misma y sientes lo que eres y Es: Consciencia.

Puedes constatar entonces nítidamente que no hay nada más en tu Vida,

ni en el Universo, ni en la Creación.

No existe tu pretendida personalidad, ni sujeto ni objetos, ni ser.

Fluye la Consciencia y se plasma en Experiencia Consciencial.

No hay más; no hay menos.

Tu querido yo y cuanto te rodea se desvela como lo que Es:

un Gran Teatro, una fabulosa Matriz Holográfica

minuciosamente moldeada y configurada

en el contexto del Diseño Inteligente del Universo

con un único objetivo:

que la Consciencia experimente y, experimentando, se expanda.

XVII

Concentrado y abstraído en la experiencia,

ocurre un hecho mágico y misterioso para la racionalidad:

no tienes consciencia de ti; tu mí mismo, se diluye, desaparece.

A la par, adquieres plena Consciencia de la Experiencia en sí,

que deja de ser algo ajeno a ti, para ser tú mismo,

por encima de tu identidad personal y de tu ser.

En ese momento presente, no hay dualismos;

y decimos que el tiempo pasa volando.

Y tanto, pues la Experiencia Consciencial es interdimensional

y está más allá del tiempo y del espacio.

La Experiencia Consciencial fluye entonces con toda su fuerza, belleza y pureza,

mostrando que es lo único que Existe en el Gran Teatro del Mundo,

donde todo lo demás es virtual,

incluida tu realidad física y el papel que asumes y llamas personalidad.

XVIII

De tu Voluntad, que es intención plasmada en acción,

y sólo de ella depende cómo quieres vivir

tu actual encarnación en el plano humano.

Puedes instalarte en un grado de consciencia,

con la visión de ti mismo y del mundo que conlleva,

y subir al escenario virtual para interpretar el papel a tal grado asociado.

Asumirás, así, como real lo que sólo es ficción, incluida la falacia de tu propio yo.

Y defenderás con vehemencia y entusiasmo meras ilusiones y creencias imaginarias

que dimanan de la Matriz Holográfica que conforma el Gran Teatro del Mundo.

O puedes optar por la Consciencia Perfecta,

no un grado de consciencia, sino todos y ninguno a la vez,

sin incorpórate al escenario virtual ni interpretar papel alguno,

sólo disfrutando de la Experiencia Consciencial, lo único que verdaderamente Es.

XIX

¿Qué te impide disfrutar de la Consciencia Perfecta?.

Nada real, sólo tus miedos y autobloqueos conscienciales.

En ella y desde ella, puedes caminar o cocinar, sentir, dormir, amar,…

De hecho, en Consciencia Perfecta es como mejor harás todas estas cosas,

pues es un estado de percepción pura en el que se vive el aquí y ahora

y se logra ser plenamente humano.

Todo tendrá la misma apariencia, pero todo será absolutamente diferente.

La Matriz Holográfica se manifestará ante ti con claridad meridiana,

dejando de ser el laberinto en el que enredas tu existencia,

la cárcel en la que te encarcelas,

y convirtiéndose en un instrumento de tu acción consciente

al servicio de la expansión de la Consciencia y de tus congéneres.

XX

Todo es tan bello y sencillo.

Sólo la inmersión en el Gran Teatro del Mundo,

dificulta contemplar lo simple y hermoso que es todo.

Sí, lo dificulta, pero no lo imposibilita…

Los sentidos físicos y la mente están diseñados para moverse por esa Matriz,

no para captar la verdad que hay tras ella.

Pero la dimensión interior del ser humano sí puede percibirla.

Cuando se logra, sólo puede salir de la boca:

¡no vivo yo, es Cristo quien vive en mí!.

Y ese mí, enaltecido de Felicidad,

se diluye unificado en la energía crística

y, a través de ella, en el Padre/Madre.

Entonces, los miles de millones de galaxias y de flores,

los Universos multidimensionales y las bandadas de pájaro,

todo, todo sin excepción se plasma en algo único,

lo único que realmente Es,

la Esencia del Padre/Madre:

Amor.

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Redacté la veintena de “poemas” anteriores de un tirón, sin pausa alguna y lejos de cualquier parámetro temporal. Al terminar, la luz de la mañana inundaba la habitación y era exactamente la hora del desayuno. Me apresuré a imprimir el texto, pues tenía la urgente necesidad de compartirlo y nadie mejor para ello que la Reina de las Tempestades y Merlín, en cuya compañía, como ya sabéis, suelo disfrutar del primer sustento de cada Dywrnad.

Cuando entré en la estancia anexa a la gran cocina del castillo, mi anfitriona y el Gran Mago ya estaban a la mesa, ella saboreando el café con canela con el que comienza cada jornada y él dando buena cuenta de los huevos con migas de maíz con los que tradicionalmente coge energía para empezar el nuevo día. Tras saludarlos y antes de sentarme, deposité sobre el mantel, a la derecha de cada uno, sendas copias de lo que acababa de escribir.

-Cuando podáis, le echáis un vistazo. Me gustaría saber que os parece-, me límite a solicitarles-.

-Con mucho gusto, Emilio-, contesto rápidamente la Reina de las Tempestades, a la par que Merlín, con gesto risueño, asentía con la cabeza, pues las migas le impedían en ese momento pronunciar palabra-.

Y ante mi sorpresa, nada más concluir el desayuno y aún en la mesa, ambos acometieron la lectura del texto.

-No tenéis porque leerlo ahora-, les indiqué un tanto apurado.

-Y por qué no-, respondió Merlín. –No veo mejor manera de arrancar la mañana-.

Tras un buen rato, que se me hizo especialmente largo, la Reina de las Tempestades se incorporó de su silla, me besó en la frente y, antes de despedirse, me miró fijamente a los ojos diciéndome entre en broma y en serio:

-Bienvenido al club. Las entradas preferentes del teatro están a tu disposición. Con gusto las compartiremos contigo-.

En cuanto a Merlín, esperó a que nos hubiéramos quedado solos para hacerme una extraña propuesta:

-Dentro de unos Dywrnad visitará Ávalon un buen amigo. Su nombre es Oamas y es un ser intraterreno, mago como yo y con profundos saberes sobre los mal llamados misterios de la Creación, a los que a él y a mí nos gusta denominar Física de la Deidad. ¿Te apetecería conocerlo y departir con él?-

No hace falta que os diga cual fue mi respuesta. En la próxima Crónica os pondré al tanto del encuentro con este ser proveniente de la Tierra Hueca.

5 comentarios:

  1. Brillante obra literaria de contenido pseudocientífico...
    Enhorabuena ¡ ¿Pero... porqué venderla como
    si fuera real?.¡ No lo necesita!
    Es pueril e induce a engaño de inocentes.
    Avalon existe en tu corazon y es la expresion de tu creatividad...
    Un abrazo

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  2. Mi e-mail:javierlopes@gmail.com

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  3. Gracias Emilio por tu generosidad en compartir, me has venido como anillo al dedo, y ademas es gratis, gracias por tu amor.
    empar64@hotmail.com

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  4. Gracias por tan grande conocimineto, por dejarlo copiar y difundir! Edith Restrepo

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  5. yaestanaki,se que es dificil,pero tengo tanto que deciros que no se como,asi que emilio,estare a tu lado mucho tiempo y si el tiempo no esiste pues tu mediras ami,espero tu llamada,gracias.yaestanaki

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